martes, 12 de junio de 2012

Onceavo Déstino - Bangkok, Tailandia

El itinerario marcaba un cambio en la modalidad grupal en la que nos veníamos moviendo en todos estos meses de viaje. Abandonábamos los grandes grupos, para realizar Bangkok siendo sólo cuatro personas: Siraco, Vale, Ceci y quien escribe. Muchos de nuestros compañeros ingresarían al Grupo de Viaje en esta ciudad, por lo que dada nuestra intensión  de entrar recién en Nepal, decidimos hacer este destino en carácter libre y postergar por unos días más nuestro ingreso a la vida multitudinaria y estructurada que probablemente implique estar en el Grupo propiamente dicho.

Salimos del Hostel a las 5 de la mañana entre lagañas y bostezos con destino al Aeropuerto de Hanoi, desde el cual tomaríamos un vuelo que nos dejaría horas más tarde en la “Ciudad del Pecado”, como se la conoce también por estas latitudes. La información escaseaba, las incógnitas eran muchas, la fama de tranfugas de los Tailandeses había llegado a nuestros oídos antes del viaje y se afirmaba con cuentos de viajeros de diversas nacionalidades con los cuales intercambiamos charlas durante estos meses por el mundo. Mitos de calles abarrotadas de Lady Boys y una potencial reversión de la película "Hangover 2" ("Que pasó ayer 2?") se vislumbraban en el horizonte, por lo que partimos con “una mano atrás y otra adelante”, como dice el viejo dicho, a recorrerla en escasos dos días.

Llegamos al inmenso aeropuerto de Bangkok y nos sorprendió su tamaño, deseando sea el único tamaño que nos impresionara en esta estadía. Quisimos tomar un taxi hasta el hospedaje que habíamos reservado la noche anterior a través de Hostel World, pero el costo que nos ofrecían en las inmediaciones era el doble del que sabíamos teníamos que pagar para llegar hasta allí. Ante la negativa de dejarnos afanar por el primer tailandés que nos cruzamos, en este caso tachero o gente vinculada a ellos, decidimos iniciar gestiones para conseguir traslado con la gente del Hostel que sabíamos ofrecían algo del estilo. Las mismas finalmente dieron sus frutos y nos llevaron tempranamente a conocer un personaje local que nos fue de gran ayuda en estos días, de nombre Ken (o Kent, Quen, Que o algo del estilo que tenía ese sonido). El veterano nacido en Tailandia, pero radicado muchos años en París, era amante del tango, principiante bailarín de salsa y curiosamente escucha de José Luis Perales (vaya uno a saber por qué un tailandés se puede llegar a colgar con temas como "El velero llamado libertad" "Y como es el" o "Que canten los niños". Hay gente rara en Tailandia eh). Nos dejó en su Hostel, “Merlín Lodge”, el cual no era muy céntrico que digamos y tenía un recepcionista que hablaba una lengua indescifrable y por supuesto, cero inglés. Sólo atinaba a repetir la última palabra que uno le decía.
Por ejemplo:
Pregunta:"Tenés Wi fi?"
Respuesta: "Wai Fai, Wai Fai".
Pregunta 2: "Do you know the Passworld?".
Respuesta 2: "Passworld Passworld". 
Pregunta 3 (viendo que tenía una camiseta de futbol de un cuadro supuestamente local): "Like Soccer friend?"
Respuesta 3: Soccer Friend Soccer Friend.
Una especie de eco viviente que hacía improductiva todo tipo de charla y que sería similar a poner a un mudo a vender productos cosméticos vía telefónica o algo del estilo en nuestro país. Más allá de esto, el hostel tenía la ventaja de encontrarse pegado a una estación del metro, lo cual es sumamente importante para movilizarse en esta ciudad, fundamentalmente dadas las grandes distancias que separan a un punto y otro de la misma. Además también valorar al amigo Ken, que nos pasó una gran cantidad de piques para movernos aquí y tenía excelente onda con nosotros.

Temprano en la tarde recorrimos la zona de shoppings, en donde uno pegado al otro debía haber no menos de 6 o 7 de gran dimensión. Los que me conocen sabrán de mi poco gusto por este tipo de paseos. Realmente me embola bastante transitar horas y horas sin un destino fijo por un lugar cerrado, lleno de gente. Deambular como vieja dominguera por tiendas en las cuales es altamente improbable que pueda comprar algo, y encima efectivamente verificar que no compré nada en toda mi estadía allí de unas cuantas horas. Igualmente debo confesar que mal no la pasé, creo que siempre en buena compañía los contextos y lugares quedan en un segundo plano. Además, para otra instancia de visita a estos centros comerciales le encontramos la vuelta con Siraco para hacerlo mas ameno: tomar unas cuantas cervezas antes, durante y después de la recorrida "shoppingistica". Este liquido espirituoso logró generar cierta deshinibición en nosotros, lo cual nos llevó a comprar unas cuantas cosas, probablemente algunas absurdas e innecesarias, dialogar entretenidamente con los vendedores y pasar un rato muy agradable en estos lugares que antes me resultaban esquivos. Recién ahora se puede decir que entiendo que hacen los planchas en el Montevideo Shopping todos los domingos. Gracias viaje.

Cómo no sólo de compras vive el hombre, menos la mujer, dedicamos también tiempo a otros paseos culturales, y otros no tanto. Visitamos un bonito parque que ofrecía navegar a bordo de unas lanchas con forma de pato por un lago de la zona (es en serio, no se crean estoy bajo el efecto de ningún estupefaciente "made in Thailand" al escribir estas lineas). Algo así como las lanchitas del Parque Rodó, en versión tailandesa y paseando por un entorno sumamente agradable para la vista. Más tarde volvimos a la zona de Shoppings para cenar algo en un lugar nuevo llamado "Mc Donalds", o algo así, y presenciamos en la explanada del centro comercial un encuentro de Skaters, deportes extremos, Break Dance, Música electrónica, Rap, etc, que estuvo bastante pintoresco y divertido.

El segundo día en Bangkok, bote de por medio, fuimos a visitar la zona en que se encuentra el Palacio Real, el Buda inclinado, de plata, esmeralda, oro, bronce, que fuma, bebe, come y alguna otra variedad más de Buda que me pareció escuchar al pasar había por allí. Sinceramente no me llamaba mucho la atención nada de esto, creo que llega un punto en el que muchas cosas me empiezan a parecer más de lo mismo, se repiten y pierden el encanto que probablemente tendrían si recién empezara el viaje en estos días.



Camino al Palacio estuvimos muy cerca de ser estafados por un “Tranfuga” local, disfrazado con remera que decía “Policía Turística”, el cual nos interceptó a mitad de camino con alguna burda excusa que de momento no recuerdo. En escasos minutos nos hizo una extensa “zanata” de cuidados que debíamos tener al caminar por allí, que no perdiésemos tiempo en ir al Palacio Real ya que ese día no abriría por motivos religiosos, nos pidió un mapa, y en él nos marcó una serie de puntos a visitar los cuales curiosamente no tenían la más mínima referencia de las maravillas que nos contaba existían en el mismo. Su sonrisa resplandecía como el sol del verano, e imnediatamente paró un Tuk tuk para que nos llevara a los lugares que los mapas no mostraban y que sólo privilegiados como nosotros íbamos a tener la oportunidad de conocer gracias a su desinteresado acto de amor y bondad. Nos miramos, le agradecimos su buena voluntad y gesto, pero le dijimos que preferíamos caminar por la nuestra un rato por la zona y que en todo caso más tarde veíamos de ir a esos lugares. Su cara se desdibujó inmediatamente ante la negativa, pasando de ser Mister Simpatía a Droopy como por arte de magia. Luego al caminar por el palacio, que obviamente estaba abierto, por los altoparlantes alertaban de este tipo de hechos y sujetos que andaban por las inmediaciones. Zafamos. 

 

A la noche visitamos la zona donde está el “reviente” nocturno de la ciudad, en donde abundaban los “Pussy Shows”, prostíbulos, travestis y prostitutas callejeras de dudosa sexualidad. Quizás sólo con haber puesto que había “travestis” era suficiente, pero ante la falta de evidencias y comprobación empírica de esto, es preferible dejar planteada la incógnita para futuros viajeros que ronden por estas tierras. Cenamos en la zona, tomamos unas birritas más y partimos con la incógnita de saber que pasaba dentro de esos locales en los cuales asomaba diversa fauna montada a caños por doquier y música electrónica al mango. Dejamos la revancha para Phuket, la crónica estará presente.



lunes, 4 de junio de 2012

Décimo Destino - Hanoi y Bahía de Halong, Vietnam

Llegamos a Hanoi desinformados, como viene siendo una costumbre de los últimos destinos, sin referencias claras sobre que hacer aquí y solo avizorando la visita a la Bahía de Halong como punto fuerte de los días venideros.

Al arribo, las típicas negociaciones de traslado hasta el Hostel desde el aeropuerto, “Van” de por medio camino a “Vía Ville” para afrontar un nuevo día, en este caso en la capital del país. La primer sensación que me nace al llegar a esta ciudad, es la de añorar estar nuevamente en la tranquila Hoi An. Como toda gran ciudad, al menos en la escala de lo que es Vietnam, sobresale la congestión en el tránsito y sobre todo el desorden en el mismo. Al igual que en Ho Chi Minh hay una inmensa cantidad de motos por donde se mire, con una aplicación de normas de transito similares a las aplicadas por los repartidores de comida, leáse“Deliverys”, en nuestro país.

El primer día estuvo prácticamente destinado a negociar el tour que nos llevaría a la Bahía, con diversas gestiones que se iniciaron en nuestro hospedaje y finalizaron en una agencia callejera que días más tarde sería objeto del primer piquete en tierras vietnamitas; Igual esa historia viene más adelante. Los precios de la excursiones son diversos, desde algunos considerados económicos que rondan los usd 60 (e inclusive menos) y otros que pueden llegar a superar los usd 200. La competencia es grande, con versiones de sentencia de muerte y hundimiento que esbozan quienes venden los más costosos respecto a los más baratos, así como también de “te están afanando la guita” en la situación inversa. A cada paso que uno avanza en la ciudad ofrecen  estas excursiones, las cuales pueden ser de diversas modalidades: un sólo día, dos días y una noche en el barco, tres días con una noche en el barco y otra en choza o hostel, entre otras. Luego de varias, muchas varias, idas y venidas terminamos arreglando para el día siguiente partir al tan “postalero” lugar, con un tour de tres días, en el cual dormiríamos la primer noche en el barco y la siguiente en una choza o bungalow precario a orillas del mar.

A la mañana despertamos y partimos, luego de esperar a parte del grupo que venía desde Hue, en una primer etapa de unas horas en camioneta para luego tomar el barco que sería nuestro hogar por unos días. Las dudas estaban latentes, dado que estas excursiones tienen fama de muchas veces venderte cosas que no son y querer pasarte con algo: barcos diferentes a los vistos en las fotografías, comidas distintas a las pactadas, aires acondicionados con referencias de no funcionar a voluntad propia, así como también chozas distintas a las acordadas. Dice una letra de un conocido tango que “la fama es puro cuento”; al menos por acá en Vietnam es lo suficientemente real como para creerla.

La Bahía de Halong es considerada una de las siete maravillas del mundo y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1994. Cuenta con una extensión superior a los 1.500 kilómetros cuadrados y con cerca de 2.000 islas diferentes dentro de ella.


Las primeras imágenes impactan por lo naturalmente bellos paisajes que se dibujan sobre el mar, aunque con el transitar por sus aguas se desdibuja un poco por la increíblemente estúpida e impune acción del hombre  de dañar y contaminar el medio ambiente. Una gran cantidad de desperdicios se observan flotando en el agua, muchos de ellos arrojados por los propios barcos que viven a expensas de ella, y otros tantos de turistas sin conciencia del daño que están produciendo sobre una obra tan magnífica que la madre naturaleza nos regala. Me genera una indignación muy grande ver esta violación a la vida y al futuro, así como mucha vergüenza por el ser humano y su inescrupulosa acción dañina. Lamentablemente esta no es la primera acción de este tipo que vemos en destinos de este viaje y probablemente no sea la última; Patético. 


Más allá de estos descargos, pudimos igualmente disfrutar estos días por aquí. El barco que tomamos finalmente no era el de la foto de la agencia, aunque es cierto que igualmente estaba bastante bien y cumplía ampliamente con mis pretensiones para este viaje. El aire no andaba todo el día como dijeron y la “sea food” estaba bastante bien pese a que habían prometido otros platos. Probé los calamares, cangrejos que finalmente fueron a parar al cuerpo del amigo beto, pescados diversos, entre otros platos que probablemente personas de mejor comer hubiesen disfrutado más que yo. No hay como la comida de “la mama”, sin dudas.

Paseamos en el barco, visitamos unas cuevas impresionantes, anduvimos nuevamente en cayac luego de la inolvidable travesía en Filipinas, y lo más disfrutable del día: el momento en que el sol comenzó a despedirse del día. La noche caía, los barcos comenzaban a iluminarse reposando sobre las calmas aguas de la Bahía y los islotes asomaban por donde miráramos. Se respiraba una tranquilidad y espiritualidad increíble en medio del mar, lejos del ruido y de la locura a la que estamos acostumbrados los que vivimos en la ciudad.



Luego fue momento de la cena, para minutos más tarde subir a la parte superior del barco a disfrutar de una guitarreada con un entorno impagable. El Mago a la cabeza con sus clásicos temas “Cabrerezcos”, más otros sumamente disfrutables de su autoría, iniciaron la velada. Siguieron algunos temas interpretados por mi, algunos infaltables cuarteteros y a medida que pasaban las horas, como así también las canciones, se iba viendo el costado más bizarro de los interpretes con temas que iban desde Elvis Crespo, Carlos Vives hasta Arjona y Los Fantasmas del Caribe. Una mención aparte para el tema de la noche interpretado por beto, “Cecilia” de Buenos Muchachos. El costado oscuro aflorando con gritos que penetraron la noche vietnamita, e hicieron que personas del grupo  desconocedoras de esta oculta faceta del popular ex ejecutivo amante de los cangrejos y el Fried Rise, temer por su integridad física y psíquica. Impresionante.

La segunda noche la debíamos pasar en un bungalow, o choza, ubicada a orillas del mar y sobre la arena. Ya se veían intentos de nuestro guía de evitar ir parar allí y cambiar la idea por la de hospedarnos en un hostel, supuestamente más cómodo y disfrutable para nuestros intereses. Algo raro se percibía, no podíamos esperar fuera un simple acto de bondad, generosidad y preocupación para que simplemente estuviésemos bien y pasemos mejor. La playa se transformó en selva, inundada, con mosquitos del tamaño de terodaptilos probablemente portadores de alguna dosis de malaria o dengue. Lógicamente no accedimos a quedarnos en un lugar que no pretendíamos y menos habiendo pagado un precio superior por algo completamente diferente. Nos mandaron a un hotel en la isla principal, con unas bellas goteras en su interior que le daban un efecto de cascada encantador, con la promesa de devolución del dinero abonado de más y derivando responsabilidades a los cuatro vientos. En la isla fue creado un cántico que usamos de ahora en más en los bares que frecuentamos, con  una letra muy profunda que repite incansablementee “Happy Hour of beer” con tono ebrio y acento en la “e” que suena como “i”. El mismo  pretende provocar el cansancio del oyente, llámese barman, mozo, cantinero o similar, y acceder a algún descuento o beneficio relacionado a las cervezas a consumir en el establecimiento en cuestión. Lo cierto es que dio resultado al menos aquí, 2 x 1 de birra y a dormir felices.

Al retorno a Hanoi copamos la agencia que nos había vendido el paquete, nunca mejor dicho. 19 personas amontonadas en una oficina de escasas dimensiones, realizando un piquete y posterior sentada en reclamo de la devolución de los usd 15 que nos correspondían por la estafa de los Bungalows. Fantasmas y pico estos vietnamitas, asustados y hasta con ojos vidriosos, empezaron a “llorar la milonga“ e intentar justificar lo injustificable para ver si podían zafar de tener que entregar algún mango que alterara su margen de utilidad. Finalmente viendo que no había chances de que nos fuéramos con las manos vacías y avizorando intensiones de algunos de los presentes de llevarse algún monitor, estatua o similar como medio de pago, cerramos la discusión recuperando usd 10 por cabeza y algún insulto regalado por parte de nuestro plantel. Lamentablemente es una constante que se repite en muchos lugares, ciudades, países, que hemos visitado en estos meses de recorrer el mundo: la de querer pasar de alguna manera al turista. Lamentable.


En horas de la noche recorrimos la ciudad, una feria local, paseo por la zona del río, y cena en el local de una amiga que hicimos en Hanoi a la cual apodamos “Cheapper”. Cervecita callejera en soledad contemplando parte de la cultura de la gente de esta zona y a dormir temprano ya que debíamos partir rumbo a Bangkok en horas de la madrugada. Gracias, Vietnam.

jueves, 31 de mayo de 2012

Décimo Destino - Hoi An, Vietnam

El resto de los días en Ho Chi Minh transcurrieron con gran tranquilidad, no había mucho más para hacer. Unas vueltas por el Mercado Central para ver de hacer alguna compra, caminatas por la ciudad, cervezas y charlas nocturnas.

Fue tiempo entonces de partir con destino a Hoi An, ciudad ubicada en el centro de Vietnam y a unos 600 kilómetros de la ciudad sureña en que nos encontrábamos. Este lugar se caracteriza por contar con unas lindas playas para poder relajarse y disfrutar de sus paisajes, además de ser famosa también por existir una gran cantidad de tiendas que hacen ropa a medida. Trajes, vestidos, zapatos, camperas, en fin, todo lo que uno quisiera hacerse de vestimenta te lo fabrican según tu talla, de un día para otro, a bajo precio y generalmente de muy buena calidad. Nos hicimos un traje con beto por la módica suma de 55 dólares cada uno, en realidad el pago un poco más dado que necesitaba más tela por tener medidas de "Big Buda", y por unos momentos volvimos a la formalidad perdida en estos meses de havaianas y musculosa.


Nos alojamos en el hotel “Phuoc An”, a unos pocos metros de la calle principal. Muy bueno en todo sentido: seis dólares la habitación para dos, piscina, y lo más disfrutable fue que nos daban gratuitamente unas bicicletas para nuestra libre disposición durante la estadía aqui. Hacía mucho que no andaba en “chiva” y la verdad que cada paseo era disfrutable en si mismo, con el sólo hecho de transitar las calles de Hoi An abordo de ella era suficiente. Andar sin rumbo, varios kilómetros hasta la paya, hasta orillas del río, al puente japonés, o hasta donde el destino nos llevara en un andar libre y sintiendo el viento como un aliado en días de tanto calor.

Una de las cosas que más logró impactarme de este lugar, fueron los carteles que había en diversos restaurantes de la zona, ofreciendo la jarra de cerveza a la increíble cifra de 3 pesos uruguayos. Nos frotamos los ojos, lagrimeamos y pensamos por un momento de que algo raro debía haber detrás de esos precios de fantasía. Fuimos en busca de la verdad, desconfiados, pensando en la fama de los vietnamitas de querer pasarte en algo a cada instante. Lo cierto es que nada de eso ocurrió, y durante los cuatro días que aquí estuvimos tomamos una cantidad ilimitada de jarras espumantes que embellecieron aún más los paisajes de la pequeña ciudad costera y nuestra esbelta silueta. Muchos amigos que están en Uruguay seguro se sentirían en el paraíso aquí, los tuve presentes en cada brindis tomando unas a su salud (y a la de todo su árbol genealógico).

Tuvimos tiempo de visitar la playa principal de la zona, la cuál estaba bastante prolija. Una zona de muchas palmeras, reposeras que eran arrendadas a unos pocos pesos, quinchos de paja, sectores en los que se ubicaba la gente local con un bullicio indescifrable y otros con más presencia de turistas acosados por una oferta constante de cosas para comprar, beber, comer o lo que fuese que implicara desembolsar algún billete o moneda. El mar era verde, claro, aunque no muy transparente. Se vuelve difícil, e innecesario por momentos, no entrar en comparaciones con otras playas en las que hemos estado en este viaje o bien con las de nuestro propio país. Seguramente luego de estar en El Nido sea sumamente complicado poder asombrarse con algún mar o paisaje playero que visitemos, pero más allá de esto trato siempre de abstraerme de eso y disfrutar cada lugar con su propio encanto y con la magia que lo caracteriza.



Hoi An ha sido un lugar en este viaje en el cual logré una conexión sumamente positiva con el entrono y su gente. Un ambiente distendido, también fomentado por una estadía de unos cuantos días sin mucho movimiento y actividad pre programada, en un sitio ideal para estos fines dados sus aires veraniegos y la simpatía de las personas que aquí viven. Esto último es un elemento distintivo de la ciudad, se percibe el trato es diferente entre las grandes ciudades y estas zonas no tan pobladas y con menor desarrollo. Prevalece el trato ameno, la simpatía y la buena onda de los lugareños hacia nosotros en cada encuentro o charla casual. Me llevo la mejor imagen de este lugar y de su gente. 

Un capitulo aparte para el clásico jugado mientras aquí nos encontrábamos, a tantos mies de kilómetros de casa. Era extraño ver este partido desde un un lugar sumamente alejado al Estadio Centenario, sin estar rodeado de mis hermanos, de mi viejo, de mis amigos tricolores con los cuales compartimos tantas jornadas de locura y amor por la misma causa. La ansiedad que tenía era mucha desde temprano, si bien procuré encontrar distracción en otras actividades y en las cervezas locales de tres pesos, no logré sacarme de la cabeza el partido y la viabilidad de poder verlo por Internet en horas de la madrugada vietnamita.  Hablé por celular con mi hermano Germán que estaba en la colombes para sentirme más cerca, pianté lagrimón, la verdad que se extraña la flia. Luego fue tiempo de cabalas que afloraban por doquier, la tensión que crecía a medida que estaba por pitar el juez, y finalmente en compañía del beto y Mago nos aprestamos a ver el partido empilchado para la ocasión y añorando por un triunfo que nos mantuviera primeros en la anual para soñar con el bicampeonato. La conexión era espantosa, más entrecortada que la ruta interbalnearia un domingo de la primer quincena de enero, pero nada impidió que los gritos sonaran desde la azotea devenida en tribuna, e impidiésemos el tranquilo dormir de muchos de los huéspedes del hotel. Los comentarios de partido los dejamos para los especialistas en la materia, sólo agradecer al Chino por ese grito de gol que atravesó el mundo, a los jugadores y a la hinchada por esta alegría que seguro la recordaré por toda la vida: “El clásico en Vietnam, 3 A 2 y de atrás”.
  

domingo, 27 de mayo de 2012

Décimo Destino - Ho Chi Minh, Vietnam

Llegamos a Ho Chi Minh cuando la noche comenzaba a abrazar la ciudad. El omnibus que nos trasladó desde Phnom Pehn nos dejó en la vía publica sin muchas referencias, por lo que decidimos con Siraco salir a buscar por nuestra cuenta la ubicación de nuestro Hostel. No nos generaban confianza las pocas palabras que esbozaban los taxistas y mucho menos sus tarifas, además de que no resultaba sencilla la comunicación con los lugareños y las explicaciones de como llegar a la calle buscada eran por momentos totalmente opuestas entre una consulta y otra. Finalmente al encontrar un par de coincidencias en las respuestas recibidas en “Vietno-english,” logramos dar con el paradero del hospedaje, no sin antes transitar por calles con abundante fauna felina que ofrecían sus servicios al mejor postor. Es sorprendente la gran cantidad de prostitución que hay en Ho Chi Minh, al punto tal que se vuelve dificil discriminar entre quienes se dedican a esto y quienes simplemente se visten como tal (lease: “se visten como changos”). A cada metro que avanzábamos caíamos en a cuenta de que “la noche” en esta ciudad es un punto fuerte de la misma, cosa que personalmente desconocía. Abundan los Pubs o similares, sumado a que en las angostas veredas del centro de la ciudad se dispone de pequeñas sillas y mesas ratonas en las cuáles la gente, fundamentalmente turistas, se junta a tomar cerveza local al módico precio de 10.000 Dongs (algo así como 10 pesos uruguayos, el paraíso cervecero).

A los pocos minutos de transitar por esas calles angostas e hiper repletas de motos, nos percatamos de la presencia de una cantidad importante de uruguayos en la zona. Viajeros que al igual que nosotros se encontraban en carácter de “libres”, a los que se sumaba el hecho de que al día siguiente caería la gente que ya se encuentra en el “Grupo de viaje”, preveían una invasión charrúa en tierras vietnamitas. Por momentos me gusta y disfruto de la idea de estar con tantos compatriotas compartiendo estos momentos, aunque por otros me da la sensación de estar perdiendo la posibilidad de interactuar con gente de otras nacionalidades, conocer más a fondo otras culturas, formas de vida e historias diferentes, lo cuál considero una parte importante de estar realizando una parte importante del viaje por cuenta propia. Más allá de esto, pasamos noches para el mejor recuerdo en Ho Chi Minh, además de haber logrado realizar los primeros chivitos en tierras vietnamitas. En realidad sólo aporté la idea y la mojada de oreja correspondiente a Borche & Cía para fomentar se lleve a la práctica, dado que el resultado final es enteramente merito del resto de la banda y sus maniobras incansables para hacerse del brasero, parrilla y la carne de vaya a saber uno de que...mejor ni saber.



Al día siguiente amanecimos temprano para realizar un tour contratado que nos permitiera conocer los túneles Cu Chi, en las afueras de la ciudad y a casi dos horas en ómnibus de donde nos encontrábamos alojados. Estos túneles fueron un punto calve de la resistencia y posterior victoria vietnamita en la guerra contra los Estados Unidos, habiendo sido creados en la época colonial para enfrentar a las tropas francesas, para posteriormente ser ampliados y mejorados para esta contienda bélica. Se trataba de verdaderas ciudades subterraneas que albergaban a más de 10.000 personas en su interior, tanto combatientes como sus familias, y abarcaban más de 250 kilómetros de largo y en el entorno de 10 de profundidad. Contaban con tres niveles bajo tierra conectados entre si, disponiendo allí de dormitorios, salas de alojamiento para los civiles, sistemas de ventilación y desague, salidas de emergencia, depósitos de armas o precarias enfermerías inclusive. La sorpresa fue un punto clave de los Vietcong para atacar a los soldados estadounidenses, esconderse rapidamente y llevar a la desesperación del enemigo por no divisarlos en el campo de batalla y sufrir ataques sorpresa por puntos no esperados. Un aporvechamiento al máximo de los recursos que disponían para poder hacer frente a un ejercito norteamericano más poderoso, el cuál logicamente disponía de mayor y mejor armamento para afrontar una guerra.

 



Pudimos ingresar a los túneles y recorrerlos a lo largo de unos metros. Nos aclararon igualmente que los mismos habían sufrido modificaciones destinadas a fines turísticos, dado que los originales eran de la mitad de tamaño que esos y sin las luces que había a lo largo del camino para divisar por donde se transitaba. Si ya nos habían parecido pequeños, y por momentos claustrofóbica nuestra presencia en su interior, resultaba por demás difícil imaginar la vida de estas personas allí por aquellos años. Nos contaba nuestro guía que disponían de diferentes técnicas para evitar ser descubiertos dentro de sus túneles, como por ejemplo a través del uso de sandalias que marcaban las huellas al revés, dejar comida sumamente picante en el camino a efectos de que los perros no pudiesen rastrearlos con su olfato, o bien el uso de una gran cantidad de trampas mortales que tuvimos la oportunidad de ver su funcionamiento y de proyectar el daño capaz de realizar a quienes cayeran en ellas. Generalmente la mayoría de estas se ubicaban en el suelo, sumamente ingeniosas y efectivas, capaces de generar muchisimo dolor o la muerte de aquellos soldados que tuvieran la fortuna de pisarlas.



Al recorrer la zona selvática en la que se encuentran los túneles, también se aprecian las secuelas en la tierra producidas por los bombarderos B-52, que al día de hoy aún impactan por su tamaño. También se cuenta con la posibilidad de usar las metralletas típicas de la época en una zona de tiro y pagando la suma de un dólar por unas pocas detonaciones. Por más que algunos compañeros hicieron uso de estas, me pareció demasiado morboso ser participe de eso. Siento que ya demasiada sangre a corrido en estas y otras tierras por culpa del uso de estas, como para estar usándolas como un juguete o un divertimento sin sentido. Es ensordecedor y escalofriante el sonido emitido al ser disparadas a unos metros de donde nos encontrábamos. Me genera una sensación de pánico difícil de describir, que me lleva a imaginar remotamente el sufrimiento por el que debe haber atravesado este pueblo a espensas de justificaciones de lo injustificable.

Salimos de la zona de los túneles y nos dirigimos a Museo de la Guerra en busca de intentar comprender más sobre la pesadilla vivida en Vietnam unas décadas atrás y poder ver la visión de su gente, algo que generalmente llega contaminada y tendenciosamente erronea por nuestras latitudes. Fue realmente chocante la recorrida del mismo y reconozco que por momentos tuve ganas de llorar, no sé bien si de tristeza, bronca o una mezcla de ambas.

El múseo cuenta con tres pisos de exposición y con diversas salas temáticas. Se puede observar un amplio caudal fotográfico de gran calidad, información detallada respecto a las fotos que se observan, datos históricos, extractos de frases de la época, lineas de tiempo, entre otra data presente.


En el piso superior se expone información histórica de los antecedentes a la Guerra, la lucha contra los franceses, así como también gráficas que reflejan el enorme arsenal despegado en los años que duró el enfrentamiento. Me llamó mucho la atención la cantidad de bombas utilizadas aquí, las cuales triplicaron a las usadas durante la Segunda Guerra Mundial, siendo un claro reflejo de la destrucción generada en este país y en su gente.

Otra sección del Museo estaba dedicada a los fotógrafos caídos durante la guerra, con una selección de sus mejores fotografías, e inclusive en algunos casos de las últimas que pudieron capturar sus cámaras. Queda claro en las mismas la posición cercana al epicentro del conflicto en la que se movían para cumplir con su profesión, lo cuál se traduce en fotos íntimas cargadas de coraje y amor por su trabajo.


Siguiendo con la recorrida me topé con las salas más fuertes y chocantes, ya que se exponen las secuelas de la guerra con fotos desgarradoras de las victimas de esos años, así como también de los efectos posteriores. El ejercito estadounidense desparramó en la zona de la selva e inmediaciones una gran cantidad de “agente naranja”, algo así como un compuesto químico sumamente potente, con el objetivo principal de evitar los vietcong pudiesen esconderse allí. El resultado de esto implicó un daño muy grande en las tierras, pero sobre todo una serie de consecuencias horribles sobre las personas que quedaron expuestas a esto. Niños que nacieron hasta muchos años después de la guerra con deformaciones horrorosas por la exposición de sus madres a este químico, daño, mucho daño en diversas generaciones. Las fotos son muy chocantes, cuesta creer como el ser humano puede ser capaz de ser tan atroz y destruir generaciones y generaciones de gente inocente.

Para finalizar, en la planta baja se encontraban fotos de las manifestaciones realizadas en todo el mundo en contra de esta guerra sin sentido y con consecuencias tan devastadoras. Había una foto de la realizada en Uruguay en el año 1967, pero además había varias de diversas manifestaciones realizadas en Estados Unidos que dejan en evidencia a los inescrupulosos gobernantes de turno de esos años y como no todos estaban de acuerdo con lo que sucedía en el sudeste asiático.


Salí del museo con sensaciones que pasaban por la angustia, el dolor, la bronca y el desprecio hacia quienes provocaron las consecuencias aquí expuestas, además de las que no se ven y de las que sufrieron también de parte de los combatientes estadounidenses. Necesitaba caminar y refexionar sobre lo vivido en este día tan intenso, que cerraba una historia iniciada días antes en mi recorrida por los campos de exterminio en Camboya, pero que a su ves disparaba muchos pensamientos que aún hoy siguen pasando por mi cabeza. No habían fuerzas, ni motivación aguna para sacar fotos sonriente frente a los tanques o helicópteros de la puerta de museo, así como tampoco para salir corriendo a un mercado de compras ese día. El viaje sigue y seguirá mucho después de mi retorno a Montevideo, de eso no me quedan dudas. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Noveno Destino - Phom Pehn, Camboya

El 16 de mayo en horas de la tarde arribamos nuevamente a Phnom Pehn, pero esta ves para quedarnos por unos días a diferencia de la escala realizada al inicio de nuestra estadía en Camboya.

Nuestro grupo en ese momento se conformaba por 32 personas, lo cual preveía ciertas complicaciones a nuestra llegada para conseguir transporte y hospedaje para todos. Finalmente la misma no fue tal, en lo que respecta al transporte, y en la terminal de ómnibus hicimos las gestiones pertinentes para rápidamente conseguir diez tuk tuk y un hostel para quedarnos las dos noches planificadas post regateo y alguna que otra discusión por lo que nos estaban ofreciendo. Luego de un baño en la piscina del prolijo hostel (“Eighty Eight”) almorzamos algo allí para salir más tarde a recorrer la ciudad y trasladarnos hasta la rambla, la cual nos generó una muy grata impresión dadas las referencias negativas que teníamos sobre la ciudad y sus alrededores.

Luego de visitar las inmediaciones del "Palacio Real" que se encontraba a unas pocas cuadras de donde estábamos, fue tiempo de la cena y plato del día: "Happy Pizza". Esta pizza, famosa en tierras camboyanas, tiene la particularidad de ser elaborada con marihuana y otros aderezos mágicos, y contaba con antecedentes de haber “pegado” de manera considerable en amigos que habían viajado años anteriores. La misma se podía elegir entre diversos gustos y modalidades, pudiendo ser: “non happy”, “happy” o “very happy”. Como buenos “Hijos de Obdulio” pedimos un par de esta última, más algunas sin “aderezos” para intentar regular los efectos y el potencial estadete a remontar. El gusto era bastante difícil de digerir (por lo suculento del adobo), pero intuíamos pegaría como piña del Negro "Tyson" en sus mejores épocas dadas las referencias.

Al principio todo transcurrió con normalidad, sabido es que los efectos llegan un poco tiempo después, pero a medida que íbamos avanzando en nuestro retorno al hotel algunas sensaciones comenzaban a brotar en medio de las oscuras calles camboyanas. Luego de un par de horas estábamos en el hotel riéndonos a más no poder algunos, otros en una conexión sideral con una televisión que pasaba música camboyana (él parecía estar viendo un partido de fútbol uruguayo en Vtv), mientras beto yacía al borde de la piscina hablando con un "Elefante Rosado" y con una sonrisa dibujada difícil de olvidar. Me dijo que entendió palabras potencialmente sabias de otros amigos que supieron realizar “viajes” similares y que pocas veces se rió tanto en su vida. Le creo, que lindo es ver a la gente feliz y poder ser parte de esos momentos.


Dormimos espacialmente, y luego de este momento divertido del viaje, comenzamos una nueva jornada con probablemente uno de los días más fuertes, conmovedores, reflexivos e indignantes de este viaje.

En Camboya entre los años 1975 y 1979 se produjo lo que se conoce con el nombre de “genocidio camboyano”, en donde se estima que en el entorno de tres millones de personas murieron durante la dictadura instalada a manos de los Jemeres Rojos, liderados por un personaje nefasto para la historia de la humanidad apodado "Pol Pot". Este último fue el responsable mayor de que durante los 44 meses que hicieron uso y abuso de poder, aproximadamente uno de cada tres camboyanos fueran brutalmente asesinados por sus propios compatriotas, además de arrancar de raíz a un país entero, el cual al día de hoy aún paga las consecuencias de semejante atrocidad.

El 17 de abril del año 1975 bajo el nombre de "Kampuchea Democrática" se dio inicio a lo que se conoció como “Camboya año cero”, aludiendo a un nuevo renacer de este país y su gente, algo diametralmente opuesto a lo que finalmente ocurriría. Como primer medida se ordenó la evacuación completa de las ciudades, además de la eliminación de toda manifestación artística, de la moneda, el comercio, las bibliotecas, medicinas importadas, religión y todo acto que pudiese ser considerado contrario al nuevo régimen impuesto. Fueron perseguidos intelectuales, estudiantes universitarios, personas que supiesen hablar más de un idioma, que usaran lentes, en fin, cualquier persona pensante era una amenaza y por tanto eran perseguidos y posteriormente asesinados a manos de los Jemeres Rojos. Se suprimió la propiedad privada , en donde a las personas no les quedaban siquiera sus ropas como propias, y se convirtió a todo camboyano que no formaban parte de la guerrilla en campesino, obligandolos a trabajar por más de 14 horas diarias, muriendo muchos por hambre o cansancio en esas incansables jornadas a sol y sombra.


A primer hora visitamos el lugar donde se encontraba uno de los principales campos de exterminio del régimen de Pol Pot, denominado “Memorial Choeun EK”. En él se estiman fueron encontrados más de 8.000 cadáveres, incluidos una gran cantidad de niños y mujeres.

Lo primero que se observa al ingresar a dicho lugar, es una especie de templo en donde se aloja una gran cantidad de cráneos y huesos. Más de 5.000 cráneos
de personas que perdieron su vida en ese lugar se encuentran allí guardados, la mayoría con heridas realizadas por elementos tales como martillos, hachas, cañas de bambú, o armas blancas, dado que se procuró ahorrar en municiones durante sus ejecuciones.

 

Contratamos una audio guía en español, la cual a medida que íbamos avanzando por la zona nos iba relatando las atrocidades vividas durante esos años negros en Camboya y más precisamente sobre el suelo que pisábamos. Era imposible no estremecerse al ver sobre la gramilla restos aún de vestimenta o huesos que salen a la superficie, o al escuchar las reproducciones de la música de fondo que sonaba cuando la gente iba a morir por aquellos años negros. Pasar frente a arboles en los cuales gente sin escrúpulo alguno asesinaba a bebés reventando sus cabezas contra los arboles, por el sólo hecho de considerarlos una mente irrecuperable a su temprana edad, o las enormes fosas en las cuales se encontraron posteriormente tantos miles de cadáveres, generaban profundos sentimientos en mi muy difíciles de describir.



Al finalizar la grabación se hace mención a las dictaduras sufridas en los últimos años en gran parte del mundo, Latinoamérica. Esto me hace inevitablemente reflexionar acerca de la falta de crítica, sobre el ocultamiento de la verdad y el exceso de "mirar para el costado" que se da en gran parte de nuestra sociedad. Cómo ellos, los camboyanos, son capaces de mostrar realmente todo lo vivido, lo padecido, buscando a partir de esto generar una real conciencia de que estas cosas no pueden suceder nunca más. 


El silencio al salir de este lugar era profundo, nuestras caras evidenciaban la conciencia de haber estado frente a un lugar cargado de mucha tristeza, dolor y sufrimiento. A esa altura se volvía difícil al volver a los Tuk Tuk retomar algún tipo de charla amena o de hacer algún chiste para salir del paso. Además el siguiente destino del día hacía inviable este cambio, ya que el museo del genocidio nos esperaba a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos.

Este museo, también conocido como "Tuol Slang" o "S-21", se ubica en lo que supo ser una escuela devenida en centro de reclusión, torturas y muerte durante el régimen de Pol Pot a finales de la década del 70. Los salones pasaron a ser celdas, salas para el interrogatorio de reclusos, o espacios para que estos sean torturados de diversas formas, los cuales se mantienen prácticamente intactos desde el fin del régimen dictatorial. También se pueden ver fotografías de la época de los reclusos, de los momentos previos y posteriores a su ejecución, así como también de los diversos elementos utlizados para sus torturas y muerte. Se vuelve inevitable que a uno no se le ponga la piel de gallina y se conmueva ante tanto acto de desprecio a la vida humana y violación constante a los Derechos Humanos.


Horas más tarde salimos del museo y partimos hacia el Hostel a buscar nuestras pertenencias para tomar el ómnibus que nos dejaría en Ho Chi Minh, Vietnam. Las sensaciones eran diversas, pero afloraba la comprensión hacia un pueblo que había sufrido tanto y al cual se lo ve de pie, luchando por una vida y un futuro digno. La alegría en los rostros aún la conservan sus habitantes, algo para nada menor y gratificante para quienes hemos estado allí presentes.

viernes, 18 de mayo de 2012

Noveno Destino - Siamp Reap, Camboya

La llegada a Camboya fue bastante agotadora dada la gran cantidad de tiempo y medios de transporte que nos insumió el arribo.

A las 6.45 de la mañana estábamos tomado el vuelo de Air Asia que nos dejaría en Phnom Pehn dos horas después, lo cual había implicado salir a las 3 de la mañana del Hostel sin haber dormido ni un solo minuto. Dado que no habíamos conseguido vuelo directo a Siamp Reap, teníamos que conseguir pasaje de ómnibus a nuestra llegada a la capital, y así reencontrarnos con nuestro grupo de viajeros unas horas más tarde. En el aeropuerto tomamos dos Tuk Tuk para los seis que éramos en ese momento, con destino a la terminal de ómnibus local. Viajar a bordo de estas motos con un carruaje detrás se vuelve un paseo sumamente disfrutable. Por momentos percibo puedo alcanzar una conexión mayor con el lugar y su gente que el que se obtiene encerrado en un auto, van, bondi o similar.
Ya en las calles se observa un alto nivel de pobreza, escaso desarrollo, desorden en el transito (sobre todo generado por la altísima cantidad de motos que allí hay) y un país que intenta muy de a poco levantarse de los golpes sufridos durante la guerra de Vietnam y la sangrienta dictadura del régimen de Pol Pot a fines de la década del 70. La gente es amable con nosotros, nos observan cómo sin entender que hacemos visitando su país y la gran mayoría nos regalan su saludo a nuestra paso frente a ellos.

Igualmente lo primero que uno siente al llegar a Camboya es calor, mucho calor. Sumado a un nivel altísimo de humedad hacen realmente pesado caminar, moverse, estar quieto. Por momentos se padece la pesadera y uno anhela algún lugar con aire acondicionado, o tener un ventilador cerca para bajar algún grado de cualquier forma.

Una vez en la terminal de buses, tuvimos que esperar cerca de 2 horas a que saliera el bondi que nos llevaría a Phnom Pehn por unos 10 dólares, en un viaje de unas 6 horas aproximadamente. La terminal estaba bastante guerrera, en medio de un basural, abierta y con un techo de chapas que hacía más intenso aún el calor que a esa altura de la mañana superaba con creces los 35 grados. Igualmente la motivación y ganas de conocer este lugar hacían que ni reparase en esos aspectos negativos mínimos al lado de lo positivo que presagiaba acontecería en estos 3 días camboyanos. El ómnibus 10 puntos, con aire acondicionado y respaldo para pies, aunque la ruta nos remontaba a los tiempos de estadía en Bali dado el caos, el desorden y las bocinas indescifrables y constantes a lo largo de todo el trayecto.
Llegamos a la terminal de Siamp Reap, tomamos nuevamente otros tuk tuk, y finalmente cuando estaba por caer la tarde arribamos a nuestro hostel, "Siamp Reap Temple Villa”. Este fue de los mejorcitos en los que nos hospedamos, dado que contaba con piscina y cómodas habitaciones con aire acondicionado, sumado a un precio sumamente económico de 6 dólares por persona. Una ganga.
Dejamos nuestros bolsos en la habitación y decidimos salir a caminar por la ciudad, la cual nos pareció ya en una primera impresión, mucho más bonita y pintoresca que la anterior. Fuimos hasta el Mercado Central para ver cosas típicas, regatear y comprar alguna cosa pequeña  si fuese posible. Una intensa lluvia se desató al poco de tiempo de estar allí, que provocó que el mismo comenzara a inundarse y tuviésemos que ir en búsqueda apresurada de algún lugar más refugiado que ya de paso nos permita poder cenar algo. Nos contaban después que por estos días está comenzando la época de lluvias intensas en el país, hecho el cual padecen de manera considerable con profundas inundaciones en la zona.  Finalmente logramos llegar a destino: arroyaditos primavera,  sphagettis a la bolognese, cerveza Angkor, apagón, tuk tuk, pool con más Angkor beer, charlas  y a dormir.

Al día siguiente amanecimos temprano, ya a las 5 a.m. estábamos partiendo rumbo a la región de Angkor para disfrutar de los increíbles monumentos y  templos que allí se alojan. La entrada nos costó 20 dólares a cada uno y la razón del horario implicaba el hecho de procurar ver  la salida del sol detrás de los muros de Angkor Wat,  el templo más conocido y turístico de la región. Lamentablemente el sol brilló, pero por su ausencia, por lo que no pudimos ver el tan anhelado amanecer y seguimos la recorrida sin muchos reparos.

Angkor significa "ciudad" y  su creación obedeció básicamente al capricho de un rey que sometió a más de 400.000 personas de la zona a levantar templos y grandes obras religiosas para reforzar la imagen e influencia de los dioses. Contiene más de 100 templos en su interior y supo ser la capital del Imperio Jemer, o Khmer, en su época de mayor esplendor entre los años 800 y 1.225. Fue posteriormente abandonada en el Siglo XV y redescubierta recién en el año 1860, siendo años atrás declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad .

La recorrida comenzó en "Angkor Wat", el templo más importante de la zona, el cual se traduce como “Ciudad del Templo” o algo por el estilo. Este es la imagen de la mayoría de postales que se venden sobre la zona y es el que se encuentra mejor conservado al día de hoy. Resulta asombroso apreciar las estructuras realizadas miles de años atrás, los dibujos tallados sobre piedra, los arboles que adornan los templos. Un lugar cargado de espiritualidad, historia y belleza arquitectónica antigua. 


El segundo templo que recorrimos fue el que personalmente más me gustó, "Angkor Thom". Las imágenes de las caras talladas sobre las piedras le daban un atractivo particular, además de que en su estado actual se disimulaba un poco más la mano del hombre de épocas actuales.



Ya el calor era insoportable por esa altura, pocas veces en mi vida sentí tanto el peso de la temperatura y la humedad sobre mi. Se volvía imperioso encontrar sombra por momentos y la hidratación era vital para poder seguir adelante en la recorrida. Tenía muchas ganas de quedarme un largo rato sentado, simplemente contemplado lo que estaba frente a mí, pero era imposible bancar al rayo del sol a esas horas.
Pudimos recorrer varios templos más, en donde el más destacable fue "Ta Prom". Este tiene la particularidad de haber sido invadido por raíces de grandes arboles que sobresalen por sobre las estructuras de piedra, dándole un toque misterioso y hasta fanasmal al mismo. En el nos comentaron se firmaron escenas de la película "Tomb Raider", con Angelina Jolie, a quién no tuvimos el gusto de ver en esta visita (no había necesidad de agregar más calor al tour).



Más tarde volvimos al Hostel. Aprovechamos la piscina para refrescarnos, tomar unas cervezas y luego fuimos a los cuartos a dormir una siesta que se alargó hasta el día siguiente ya que estábamos agotados debido a que veníamos de prácticamente no descansar por casi dos días. Es mejor soñar despierto.