jueves, 10 de mayo de 2012

Quinto Destino - El Nido, Filipinas

El Nido es un pueblo costero ubicado al norte de la Isla de Palawan, al suroeste de Manila. Es un lugar que desde hace poco más de una década viene creciendo sostenidamente, dada la incrementada afluencia de turistas que la visitan, aunque sin perder la esencia sencilla, pueblerina y poco desarrollada en sus calles. La tecnología y el mundo globalizado al que estamos acostumbrados en el lugar del cuál venimos han puesto su mano sólo en una pequeña escala por aquí, al menos de momento.

La gente que allí vive se sustenta mayoritariamente de trabajos vinculados tanto al turismo como a  la pesca, y son en líneas generales personas sumamente amables, respetuosas, humildes e incansablemente trabajadoras. A los niños se los ve felices corriendo por sus calles de tierra, o jugando en las arenas o mar de la playa, siempre regalando una sonrisa o un saludo cada vez que paso frente a ellos. La pobreza económica en la que viven no parece ser impedimento para poder disfrutar de la vida, lo cual por momentos me lleva a pensar por cuantas cosas ínfimas y sin sentido nos hacemos mala sangre, enojamos y mal gastamos nuestras energías en vano.

El día en que arribamos nos fue bastante difícil poder conseguir dónde hospedarnos. Éramos muchos y justo habíamos arribado en un “fin de semana largo” en la zona, lo que hacía complicado conseguir una cama que nos permita dormir al menos en esa primer noche. Luego de unas cuantas horas de búsqueda, finalmente nos quedamos en un lugar llamado “La Banane” (abstraerse de comentarios al respecto), que como puntos a favor tenía la magnífica ubicación a orillas del mar y el precio del entorno de los 6 dólares. Las contras: un cuarto diminuto, amontonados como ganado en cuchetas de 3 pisos y un único baño-ducha para más de 20 personas. Igualmente cumplió su rol para esa primer noche, pese a que dormí un buen rato en un puff playero, aunque dadas  las compañías que teníamos era inminente nuestra partida hacia otro lugar que nos brindara un poco más de privacidad y confort para el resto de nuestra estadía aquí. Yo confieso estaba preparado para la guerra.

 

Los paisajes que ofrece este lugar son increíbles. El primer día, luego disfrutar un rato de la playa principal desde unos cómodos puff a escasos metros del mar, decidimos visitar una playa aledaña recomendada y conocida como “Las Cabañas” u “Orange Pearl”. A la misma accedimos a bordo de una moto taxi pintoresca, con peluches a bordo y música amena como compañía, toda una experiencia. Palmeras, blanca arena, sol, calor, aguas con colores diversos, parador con cerveza económica. Nada más que agregar.

Ya el segundo día decidimos experimentar con los “Tours” que ofrecen, que son el fuerte para llegar a conocer los rincones más hermosos de El Nido. Los mismos consisten en paseos de todo el día, en donde a bordo de un prolijo barquito vas conociendo diversas islas cercanas que este increíble lugar alberga. Hay tiempo para el snorkel en algunas, entrar a cuevas, ver playas y lagunas escondidas en otras, más un sinfín de opciones que la naturaleza va regalando en cada parada. El costo de los mismos ronda los usd 15, salís a las 9 de la mañana y volvés aproximadamente a las 17 hs, con el almuerzo pago (generalmente compuesto de pescado, cerdo, arroz, ensalada, ananá y bananas). Una ganga para lo que ves y comés a lo largo de prácticamente medio día.



Hicimos primero el Tour “A” que incluía la visita a Big, Small y Secret Lagoon, Payong Payong, Simizu Island y finalmente la Isla Comando, en donde salió partido de Volley con otros turistas y gente lugareña. 

A la noche fue tiempo de música, nuestra segunda presentación en vivo en lo que va de este viaje. Con el Mago y beto fuimos invitados a tocar en el bar playero llamado “Sea Slungs”, en donde ante una enorme cantidad de uruguayos que allí nos encontrábamos (éramos más de 80 por esos días en El Nido) y otros extranjeros presentes, pudimos disfrutar de otra velada musical inolvidable de este viaje. Esta vez en tierras Filipinas, interpretamos 9 temas y el Set List de ese día fue: “Vasos Vacíos”, “De Música Ligera”, “Flaca”, “Tumbas de la Gloria”, “Mi Semilla”, “Bo Cartero”, “Una Rifa me separa (versión a capela)”, “La Bolsa”, y el cierre cargado de nostalgia con “No Era Cierto”. Espectacular el aguante y coros de nuestros compatriotas, así como también la gran receptividad, muestras de afecto y agradecimiento por lo vivido del resto de extranjeros y locales que estaban compartiendo esta noche con nosotros. Simplemente, gracias.


Luego que cerraron los boliches playeros decidimos ir a la única disco que hay por ahí, llamada “Asylum”. El Resumen: entrada gratis, compañeros bailando reggaetón y meneando las caderas agachaditos (mejor no mencionarlos para no comprometer su reputación), sanguchitos de 2 o 3 filipinos gays franeleándose a más no poder (hay un alto porcentaje de homosexuales en la zona por motivos que desconocemos y no indagamos), 40 grados de calor, hacinamiento. Tiempo estimado de permanencia en el lugar: 5 a 7 minutos. Hubo versiones que dijeron que el portero que estaba en la entrada tenía una metralleta o Uzi colgada, pero por más que tenía unas cuantas “Red Horse” y “San Miguel” arriba (nuestras birras de cabecera consumidas aquí), no recuerdo haber visto eso y creo ya es parte de las leyendas urbanas que se van creando con el tiempo en este viaje.


Los otros días se resumen a playa, “Tour C”, cerveza, comer, "Tour B”, cerveza, dormir, amigos, cerveza y más cerveza. También canté invitado por músicos filipinos “Redemption Song” de Bob Marley una noche e hicimos una jornada de 3 horas de cayac (sólo de ida). De no haber sido por unos amigos del Grupo de Viaje que nos trajeron de retorno en el barco que habían contratado, probablemente aún estuviésemos como Tom Hanks en “El Naufrago” ya que la corriente estaba imposible y además una tormenta se avecinaba por el horizonte. Muy amateur lo nuestro, más aún si menciono que perdí unas havaianas, una musculosa y un libro en el camino, pero lo bueno es haberlo vivido para poder contarlo aquí o mañana. 


Estuvimos en total cinco noches en “El Nido”, con ganas de haber permanecido más tiempo allí pero sumamente satisfechos por haber podido conocer este lugar y su gente. 

Finalmente nos volvimos a Puerto Princesa a bordo del “Ro Ro Bus” (una pegada), disfrutamos de una noche músical en un boliche allí  y emprendimos viaje rumbo a China, más precisamente Beijing en donde estaremos unos días incomunicados por este medio dada la prohibición nacional del uso del “Blogger” (además de “Facebook” y “You tube”).



sábado, 5 de mayo de 2012

Quinto Destino - Puerto Princesa y llegada a El Nido, Filipinas

Poder llegar a El Nido fue una verdadera travesía. Salimos temprano en la mañana del 28 de abril desde Hong Kong con destino a Manila, a efectos de hacer posterior conexión hacia Puerto Princesa, Filipinas. El debut con la aerolínea “Cebú Pacific” no fue el mejor, retraso de dos horas en el primer vuelo, el cual nos llevó a perder la conexión mencionada (la cual dicho sea de paso también salió tarde) y tener que esperar al siguiente unas horas más tarde.


La llegada a Puerto Princesa se confundió entre la ansiedad y el nerviosismo. Llegamos tarde en la noche dado nuestro retraso, y una vez fuera del aeropuerto pasamos ciertos momentos de zozobra ante el acoso de personas locales que pretendían vendernos servicios de taxi, excursiones, hospedaje o lo que fuera que pudiesen ofrecer. Fue un momento difícil, el aeropuerto ya había cerrado y sólo éramos "nosotros" y "ellos", en un lugar desconocido y sin muchas referencias. Luego de varios embistes con diversas ofertas, con un clima que ya se había puesto bastante espeso, decidimos salir de la desolada zona con destino a una pizzería que se encontraba a unos metros ("Pizzito"), y que nos permitiera pensar con claridad cómo, cuando, donde y con quién partir hacia El Nido.

Luego de negociaciones varias terminamos arrendando dos Vans para los diescisiete uruguayos que allí nos encontrábamos, dado que se nos habían sumado cuatro compañeros del Grupo de Viaje con los cuáles coincidimos en el último vuelo, para finalmente partir entrada la madrugada en busca del tan anhelado lugar.

La ruta fue un verdadero suplicio. Infinitas curvas, falta de señalización, tierra, medias calzadas, un cuerpo que yacía en el asfalto rodeado de personas a mitad de camino, animales, velocidad alta, cansancio y para redondear, una espesa niebla que impedían ver más allá de uno o dos metros. Decir que los conductores sin lugar a dudas la tenían sumamente clara y conocían la ruta como la palma de su mano, sino el riesgo asumido por partir en ese horario hubiese sido indudablemente mayor.

Finalmente a las 5 de la mañana arribamos a destino y luego de una intensa búsqueda de hospedaje para todos, pudepor fin poner mis pies sobre las arenas que tanto tiempo había esperado poder pisar. Esa imagen que tantas veces había mirado en fotografías y anhelado poder conocer, finalmente estaban frente a mis ojos, presente en el lugar.



El día comenzaba a amanecer y los barcos que reposaban sobre el mar parecían querer despertarse con los primeros rayos de sol. Yo no quería despertar, el sueño era perfecto... y real.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cuarto Destino - Hong Kong

En horas de la noche arribamos a Hong Kong, en donde fugazmente intentamos conocer lo más posible de su historia, cultura, gente y paisajes.

Ya al salir del aeropuerto y tomar el bus que nos trasladaría hasta el Hostel, percibimos claramente que nos encontrábamos frente a un país con un gran desarrollo tecnológico. Muchas luces, inmensos modernos edificios y la promesa de comprar aparatos electrónicos a bajo precio eran las primeras impresiones y expectativas.


Llegamos a nuestro Hostel, "Ah Shan", luego de utilizar el subte local, el cual fue nuestro medio de transporte de cabecera para movernos de una isla a otra y dentro de las mismas. Hubo cierto estupor de parte de nuestro grupo al ver el aspecto externo del Hostel, pero por dentro si bien no era una maravilla estaba prolijo y cumplía con las pretensiones que teníamos para alojarnos un día y medio.

Al otro día temprano salimos a recorrer la ciudad, con un clima que no acompañaba, fundamentalmente por la gran cantidad de niebla que había, la cual nos impedía poder contemplar en su totalidad los inmensos edificios que allí se alojaban.


Subimos a una torre pública a divisar desde lo alto como era la ciudad y más tarde fuimos hasta la bahía para ver lo más posible de la misma desde arriba de un ferry. Lo que podíamos observar era distinto a lo habitual, un lugar literalmente repleto de chinos que se aglomeraban en donde fuera (metro, semaforos, calle) y sobre todo, algo sumamente moderno. 


Luego del almuerzo, subte de por medio, fue tiempo de ir hasta la zona céntrica para ver si comprábamos algo electrónico a precios bajos. Así como se derrumbó el mito de que en Bali hacías "todo por dos mangos",  también tengo que rebatir el  que dice que en Hong Kong las cosas de electrónica están regaladas. Si bien hay diferencias con los precios de Uruguay, tampoco son lo suficientemente importantes como para ir de compras allí. Unos pocos dólares menos y probablemente algún modelo más nuevo, pero no más que eso.

En horas de la noche nos tocó pasar por un momento de esos que uno nunca espera pasar en este tipo de viaje.  A nuestra compañera Vanessa la tenían que operar de apendicitis, luego de estar con muchos dolores en las últimas horas. El aguante de rigor y merecido en el hospital, y a la espera de buenas noticias que por suerte llegaron al tiempo después. Si bien le mandaron unos días de reposo, esperamos se nos unan pronto junto con el Gabo en esta travesía alrededor del mundo.

Al otro día temprano, y con muy pocas horas de sueño, partimos rumbo al aeropuerto para tomar dos vuelos de nuestra aerolínea de cabecera en la fase previa al viaje, Cebú Pacific. Esta era por lejos la más económica, además de haber visto ciertos videos divertidos en You Tube, la cual nos llevarían a uno de los destinos más esperados: El Nido, Filipinas.
               

martes, 1 de mayo de 2012

Tercer Destino - Bali, Indonesia (Parte 2)

Luego de la estadía en Gili decidimos retornar a Bali para conocer un poco de esta ciudad que tantas veces habíamos oído nombrar, y de la cual contábamos con versiones diferentes respecto a si valía o no la pena realizar este destino.

Nos quedamos en el mismo hotel en que nos habíamos alojado previo a salir a las Islas Gili (“Ari Putri” = un sentimiento), en la localidad de Sanur. Desde allí contratamos una excursión de todo el día, a efectos de sacarle el mayor jugo posible al día y medio que teníamos para recorrer Bali.

Los destinos fueron diversos, el primero por conocer fue el “Templo de los Monos” en Ubud. El lugar en el que se alojan es sumamente disfrutable dado que es similar a una selva, con mucha vegetación, cascada y diversos templos en su interior. Muy divertidos los más de cuatrocientos monkeys que allí habitan, caminar entre ellos, analizar su comportamiento y ver como se relacionan tanto entre ellos como con los humanos que los visitan asiduamente.



Igualmente hay que tener ciertos cuidados porque son sumamente rápidos y donde te descuides te pueden robar el alimento que tengas hasta dentro de la mochila inclusive (cualquier paralelismo con los humanos es pura coincidencia). En la puerta de ingreso hay un letrero que alerta sobre esto, sobre cómo actuar en caso de que se te trepen encima (cosa que generalmente ocurre, sobre todo si llevas encima alguna banana de las que te venden en la puerta) y dejando en claro que ellos no se hacen cargo del comportamiento que puedan tener los animales. Esto generó cierto nerviosismo en algunos de nuestros compañeros, pero nada ocurrió y se disfrutó plenamente de la estadía en el lugar. 

Pasamos más tarde a ver unos arrozales que había en la zona y luego visitamos el volcán Batur al noroeste del Monte Agung, el cual es el volcán activo más grande de Indonesia.  La vista que nos ofrecía el lugar en donde paramos era excelente, se podían divisar claramente los efectos del mismo sobre la vegetación más cercana, y el mar de fondo  del lago Batur hacían perder la vista hacia distintos puntos. Impresionante ver este tipo de fenómenos a los cuales no tenemos la posibilidad de apreciar en nuestra tierra natal y que solamente a través de la tv, lecturas o internet sabíamos de su existencia.




Más tarde fuimos a una visita guiada por el lugar donde hacen uno de los cafés más caros del mundo, el Café Luwak. Este café tenía la particularidad de surgir luego de un proceso en el cual se les dan semillas de café a un bicho llamado Luwak, y luego de un proceso interno defeca nuevamente la misma, la cual se usa para el obtener dicho café (previa limpieza del mismo, ya que igualmente se encuentra recubierto por una capa superior).  Nos invitaron gratuitamente a degustar una gran cantidad de té y café que allí preparaban, los cuales eran muy variados y sumamente gustosos en su gran mayoría. El único que no era gratuito era el Luwak, aunque igualmente la idea era que después de la degustacion compres alguno de sus productos, cosa que aunque no lo crean hicimos (Ginseng en mi caso, para el Luwak no daba el presupuesto).



Vuelta al hotel, baño en la piscina y rumbo a Kuta, la noche balinense nos esperaba. Fuimos a un boliche llamado “Sky Garden” en pleno centro de la ciudad, el cual era de entrada libre, cuatro pisos y la promesa de tragos gratis para turistas entre las 21 y 22 horas. Llegamos a las 21.30 por lo que en lugar de 50 vasos per capita, pudimos tomar sólo 25 cada uno de diversos gustos tropicales difíciles de distinguir (poco importó).


Era bastante extraño el lugar, en el último piso estábamos alojados los extranjeros en una terraza al aire libre y con una pista de baile en la que pasaban mayoritariamente música electrónica al mango y había chicas ligeras de ropa bailando sobre una tarima. En los otros pisos te cruzabas gente local, mujeres haciendo el baile del caño y diverso tipo de fauna difícil de describir.

Estuvimos hasta tarde y luego de una charla de casi 20 minutos con el tachero en un idioma difícil de descifrar para ambos, decidimos ir a dormir para prepararnos a partir con rumbo a Hong Kong, nuestro cuarto país de este viaje.


viernes, 27 de abril de 2012

Tercer Destino - Bali & Gili Trawangan, Indonesia (Parte 1)

Llegamos a Bali luego de seis horas de vuelo por Jetstar desde Sydney. Ya al salir del aeropuerto nos dimos cuenta que estábamos en un lugar completamente diferente, con un fuerte aroma que se percibía en el aire y  una inmensa cantidad de gente ofreciéndote insistentemente cosas (de momento taxis y cambiar dinero).

Ya veníamos advertidos respecto a tener ciertos cuidados, sobre todo con los tacheros que están en el aeropuerto, dado que habitualmente buscan pasarte de alguna manera y sacarte algún mango más que el correspondiente. Dicho y hecho, luego de arreglar un precio para el traslado al hostel nos quisieron cobrar más dinero, o el mismo pero por menos cantidad de personas, cuando encima  en Bali hay una tarifa única según el destino al que se quiera llegar. Si bien finalmente terminamos pagando lo que habíamos acordado inicialmente con ellos (lo cual nos enteramos posteriormente era un poco más caro de lo que correspondía), las ganas de salir rápidamente de ese lugar valían esos pocos dólares extra y nos marcaban la pauta de que estábamos frente a otro tipo de cultura a la que veníamos acostumbrados en los primeros destinos del viaje. A quienes vayan a Bali, tengan en cuenta que los “taksis” (así se denominan y escriben) les conviene tomarlos fuera del aeropuerto para evitar caer en las garras de estos curradores y pagar el precio justo por ese servicio.

Llegamos al hotel “Ariputri” en horas de la noche y nos llevamos la gran sorpresa de encontrarnos con un  lugar espectacular e impensado para nuestras pretensiones. Una gran piscina, cómodas habitaciones para dos personas, wi-fi gratuita y un desayuno completo que hizo que muchos compañeros se saltearan el almuerzo  de ese día (y creo hasta la cena). Ni bien llegamos, salió el obligado chapuzón en la piscina y luego de unas cuantas Bintang (nuestra birra de cabecera en tierra indonesas) nos fuimos a dormir cerca de las 3 de la mañana.


Al otro día, luego de otro chapuzón y Bintangs matutinas de rigor, arreglamos con una “ficha” local el precio para trasladarnos hasta las Gili Islands en donde tendríamos nuestros primeros días playeros de este viaje. De 1.250.000 rupias pasamos a pagar 850.000, algo así como 90  usd ida y vuelta, incluyendo los traslados hasta el puerto. Si se tiene tiempo como para trillar y regatear sin apuro, se puede conseguir la misma excursión por usd 55 o hasta un poco menos.

Salimos bastante preocupados en el coche que nos trasladaba, dado que el ferry partía supuestamente a las 13 horas y a esa hora estábamos a mitad de camino para llegar al puerto, por lo que el temor de perder el barco era algo que nos tenía bastante inquietos y ni que hablar para recuperar en todo caso el dinero abonado por los pasaje. Además el transito en Bali es un verdadero caos, lo que hacía que el camino sea bastante poco fluído. Abundan las motocicletas, y tocan bocina creo que hasta por amor al arte. Para todo la tocan: saludar, insultar, pedir que se corra el de adelante, señalero, si cruza una chica bonita delante de ellos, para todo: bocina.

Luego de meter charla con el conductor, el cual nos recomendó muchas cosas acerca de Bali, nos dijo que no teníamos de que preocuparnos. El Barco nos iba a esperar, “Bali, no rules” fue una frase muchas veces repetidas por nuestro amigo tachero y la verdad que el tiempo le dio la razón.

Gili Islands, como su nombre lo indica, son tres pequeñas islas ubicadas en la provincia de West Nusa Tenggara, Indonesia. La principal, por ser la más poblada y con más oferta de servicios, es Gili Trawangan, en la cual nos hospedamos tres noches. Las otras dos menos habitadas son Gili Meno y Gili Air, las cuales visitamos fugazmente o desde lo lejos.


La isla se caracteriza por tener unas playas de ensueño, sobre todo por color de sus aguas. Es un lugar que vive del turismo, en donde hay una gran diversidad de oferta según el poder adquisitivo del visitante. Se pueden encontrar desde restaurantes o hostels (por así denominarlos ya que muchas veces son simplemente un monoambiente pequeño con un baño) sumamente precarios, hasta otros de mucho lujo para la gente más pudiente (generalmente europeos o australianos).

La gente de la isla es muy amable y simpática, aunque agotan con la oferta constante de drogas a cada paso que uno da. Una cantidad importante de lugareños encuentran una buena fuente de ingresos en la venta de sustancias variadas (marihuana, cocaína, extasis, mushrooms), por lo que abunda la oferta y se vuelve bastante tedioso caminar sobre todo en la noche sin que te atomicen cada dos segundos ofreciéndote algo.


En líneas generales se puede decir que estos días los pasamos disfrutando del sol, la arena y el mar. Una increíble jornada de snorkel en medio del coral sumamente impactante por la cantidad de peces que se podían ver allí (inclusive una gran tortuga), atardeceres y posteriores fogones en un boliche playero denominado “sunset”, relax en colchonetas frente a la playa, incursiones en medio de la montaña desafiando a la malaria, recorrida en bicicleta por toda la isla y  boliches nocturnos con lógica onda playera y música en vivo.   

Los precios en líneas generales eran razonables, aunque no vivías por “dos mangos” como algunos habíamos escuchado o leído de diversas fuentes. Un Hostel con aire acondicionado (si no tenés estás bastante frito por las altas temperaturas) no baja de los 10 usd remándola y regateando, la comida en un promedio de usd 5 por persona (porciones diminutas) y la bebida otro tanto. Luego de venir de Australia todo resulta económico, pero tampoco era un regalo como pensabamos.


En este destino nos encontramos con mucha gente del Grupo de Viaje, sobre todo en el retorno a Bali en el cual prácticamente copamos el ferry de uruguayos. Como siempre la mejor onda con todos, intercambiando anécdotas, vivencias y piques de los viajes de cada uno. Un gusto y hasta pronto.


miércoles, 25 de abril de 2012

Segundo Destino - Sydney, Australia (Día 2)

Al segundo día en  la tierra de los canguros, fuimos  a conocer el Jardín Botánico a primera hora de la mañana. Sinceramente no  conozco absolutamente nada de arboles, plantas o similares (además de que en mi vida debo haber recorrido más de quinientas veces el Botánico del Prado dado que estaba enfrente a la escuela y liceo a los que asistía), por lo que se podría decir que me embolé bastante allí y no puedo agregar mucho respecto a si era bueno, lindo, completo y/o recomendable para ser visitado por gente amante de la botánica.  

Luego del paseo floral,  fue tiempo de darnos uno de esos gustos que seguramente quedarán en mi retina y oídos como un recuerdo inolvidable: Ir a ver un espectáculo en el Opera House mismo.

En compañía de Beto elegimos ir a ver “Tchaikovsky at the ballet”. Ignorantes nosotros, en un primer momento pensamos que íbamos a ver un ballet propiamente dicho, lo cual nos hacía proyectar más de una cargada de nuestros recios amigos, tanto de Uruguay como aquí en el viaje. Nada nos importó y parados en puntitas de pie fuimos en busca de esos tickets que nos permitieran conocer desde dentro tan mítico lugar.

Obviamente pensamos desde un primer momento en adquirir las entradas más baratas que hubiese, imaginándonos viendo el espectáculo desde lo más alto y con binoculares para poder divisar algo de lo que ocurría debajo en las tablas.  Pero nuestra incansable obsesión actual de buscar descuentos hasta abajo de las piedras no cesó ni siquiera allí, y las gestiones prosperaron obteniendo entradas en un lugar preferencial gracias al viejo y querido Carnet de Estudiante (sumado a un  chamullo en spanglish berreta que creo nos hizo pagar más de lo debido).

Rodeado de un público con promedio de edad de 103 años, finalmente no era un ballet lo que vimos sino a la Sinfónica de Sydney a pleno. Con el escenario en el centro y la sinfónica rodeada con más de 2.000 personas en las gradas, sin amplificación alguna pudimos disfrutar de un espectáculo increíble tanto en lo visual como en lo sonoro. Igualmente algo en lo que coincidimos con beto, es que nuestro Teatro Solís no tiene nada que envidiarle al "Opera", al menos en lo que refiere al aspecto estético que tiene nuestro escenario. Considero que muchas veces este tipo de viajes que nos hacen estar lejos por un tiempo, nos sirven para valorar las cosas que tenemos en casa, y esto se podría decir que fue un ejemplo más de esto.

 

La primer parte era curiosamente una adaptación de tangos hecha por Osvaldo Golijov, “Last Round”, inspirada en la obra del gran Astor Piazzolla. Notable guiñada del destino, más con la admiración que tengo respecto al tango. También interpretaron “Nights in the Gardens of Spain”, en este caso con la participación de un reconocido pianista (al menos para ellos), Steven Osborne, que cerró una primera etapa sumamente disfrutable desde todo punto de vista.

Luego de tomarnos unos cuantos litros de agua en el intervalo (dado que era gratuita), volvimos a nuestras butacas para disfrutar de la segunda sección del concierto. La misma comprendía las partes más destacadas de “Swan Lake” y “Nutcracker”, ambas del mencionados Tchaikovsky. Música de ballet, con un gran vuelo sustentado por el carisma del director de orquesta (Andrew Grams) y por una excelente interpretación de la sinfónica, según mi humilde y poco calificada opinión.

Luego de salir recargados de energías del Opera, decidimos salir a caminar por las calles de Sydney e ir a visitar el Museo de Maddame Tusseau. En el mismo se exponen replicas en cera y tamaño real de una gran cantidad de personalidades locales e internacionales (Obama, Mandela, Marilyn Monroe, Brad Pitt, Johnnie Depp, Einstein, por mencionar algunos de los tantos). Nos sacamos unas cuantas fotos para recordar que estuvimos “casi” cerca de esa gente famosa y realizamos un paseo en Monorail para conocer una parte de la ciudad desde allí (esto último pelea pelo a pelo con la compra de una remera en Nueva Zelanda que me quedó de “Top” luego del primer lavado, como los usd 5 más mal gastados desde que estoy en el viaje).


 

A la noche recorrimos el barrio de Darling Harbour. Es una zona de muchos bolichitos, digamos bastante coqueta, y que muestra una gran vista de la ciudad como fondo. Nos fuimos a tomar unas cervezas al "Hard Rock Café" aprovechando que estábamos a tiempo del Happy Hour, y luego de admirar unas cuantas piezas de muchos de nuestros referentes musicales decidimos ir a nuestra segunda casa en Australia: Mc Donald’s.



Al otro día, ultimo en Australia, visitamos la Catedral (mientras la recorría me imaginaba la cantidad de horas que mi vieja se podría quedar allí), luego el Hyde Park y finalmente seguimos camino al aeropuerto para partir con destino a Bali.

Estuvimos casi tres días en Sydney, dado que de quedarnos por más de 72 horas debíamos pagar Visa a efectos de poder permanecer en el país. Caminamos mucho, nos impresionamos,  conocimos una ciudad impresionante que destila glamour a cada paso que uno da por sus calles entre su gente. Más allá de que uno probablemente siempre se quede con ganas de estar más días en los destinos que visita, considero hicimos un buen pantallazo de lo que esta ciudad increíble tiene para ofrecer. Un gran recuerdo, un lugar para los mejores elogios.

martes, 24 de abril de 2012

Segundo Destino - Sydney, Australia (Día 1)

Llegamos tarde en la noche a Sydney, con una intensa lluvia que nos dio la bienvenida y  nos acompañó una parte importante de estos tres días en la ciudad.

Sydney ya vista desde el avión te impacta por su dimensión, por sus luces. Realmente se siente estar en un lugar con una infraestructura impresionante y bastante diferente a las ciudades que habíamos observado en nuestra recorrida por Nueva Zelanda.

Luego de conseguir una camioneta que nos llevara a los 14 hasta el Hostel por el menor precio posible, logramos arribar a nuestro hospedaje denominado "Elephant Backpackers". Muy buena la ubicación del mismo, con una onda más bohemia que lo acostumbrado en tierras neozelandesas, pero con el defecto de ser bastante sucio y descuidado en algunos aspectos, además de no tener mucha onda la gente que se encontraba allí trabajando esa noche. Igualmente dado su precio (Usd 20 en Syndey es una ganga) y lo mencionado respecto a la ubicación, hacen que haya sido una buena opción la de quedarnos allí estos pocos días.

Si bien arribamos tarde y sumamente cansados, decidimos dejar las cosas en la habitación para salir rapidamente a dar una recorrida por la zona y tomar algo en tierras australianas. Fuimos a un pub en el cual tocaban música en vivo de no muy buen nivel, pero dado que las fuerzas no abundaban decidimos temprano ir a dormir para recargar pilas y planificar como recorrer tan inmensa ciudad en tan sólo dos días y medio.


Amanecimos temprano como de costumbre, y luego de varias idas y vueltas terminamos separándonos en dos grupos para decidir cual de la gran variedad de atracciones que ofrecían íbamos a visitar. Por usd 60 australianos realizamos un combo de tres paseos, en donde el primero fue el "Sydney Aquarium" que era uno de los más recomendados por ser de los acuarios más grandes y variados en el mundo.

Pese a la gran cantidad de niños en estado de excitación constante que nos rodeaban y aturdían incansablemente, pudimos disfrutar de una gran variedad de peces de todo tipo y color, los cuales esperamos poder tener la posibilidad de ver a muchos de ellos sin vidrio de por medio en algún buceo por alguna de las playas a visitar en este viaje. Lo  más atractivo del paseo fueron principalmente la gran cantidad de tiburones que pudimos apreciar desde cerca, aunque había muchos otros que también eran dignos de ser admirados largo rato por sus colores, tamaño o forma (Rayas, Pez espada, por mencionar algunos). Me acordé de mi viejo estando allí, dado que el es un gran amante de la pesca y desde que éramos niños siempre nos hacía referencia junto a mis hermanos a muchos de estos peces que allí podía ver en ese preciso momento. Fue como una vuelta a la infancia y de seguro esta crónica hubiese sido ideal para ser escrita por él.


Más tarde y como segundo paseo, conocimos también el zoológico de animales salvajes y autóctonos de Australia, "Wild Life". Víboras diversas que eran alimentadas en vivo con ratones o liebres según el tamaño de las mismas, koalas, canguros, arañas y un inmenso e impactante cocodrilo, fueron algunos de los animales que pudimos apreciar en esta recorrida. Muy bueno, valió la pena la visita.


Ya entrada la noche, y pese a que la lluvia no daba tregua, fuimos hasta la bahía en donde se encuentra el Opera House y el famoso puente que atraviesa la misma, el Sydeny Harbour Bridge. Cualquiera de las dos obras impactan muchísimo al mirarlas, si a eso le sumamos el marco increíble  que le da la ciudad con sus inmensos edificios iluminados de fondo, hicieron sin lugar a dudas que las lluvias y el tiempo se detuvieran por unos segundos frente a lo que nuestros ojos veían.



En ese preciso momento caí en la cuenta de lo hermosa que también puede ser una ciudad moderna, llena de edificios, luces, desarrollo. Acostumbrado a admirar profundamente los paisajes naturales, muchas veces reusé de estas imagenes pero la verdad es que esto también deslumbra desde otra óptica completamente diferente. 
A la noche luego de caminar incansablemente durante todo el día, nos tomamos unas birritas en el pub del Hostel y nos fuimos a descansar para otro día de largo trajín como el que acababa de pasar. La bienvenida de esta ciudad había sido ampliamente superior a mis expectativas, aún resta mucho por conocer.