jueves, 10 de mayo de 2012

Quinto Destino - El Nido, Filipinas

El Nido es un pueblo costero ubicado al norte de la Isla de Palawan, al suroeste de Manila. Es un lugar que desde hace poco más de una década viene creciendo sostenidamente, dada la incrementada afluencia de turistas que la visitan, aunque sin perder la esencia sencilla, pueblerina y poco desarrollada en sus calles. La tecnología y el mundo globalizado al que estamos acostumbrados en el lugar del cuál venimos han puesto su mano sólo en una pequeña escala por aquí, al menos de momento.

La gente que allí vive se sustenta mayoritariamente de trabajos vinculados tanto al turismo como a  la pesca, y son en líneas generales personas sumamente amables, respetuosas, humildes e incansablemente trabajadoras. A los niños se los ve felices corriendo por sus calles de tierra, o jugando en las arenas o mar de la playa, siempre regalando una sonrisa o un saludo cada vez que paso frente a ellos. La pobreza económica en la que viven no parece ser impedimento para poder disfrutar de la vida, lo cual por momentos me lleva a pensar por cuantas cosas ínfimas y sin sentido nos hacemos mala sangre, enojamos y mal gastamos nuestras energías en vano.

El día en que arribamos nos fue bastante difícil poder conseguir dónde hospedarnos. Éramos muchos y justo habíamos arribado en un “fin de semana largo” en la zona, lo que hacía complicado conseguir una cama que nos permita dormir al menos en esa primer noche. Luego de unas cuantas horas de búsqueda, finalmente nos quedamos en un lugar llamado “La Banane” (abstraerse de comentarios al respecto), que como puntos a favor tenía la magnífica ubicación a orillas del mar y el precio del entorno de los 6 dólares. Las contras: un cuarto diminuto, amontonados como ganado en cuchetas de 3 pisos y un único baño-ducha para más de 20 personas. Igualmente cumplió su rol para esa primer noche, pese a que dormí un buen rato en un puff playero, aunque dadas  las compañías que teníamos era inminente nuestra partida hacia otro lugar que nos brindara un poco más de privacidad y confort para el resto de nuestra estadía aquí. Yo confieso estaba preparado para la guerra.

 

Los paisajes que ofrece este lugar son increíbles. El primer día, luego disfrutar un rato de la playa principal desde unos cómodos puff a escasos metros del mar, decidimos visitar una playa aledaña recomendada y conocida como “Las Cabañas” u “Orange Pearl”. A la misma accedimos a bordo de una moto taxi pintoresca, con peluches a bordo y música amena como compañía, toda una experiencia. Palmeras, blanca arena, sol, calor, aguas con colores diversos, parador con cerveza económica. Nada más que agregar.

Ya el segundo día decidimos experimentar con los “Tours” que ofrecen, que son el fuerte para llegar a conocer los rincones más hermosos de El Nido. Los mismos consisten en paseos de todo el día, en donde a bordo de un prolijo barquito vas conociendo diversas islas cercanas que este increíble lugar alberga. Hay tiempo para el snorkel en algunas, entrar a cuevas, ver playas y lagunas escondidas en otras, más un sinfín de opciones que la naturaleza va regalando en cada parada. El costo de los mismos ronda los usd 15, salís a las 9 de la mañana y volvés aproximadamente a las 17 hs, con el almuerzo pago (generalmente compuesto de pescado, cerdo, arroz, ensalada, ananá y bananas). Una ganga para lo que ves y comés a lo largo de prácticamente medio día.



Hicimos primero el Tour “A” que incluía la visita a Big, Small y Secret Lagoon, Payong Payong, Simizu Island y finalmente la Isla Comando, en donde salió partido de Volley con otros turistas y gente lugareña. 

A la noche fue tiempo de música, nuestra segunda presentación en vivo en lo que va de este viaje. Con el Mago y beto fuimos invitados a tocar en el bar playero llamado “Sea Slungs”, en donde ante una enorme cantidad de uruguayos que allí nos encontrábamos (éramos más de 80 por esos días en El Nido) y otros extranjeros presentes, pudimos disfrutar de otra velada musical inolvidable de este viaje. Esta vez en tierras Filipinas, interpretamos 9 temas y el Set List de ese día fue: “Vasos Vacíos”, “De Música Ligera”, “Flaca”, “Tumbas de la Gloria”, “Mi Semilla”, “Bo Cartero”, “Una Rifa me separa (versión a capela)”, “La Bolsa”, y el cierre cargado de nostalgia con “No Era Cierto”. Espectacular el aguante y coros de nuestros compatriotas, así como también la gran receptividad, muestras de afecto y agradecimiento por lo vivido del resto de extranjeros y locales que estaban compartiendo esta noche con nosotros. Simplemente, gracias.


Luego que cerraron los boliches playeros decidimos ir a la única disco que hay por ahí, llamada “Asylum”. El Resumen: entrada gratis, compañeros bailando reggaetón y meneando las caderas agachaditos (mejor no mencionarlos para no comprometer su reputación), sanguchitos de 2 o 3 filipinos gays franeleándose a más no poder (hay un alto porcentaje de homosexuales en la zona por motivos que desconocemos y no indagamos), 40 grados de calor, hacinamiento. Tiempo estimado de permanencia en el lugar: 5 a 7 minutos. Hubo versiones que dijeron que el portero que estaba en la entrada tenía una metralleta o Uzi colgada, pero por más que tenía unas cuantas “Red Horse” y “San Miguel” arriba (nuestras birras de cabecera consumidas aquí), no recuerdo haber visto eso y creo ya es parte de las leyendas urbanas que se van creando con el tiempo en este viaje.


Los otros días se resumen a playa, “Tour C”, cerveza, comer, "Tour B”, cerveza, dormir, amigos, cerveza y más cerveza. También canté invitado por músicos filipinos “Redemption Song” de Bob Marley una noche e hicimos una jornada de 3 horas de cayac (sólo de ida). De no haber sido por unos amigos del Grupo de Viaje que nos trajeron de retorno en el barco que habían contratado, probablemente aún estuviésemos como Tom Hanks en “El Naufrago” ya que la corriente estaba imposible y además una tormenta se avecinaba por el horizonte. Muy amateur lo nuestro, más aún si menciono que perdí unas havaianas, una musculosa y un libro en el camino, pero lo bueno es haberlo vivido para poder contarlo aquí o mañana. 


Estuvimos en total cinco noches en “El Nido”, con ganas de haber permanecido más tiempo allí pero sumamente satisfechos por haber podido conocer este lugar y su gente. 

Finalmente nos volvimos a Puerto Princesa a bordo del “Ro Ro Bus” (una pegada), disfrutamos de una noche músical en un boliche allí  y emprendimos viaje rumbo a China, más precisamente Beijing en donde estaremos unos días incomunicados por este medio dada la prohibición nacional del uso del “Blogger” (además de “Facebook” y “You tube”).



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