viernes, 13 de julio de 2012

Décimocuarto Destino - Dubai y Abu Dhabi, Emiratos Arabes

En que mundo contradictorio vivimos. Salimos de la pobreza desmedida que se percibía en cada rincón de la India, para llegar a un lugar como Dubai en el que el derroche de dinero es moneda corriente por donde se mire. El descubrimiento de petróleo en esta ciudad a mediados de los años sesenta, generó un cambio radical en el aspecto de este desierto, así como también en la forma y calidad de vida de sus habitantes.

Habíamos llegado en la noche y lo primero que impactaba era ver una cantidad descomunal de edificios, inmensos, luminosos y con diversas formas sumamente extrañas. Con los primeros rayos del sol, al mirar por la ventana del hotel en que estábamos alojados se podía divisar que detrás de las enormes autopistas que cubren la ciudad, quedan aún rastros del lugar desértico en que Dubai increíblemente está ubicada.

Los ingresos fundamentales del país se da a través del petróleo, aunque rubros como la hotelería y la construcción tienen su lugar importante también aquí. La falta de identidad propia por la gran cantidad de inmigrantes que aquí viven, fundamentalmente indios, se palpa claramente al transitar por sus calles y en cualquier comercio al que uno acuda. La ambición desemdida por hacer obras que se consideren“más grande del mundo” se vuelve monótono en atracciones túristicas que uno visita: desde el hotel más grande, hasta el edificio, shopping, fuente, pista de patinaje, o lo que se puedan imaginar se incluye en esta categoría. Es cierto igualmente, e importante remarcar, que la desocupación aquí no existe, además de que este país le abre las puertas a muchos extranjeros que encuentran aquí un medio de escape a la falta de oportunidades que en sus países de origen escasean.

El itinerario del Grupo de Viaje marcaba para el primer día aquí, la visita a Abu Dhabi, en formato excursión y horarios estrictamente predefinidos, aunque de carácter opcional dado que había que pagar aparte este tour. Optamos con unos cuantos compañeros por disfrutar el día allí pero en modalidad libre, por lo que arrendamos cuatro autos y definimos una ruta acorde a nuestras pretensiones. Con esto pretendíamos ganar en tranquilidad y también en el dinero a pagar, ya que hacerlo así nos generaría un ahorro considerable de guita que siempre viene bien a esta altura del viaje.

Salimos a las autopistas con el GPS que parecía también estar dormido y desinformado al igual que nosotros, por lo cual se nos dificultó un poco más de lo pensado llegar a los lugares marcados.Nada lo suficientemente considerable como para impedirnos disfrutar del caluroso día por estas tierras o más bien arenas.

El primer destino en Abu Dhabi implicaba conocer la mezquita “Sheik Zayed”, la cual prometía mucho por las fotografías que habíamos visto unas horas antes y las palabras de personas que habían tenido la posibilidad de conocerla anteriormente. La verdad que no defraudó, una obra arquitectónica impresionante, con aires del Taj Mahal y un lujo que se desborda por donde uno mire. Inmensos patios, techos elevados, glamour, lamparas con un estilo navideño que no pegaba mucho con el resto del edificio, túnicas negras tapando de pies a cabeza a las mujeres presentes, e impedimento de muestras de cariño en el interior del lugar, eran sólo algunas de las impresiones que dejaba la recorrida. Estuvimos cerca de dos horas disfrutando de esta obra deslumbrante, desde dentro o fuera de ella se veía la elegancia reflejada por todas partes.

 


 

Un cambio radical se vislumbraba unos minutos más tarde, al pasar de la visita a la mezquita a conocer el “Ferrari World” que hay en la ciudad. Un gran parque de diversiones temáticamente relacionado a la famosa escudería de Formula uno, en el que conviven la montaña más rápida del mundo junto a simuladores, exposiciones de autos y otras atracciones que se ofrecían por los cerca de sesenta dolares que costaba la entrada. 

 


En algún momento había dudado de ingresar, pero el espíritu de niño o adolecente empezaron a aflorar para finalmente decidir mi ingreso al mundo de la velocidad. La decisión fue por demás acertada ya que logré disfrutar mucho de mi estadía por más de cuatro horas en el lugar; muy bueno. La gran contra estuvo dada por las largas esperas que se sucedían para el ingreso a las atracciones, dado que era sábado y además el plato fuerte, la montaña rusa “Formula Rossa”, había estado descompuesta por la mañana. Horas más tarde, la descomposición casi se traslada a mi, la velocidad que agarra ese carro y las sensación es que se disparan ante eso son indescriptibles. Más de 250 kilómetros por hora de vértigo y adrenalina que me dejaron sin aliento por momentos, con muestras de temor al principio para luego sólo dedicarme a disfrutar lo que estaba sucediendo allí arriba.

Metimos algún juego más, simuladores y partimos cuando ya la noche decía presente a nuestro hotel ubicado a unos escasos metros de la cancha del cuadro que dirige Diego Maradona, a quien no tuvimos el gusto de conocer y por tanto de hacer una buena fiesta con su presencia ilustre.

Ya el segundo día en Emiratos implicaba dedicar tiempo a conocer más a fondo Dubai, lo reciente de su historia y ver que se escondía detrás de las fortunas gastadas en obras descomunalmente modernas como innecesarias, aunque ciertamente impresionantes en muchos casos.

Recorrimos la ciudad, bordeando primero la costa y conociendo la mezquita “Jumeirah”, así como también la playa de “Borj Al Arab”. Esta última logró sorprenderme con el color que sus aguas mostraban, aunque los más de cuarenta y cinco grados que había por esas horas hacían bastante inviable poder disfrutarla en demasía. Recorrimos la zona de “Palm Jumeirah”, nombre que adquiere por la forma de palmera que tienen estas playas artificialmente creadas, y más tarde partimos a la zona antigua de la ciudad en Bantakia. Conocimos el museo principal de aquí, el cual estuvo sumamente interesante por la información que brindaba, además de contar con videos que mostraban la evolución demencial de la ciudad en los últimos cincuenta años y recreaciones casi reales de los habitantes del lugar, fauna y flora.

 

A la tarde fue tiempo de una experiencia inolvidablemente bella y nueva. Tomamos unas camionetas 4 x 4 en nuestro hotel que nos llevaron hasta el desierto en el cual pasaríamos la noche. Debíamos ser seis por vehículo, por lo que subimos con parte de mi familia de este viaje integrada por beto, mago, vale, siraco y ceci en busca de ver que nos ofrecería la arena desconocida, junto con la adrenalina de ir rebotando y barrenando médanos con la locura de nuestro conductor al ritmo de Shakira y música árabe a todo trapo. Una demencia como iba esa camioneta que siempre parecía a punto de caer ante las olas de arena que surfeabamos una y otra ves durante un largo trayecto del desierto.


Hicimos algunas paradas de rigor para contemplar los paisajes nuevos para nosotros, los cuales en una primera instancia no me habían deslumbrado pero que al adentrarnos en la zona más desértica me hicieron rápidamente cambiar de opinión y disfrutar lo que mis ojos veían con un atardecer digno de películas del Lejano Oeste.

 

Llegamos al lugar en donde íbamos a pasar la noche y cenar, el cual brilló en la misma medida que el desierto mismo. Ambientación árabe, grandes mesas bajas en las cuales debíamos sentarnos sobre almohadones, escenario circular en el centro con danzas típicas, médanos de fondo y camellos que nos daban la bienvenida. Aproveché para hacer un poco de sandboard antes de la cena, disfrutar la noche y más tarde comer una carne espectacular para la fisura carnívora que teníamos la mayoría de viajeros. Luego fue tiempo de música y baile, lamentablemente al son de la cumbia berreta o de música electrónica que pegaba menos con la onda del lugar que John Wayne de zunga en un “All Inclusive” del Caribe. Me hubiese colgado más escuchar algo más de música típica del lugar, o de solamente dejar que el silencio nos regale los sonidos desconocidos del desierto. Pero los uruguayos queremos “uruguayear” en todos lados, somos muy cerrados generalmente y nos negamos a cosas nuevas. Siempre cuidando la chacrita o el cero a cero, "matematicamente tenemos chances" la fiesta estuvo igualmente muy divertida.


El día siguiente transcurrió con tranquilidad, tiempo de encomienda temprano y en la tarde fuimos a conocer el Shopping, “el más grande del mundo” como no podía ser de otra manera. Era inmenso, con un acuario dentro e interminables locales de tamaño, color y firma que hacían descarrilar las finanzas de mucha gente del Grupo de viaje que me cruzaba con más bolsas que Coppola en su mejor momento. Lo más disfrutable fue el espectáculo que ofrecían cada media hora fuera del mismo, con juego de luces y chorros de agua al compás de la música que variaba entre un espectáculo y otro. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Fede Chaine, un viejo amigo que está viviendo por Dubai, por lo que disfrutamos mucho de reencontrarnos con él, intercambiar vivencias, historias, risas y la magia de ver gente querida tan lejos de casa.


El cambio de chip se imponía nuevamente para el día siguiente, Egipto con su increíble historia detrás y un presente que se prevía saliendo de la tormenta que las elecciones luego de décadas de dictadura habían traído consigo, hacían difícil de predecir hasta no estar allí con que nos encontraríamos realmente. Allá vamos, a escribir nuevas páginas en tierras africanas.

martes, 10 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Nueva Delhi, India

La llegada a Nueva Delhi fue silenciosa, con expectativas de conocer más sobre la vida de Mahatma Gandhi y lo incierto que el destino nos ofreciera por aquí.

Luego de un extenso viaje desde Jaipur, sin tiempo para desempacar partimos a una recorrida por la capital de la India. Cuando uno llega a esta ciudad percibe claramente estar frente a un desarrollo considerablemente mayor del visto en los otros destinos visitados en este país. Si bien la pobreza se sigue vislumbrando de manera constante, no llega a los niveles sumamente altos que se observaban por ejemplo en Jaipur o en algunas partes de Agra, al menos en las zonas que pudimos frecuentar nosotros que quizás no sean el parámetro correcto de comparación. Calles pavimentadas, semáforos, autos, ruido, el clásico caos en el tránsito asiático, ausencia de vacas durmiendo en las calles en un número desmedido, o el calor intenso, son sólo algunas de las primeras postales por aquí.

El primer lugar que recorrimos al llegar a Delhi fue el complejo en donde se aloja la “Torre Qutub”. La misma es un símbolo sumamente importante para los musulmanes, dado que fue el primer templo islámico en ser construido en India. Cuenta con una altura aproximada de 72,5 metros, 379 pisos, siendo la torre de piedra más alta en todo el país. A uno se le pierde la vista al observarla, destacándose las terminaciones talladas sobre la piedra, además del entorno en el que se encuentra el cual es una combinación de espacios verdes con monumentos de piedra de épocas remotas.


Luego de una recorrida por el lugar y de las fotos de rigor, partimos con destino al “Templo Baha'i”, también conocido como “Templo Loto”. La apariencia del mismo inevitablemente me transportó rápidamente al Opera House de Sydney, aunque aquí la música clásica brilla por su ausencia. El centro religioso, creado por una corriente de nombre Bahá'i, tiene un diseño inspirado en la flor de loto, símbolo de pureza y amor, el cual se asocia a la religión y adoración también en la India. El blanco resplandece desde lo lejos, y desde cerca se pueden observar nueve piscinas de agua que la rodean, las cuales crean un sistema de refrigeración natural del salón de oración principal que se ubica en el centro de la misma. Nos descalzamos para entrar, se escucharon las quejas típicas, hicimos una rápida recorrida y partimos huyendo del calor; Moneda corriente de estos días de efecto “apertura de horno en un día de enero” que nos regala India.

Al día siguiente en la mañana fuimos a conocer la “Tumba de Humayun”, que data del año 1570 y ha sido la primer tumba Jardín en ser construida en este país. La misma sirvió como inspiración para la construcción del Taj Mahal, pudiendo esto apreciarse ni bien uno ingresa al recinto aunque con una dimensión considerablemente inferior a la del mítico monumento de Agra.


Además este segundo día en Delhi nos marcaba un itinerario centrado en una de las personalidad más importantes en la historia de India y de la humanidad: Mahatma Gandhi.

Partimos entusiasmados con destino al lugar en donde se encuentra su tumba y memorial, en Raj Ghat. Hermosos jardines sumamente cuidados es lo primero que alcanzo a divisar al acercarme a la zona del mausoleo y que me llama la atención por ser muy contrario a lo que uno espera generalmente de este tipo de lugares. La tumba de mármol negro de este incansable luchador por la paz e independencia de este país, estaba rodeada de peregrinos lo cuales intuyo estaban rezando o simplemente dando muestras de afecto a alguien tan importante para la India y sus vidas.

 

Me quedé un rato contemplando la tumba y el lugar, perdiendo mi mirada en el fuego que se mantiene incansablemente encendido desde la creación de este espacio. Intenté reflexionar un poco sobre lo injusto de su asesinato y de como fue posible que la paz impulsada por él, su humildad, ideas e ideales hayan podido más que la violencia tan hecha costumbre a lo largo de la historia mundial. Salvando las distancias y sin querer hacer comparaciones incomparables, me vino la imagen a la mente de Lennon mientras estaba allí parado. El factor común de lo injusto de sus muertes, pero también la vigencia de una filosofía de vida y del legado invalorable que han dejado inmortalmente en la vida de generaciones de soñadores que luchan por un mundo más justo y mejor para todos. Las banderas de la paz, el amor y la vida, flameando frente a las adversidades de un mundo enfermo y violento. Referentes indudablemente necesarios para nuestras vidas y la conciencia colectiva.



Salimos rápido del mausoleo para visitar el Museo también de Gandhi, a unos pocos minutos de distancia entre uno y otro. Aquí pudimos disfrutar en la recorrida de mucha información de su vida, su infancia y las diferentes etapas que atravesó hasta su muerte, las transformaciones que lo llevaron a ser el icono intergeneracional que es hoy en día, sus ropas, efectos personales, fotografías, estatuas, pinturas. En fin, más información y las puertas abiertas para conocer a alguien tan importante para la historia universal, en uno de los lugares por los que tanto lucho verlos libre sin necesidad de que las calles se tiñan de sangre y violencia. Me quedo con las vigentes palabras que dijo alguien “un poco inteligente” como Albert Einstein: "Las generaciones que vienen, apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso.". Sin dudas, espero los referentes sigan apareciendo y no se esfumen en el mundo materialista e individualista que muchos proponen construir hoy en día.


Cuando ya el horno era insoportable, salimos de recorrida por un mercado local típico, pasamos frente al “Fuerte Rojo” de Delhi, y retornamos al hotel para descansar del trajín de estos días tan intensos. Nuevamente la información era mucha, las sensaciones diversas y el tiempo corriendo en nuestra contra como para poner todo en orden.

Con esto finaliza nuestra peripecia por India, con confirmaciones, certezas parciales y las imágenes de un país con un futuro limitado en muchos aspectos y necesidades complejas de toda índole. El agradecimiento para nuestros guías, Ankit y Nakul, por mostrarnos y enseñarnos tanto sobre el lugar en que nacieron y viven, con una alegría contagiosamente constante. Los oasis en el desierto de este país, la luz de esperanza al final del túnel.

martes, 3 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Agra y Jaipur, India


El itinerario marcaba que Delhi iba a ser sólo una escala de momento. El día siguiente de nuestro arribo ya debíamos tomar un ómnibus con destino a Agra, por lo que debíamos esperar unos días para poder conocer que tenía para ofrecernos la capital India.

La ciudad de Agra se encuentra ubicada a unos doscientos cincuenta kilómetros de donde partimos, lo cual implicaría que unas 6 horas de ruta de tránsito incomprensible nos separarían de nuestro arribo a la misma. Un largo trayecto que logró hacerse corto gracias a la presencia de nuestro guía, Ankit, que durante gran parte del recorrido nos explicó muchas cosas sumamente interesantes de las costumbres, cultura e historia de la India: el arreglo de matrimonios, sistema de castas, hinduísmo, por mencionar sólo algunos de los relatos del trayecto.

Agra tiene la particularidad de no encontrarse identificada a ninguna cultura específica, o típica, como ocurre en otras ciudades en la India. La diversidad en el culto de las religiones, y de apertura a aceptar esto, predomina en la región.

Más allá de lo prometedor del lugar, mi llegada no fue la ideal. El malestar estomacal me venía persiguiendo desde mis últimos días en Nepal y se había agudizado por estos días, lo cual me impedía poder disfrutar como pretendía de esta parte del viaje. Padecer estos síntomas en India es un factor común del Grupo de Viaje, en un momento eramos más de cuarenta que nos encontrábamos en las mismas condiciones, lo cual hacía que el arroz con queso haya sido el plato predilecto a la hora de la cena para muchos. Esta situación sanitaria me llevó a priorizar el descanso en el primer día y desistir de realizar algún paseo como el de poder conocer el Fuerte Rojo. Más allá de esto, al día siguiente nos esperaba uno de los puntos fuertes de nuestra visita a este país, el Taj Mahal, por lo cuál se volvía imperioso estar en óptimas condiciones para conocer este mítico lugar.

 



El Taj Mahal ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1983, además de ser considerado unas de las “Siete maravillas del mundo” (por más que si uno le pregunta a alguien de estas latitudes probablemente te diga que es la “Primer Maravilla” más allá de no estar rankeadas las mismas). La construcción del mítico monumento requirió más de veintiún años, demandando más de 20.000 trabajadores, profesionales y artesanos que hicieron posible esta obra de semejante magnitud.

El fundamento primario y fundamental de su creación se centra en ser el reflejo de una muestra de amor del emperador Shah Jahan hacia su esposa predilecta, Mumtaz Mahal, la cual murió dando a luz a su hijo número catorce. Cuenta la historia que mientras agonizaba sabiendo que el final de su vida era inminente, producto de una fuerte hemorragia generada como consecuencia del parto, ella le pidió al emperador tres últimos deseos: que no tuviese más hijos con sus otras esposas, que no se volviera a casar y que le construyera una hermosa tumba como demostración del amor que ambos habían tenido. Pretendía que futuras generaciones conocieran su historia y que el amor profesado entre ambos superara las barreras del tiempo. Todo esto llevó a la construcción de este impresionante mausoleo de mármol blanco, que deslumbra desde cualquier ángulo que se mire o rincón por el que se transite.

Se encuentra considerado como uno de los edificios más importantes de la dinastía Moghol, combinando en sus colores, jardines y canales de agua, una representación del paraíso para su cultura, y con una impresionante simetría que se observa casi en la totalidad del mismo.



Deslumbrados y fascinados con lo visto, partimos rumbo al hotel en busca de escapar del calor intenso que empezaba a acechar la ciudad, con la certeza de haber estado frente a un lugar efectivamente maravilloso.

Al día siguiente el camino a Jaipur iba a depararnos conocer Fathehpur Sikri, antigua capital del Imperio Moghol. Dicha ciudad fue construida en el año 1569, bajo las ordenes del emperador Akbar, requiriendo once años de construcción pero que curiosamente sólo fue habitada durante doce. La falta de agua fue el elemento fundamental para que se desistiera de permanecer aquí. El lago artificial de aproximadamente veintitrés kilómetros que se ordenó construir ,fue insuficiente para abastecer a la población que habitaba estas tierras, por lo que en pocos años el abandono hizo que el lugar adquiriera el aspecto de una ciudad fantasma resguardad tras las grandes murallas que la cubren.

Luego de una colgada recorrida desafiando los más de cuarenta grados que de seguro habría a esas horas, subimos a nuestro ómnibus para llegar hasta Jaipur, también conocida como la “Ciudad Rosa” (color de suerte por estas latitudes). Con la visita del Principe de Gales en el año 1905, se decidió pintar la ciudad con el color rosa a efectos de darle una bienvenida acorde y un toque pintoresco a la misma. Esa idea trascendió las generaciones y hoy en día se observa la amplia mayoría de casas pintadas de rosa o con algunas gamas similares, como el salmón. Siendo la capital del estado de Rajastán, alberga al día de hoy aproximadamente seis millones de habitantes, población que viene en un aumento sostenido desde hace muchos años atrás.

A la noche fue momento de nuestro segundo evento del Grupo de Viaje. Mucha bebida, idiomas extraños, intentos de arrojar a la fuente del local a propios y extraños, así como bailes diversos y guías amigos en avanzado estado de ebriedad.


El primer paseo del próximo día implicaba ir a conocer el Fuerte Amber, en las afueras de la ciudad. Las imágenes de Jaipur distaban considerablemente de los otros destinos que habíamos conocido acá en India; prolijidad en las calles, ausencia de basura por doquier, rostros que reflejaban una mejor vida y un futuro más alentador. El Fuerte se encuentra ubicado en la cima de una colina, en donde es necesario atravesarlas y luego tomar un Jeep para llegar a lo alto de la misma que es por donde se ingresa. Predomina la piedra color arena y el mármol, además de contar con grandes murallas que nos retrotraen a imágenes vistas durante la visita a la Gran Muralla China. Salvando las distancias, obviamente. Un lugar que valió la pena visitar, más allá de estar la gran mayoría mal heridos por el agite de la noche anterior, por las hermosas vistas que regalaba y las postales que se dibujaban por los distintos rincones del mismo.




Más tarde visitamos un lugar donde hacían alfombras, sumamente bonitas pero también costosas para viajeros “low cost” como nosotros, y finalizamos la recorrida visitando un parque astronómico bastante interesante por funcionar exclusivamente con luz solar.



Los mercados volvían a aparecer como opcionales unas horas después, pero desistí del atomice de los vendedores y el consumismo de telas diversas. Hotel, piscina, waterpolo y cena. El cansancio hacía mella en todos, el ritmo del Grupo de viaje pasa factura y las madrugadas festivas se encargan de dar el último toque camino al temprano sobre.

Por momentos siento que se vuelan los destinos, y que se vuelve sumamente difícil poder procesar tantas cosas juntas que voy viviendo a un ritmo sumamente intenso como cambiante. Delhi nos espera, la procesión quedará para después.


viernes, 29 de junio de 2012

Trigésimo Destino - Varanasi, India

La llegada a India venía envuelta en diversos comentarios de índole sanitario y de una pobreza extrema.

El primer destino en este país era la ciudad de Varanasi, cuna del hinduismo y primer civilización de la historia de la humanidad según los guías locales. La ciudad adquiere dicho nombre en función de encontrarse situada entre dos ríos: Varuna y Asi.

En India viven más de mil doscientos millones de habitantes, en donde en el entorno del ochenta por ciento de la población es de religión hinduísta, el resto se reparte mayoritariamente en musulmanes y en menor medida cristianos u devotos de otras pequeñas religiones. Estos datos, al igual que en Nepal, no son menores a la hora de procurar entender como viven y piensan por aquí.

Las primeras imágenes al llegar a Varanasi fueron fuertes, chocantes. Los cuentos sobre este lugar quedan cortos ante las sensaciones que se experimentan al ver la pobreza en la que vive la gente de esta zona. Se observan niños desnutridos, prácticamente sin ropa, correteando descalzos por las sucias calles o durmiendo rodeados de moscas en ellas. Gente pobre, con miradas perdidas y un futuro de esperanzas quebrado probablemente desde que tienen uso de razón.

Una ciudad gris, con tierra sobrevolando el aire, basura por doquier y casas que parecen a punto de caer. Las mismas son todas muy parecidas, con un rústico comercio delante y encima del mismo el lugar en donde viven.

Las vacas, sagradas ellas, transitan por la ciudad libremente encima de las precarias veredas, o bien recostadas tranquilamente sobre la calle misma. Muchas de ellas sumamente desnutridas parecen no tener dueño, aunque después nos cuentan que salvo las más viejas que ya no resultan productivas, si lo tienen y son dejadas ahí al inicio del día para que “empasten” tierra o desechos.

Se dice que esta es la ciudad del dios Shiva, uno de los dioses principales de la religión hinduísta junto a Brahama y Vishnu, por lo cuál la misma adquiere una dimensión especial para sus devotos En el entorno de cinco mil peregrinos por día arriban a Varanasi, principal ciudad espiritual de India, en busca de purificar su alma en el Río Ganges. En las fechas religiosas el número asciende al entorno de los doscientos mil visitantes diarios, lo cuál marca a las claras la importancia del lugar para ellos. Cuentan que al menos una ves en su vida, todo hinduísta la visita, haciendo cientos de kilómetros de a pie en muchos casos o de la forma que sea para poder llegar al mítico lugar.

La visita al Río Ganges comenzó en horas de la madrugada, en busca de ver allí amanecer, dado que es la hora en la que asisten la mayoría de peregrinos y además de vuelve necesario buscar zafar lo más posible de las altísimas temperaturas que azotan durante el día. El calor se vuelve realmente insoportable por momentos, temperaturas seguramente superiores a los cuarenta y cinco grados, hacen sumamente tedioso estar en la calle después de las ocho de la mañana.

Cerca de las cuatro y media de la mañana estábamos descendiendo de nuestro ómnibus en busca de llegar al Río, aunque nos separaban unas diez cuadras que había que hacer a pie para llegar.

El panorama de esas calles en la oscura noche era crudo, triste y desolador. Se veía aún más pobreza. Más personas extremadamente humildes, sin más ropa que sus pantalones, las cuales dormían en la calle, veredas o donde fuese. Algunas comenzaban a despertar y me llevaban a plantearme si realmente era lo que querían, duele ver la realidad a veces. La basura estaba desperdigada por todas partes y el olor era insoportable, difícil de respirar por momentos. Se veían muchas vacas en la calle, durmiendo o transitando sobre ellas, comiendo basura y rodeadas de moscas. Un panorama desolador, un baño de la peor cara de la realidad. Es crudo pensar como puede haber gente tan pobre en el mundo, que no tiene absolutamente nada, y mientras tanto en el mundo se gastan cifras millonarias en armamentos, guerras inexplicables y cosas banales sin ningún sentido alguno.

Cuando el día comenzaba a clarear, el Río Ganges, su historia y la diversidad de imágenes que regalan sus peregrinos a sus orillas, se pusieron ante nuestros ojos. Subimos en primer lugar hasta un observatorio, en donde luego de subir unas escaleras pudimos divisar más claramente el lugar en su totalidad. Desde lo alto, la contaminación que hay en el interior del río no se percibe y la vista es bastante bonita, algo muy lejano de lo que preveía antes de conocer la zona.



Una vez debajo, comenzamos a bajar las escalinatas que llevan a orillas del río para tomar una embarcación en la que daríamos una recorrida por el mismo. Lo primero que nos mostraron fue el lugar en donde se realiza las cremaciones, las cuales derivarán posteriormente en cenizas que serán arrojadas al mar como parte de sus creencias. Las llamas de la madera ardiendo se podían observar claramente, al igual que el humo negro y el olor nauseabundo de los cuerpos quemándose. También sus familiares despidiendo a sus seres queridos, con muestras de dolor y respeto.


Navegando, las imágenes se sucedían con un aire de incredulidad de lo que estábamos viendo. Personajes diversos se cruzaban en nuestro camino, hindúes bañándose felices como quien va a la playa de vacaciones, otros lavando sus ropas en el río, rezando. Una vaca muerta a la que sólo se le veía parte de su lomo inmerso en las aguas, niños, mujeres, ancianos, jóvenes. La contaminación, así como sus potenciales consecuencias sanitarias, quedaban en un segundo plano detrás de la fe y la búsqueda de purificación espiritual que los trae hasta aquí.


Se vuelve muy difícil transmitir con palabras las sensaciones que se experimentan estando en un lugar como estos, tan distinto y con una cultura que me resulta prácticamente imposible de descifrar en algunos aspectos.

Salimos del río ya padeciendo el calor que nos abrazaba y deshidrataba a cada paso que dábamos. Tomamos el autobús para dar una recorrida por la zona en la que se encuentran las universidades y dos templos más de camino. Me quedé con ciertas ganas de entrar a ver un poco sobre el funcionamiento de las facultades aquí, sobre la gente que asiste y como es la infraestructura de los centros educativos en esta parte de India. De los templos poco que contar, uno un poco novedoso debido a que en su interior tenía un mapa de la india tallado en piedra y otro del que poco nuevo hay que destacar al respecto.



Ya llegando a las diez de la mañana retornamos al hotel, dormimos un poco y en horas de la tarde partimos en avión con destino a Nueva Delhi, capital del país. Nos alojamos en un lujoso hotel, demasiado lujoso. Al momento de escribir estas lineas me percato de los contrastes del día de hoy, somos indudablemente muy afortunados.


martes, 26 de junio de 2012

Doceavo Destino - Pokhara, Nepal


Dejamos la zona selvática que ofrecía el Parque Nacional de Chitwan, para recorrer unos kilómetros vía ómnibus hasta Pokhara. Esta ciudad se encuentra ubicada en una de las mesetas de las montañas Annapuma, las cuales son las segundas en altura en Nepal detrás del conocido Everest.

Arribamos bastante cansados al hotel producto de la combinación letal de haber madrugado bastante, con los festejos de la noche anterior y unas cuantas horas abordo de un autobús. Cuando muchos pensábamos en el reposo al borde de la piscina, dado que el resto de la tarde la íbamos a tener libre  en un principio, surgieron dos paseos pasibles de ser realizados, a los cuales dubitativos terminamos accediendo.

El primero consistía en la visita de las “Cuevas Mahendra”, las cuales como su nombre lo indica son básicamente cuevas que cuentan con una representación en piedra del dios Ganesha al final de las mismas. Este último es un dios del hinduismo, que tiene la particularidad de tener cabeza de elefante y ser uno de los más queridos por quienes profesan esta religión, o filosofía de vida como prefieren llamarlo ellos. Simboliza la prosperidad, fortuna, alegría. Es hijo del dios Shiva, el cuál simboliza la destrucción y posterior renacimiento, y la diosa Párvati, todas figuras claves para comprender esta religión, sus creencias y forma de vida.

Las cuevas dejaban mucho que desear al igual que la estatua, quizás el hecho de ya haber visitado una gran cantidad en lo que va de este viaje haya incidido en esta percepción, pero las historias contadas por nuestro amigo guía Sudán sobre aspectos que hacen al hinduismo me parecieron bastante interesantes de ser escuchadas.


El próximo paseo del día consistía en conocer las Cascadas “Davis Falls”, nombre que adopta en honor a una persona que allí perdió su vida. Cuenta la historia que en el año 1961 Davis y su esposo se encontraban disfrutando del día a orillas de la cascada, cuando una creciente provocada por la apertura de la represa del Lago Phewa hizo que ambos perdieran su vida al ser arrastrados por la corriente. El cuerpo de Davis fue encontrado mucho tiempo después y las cascadas adoptaron el nombre de ella en su memoria.

Me pareció una recorrida interesante, no deslumbrante, dado que lamentablemente desde el lugar en que estábamos no se podía apreciar en demasía su verdadera dimensión. Unas fotos, preguntas, calor y partida.


Al día siguiente a primer hora de la mañana íbamos a hacer Parapente quienes hubiésemos optado y pagado por realizar este deporte extremo. Era una actividad que anhelaba mucho poder hacer, la idea me parecía sumamente atractiva y además me había quedado con la sangre en el ojo en Queenstone, Nueva Zelanda, de poder concretarla. La revancha estaba presente, aunque no a la vuelta de la esquina precisamente.

Las condiciones climáticas al comenzar el día no eran las mejores. Había caído algo de lluvia en la madrugada y los vientos no se presentaban en las condiciones adecuadas para los entendidos en el tema. La actividad se aplazó para el mediodía, supeditada al hecho de que a esa hora la seguridad de quienes la realizáramos estuviese garantizada. Parecía que nuevamente la posibilidad de ver alguna ciudad desde lo alto, volar sin sustancias, estar más cerca del cielo y sentir en el rostro el “vientesillo de la libertad” como dice J. Sabina, me iba a resultar nuevamente esquiva.

El cambio de planes llevó a que hiciésemos en primer orden del día, un paseo a bordo de un bote por el Lago Phewa. La vista era por demás atractiva, se observaban rodeando dicho lago varios picos de montañas y un bonito valle como marco natural. El paseo en si no era nada del otro mundo, solamente divertido porque quien remaba el bote para cinco tripulantes era un compañero del Grupo, Gastón, que parecía un nativo más. Estuvimos cerca de media hora contemplando el paisaje y visitando una pequeña isla cercana, para retornar a tierra firme en busca de novedades respecto al parapente.



Las buenas noticias finalmente llegaron, tomamos una camioneta y empezamos a subir la empinada montaña que nos permitiera tener la altura necesaria para realizar esta actividad extrema. Los nervios eran menos de los pensados, estaba tranquilo, deseoso de experimentar nuevas sensaciones y confiado en que todo saldría bien.

Al llegar a la cima de la montaña la postal que ofrecía la ciudad desde allí era sumamente impactante. Una mezcla perfecta de urbanismo con verdes montañas, a lo que se le sumaba un hermoso lago a los pies de las mismas. Me asignaron el instructor que me acompañaría en el salto y luego de desenvolver el paracaídas, corrimos por el pasto hacia el vacío que nos esperaba a unos escasos metros desde donde nos encontrábamos. La sensación al sentir que ya no pisábamos la tierra fue indescriptible, cargada de adrenalina y vibraciones desconocidas. Comenzamos a planear en el aire, era un deleite   la vista desde allí, no había palabras capaces de describirla en ese contexto.
  

Estuvimos cerca de media hora volando, predominando la calma por sobre los miedos que uno previamente podía presumir estarían presentes. El único momento de cierto temor y en que el estomago comenzó a percatarse que nos encontrarnos a cientos de metros de altura, se dio cuando el instructor me preguntó si quería hacer acrobacias y sin titubear asentí. La verdad estuvo bastante salado y desconcertante por las posiciones en las que quedábamos en el aire. El cielo se hizo piso, el piso cielo y la brújula se me perdió entre las montañas de Phokara. Luego de la sorpresa volvió el disfrute, el planear cerca de los verdes arboles y el gozar al ver a los pájaros desde cerca en su hábitat natural.


El aterrizaje fue muy tranquilo, contrario a lo que preveía. Luego del estado de excitación prácticamente generalizado de quienes habíamos saltado, tomamos nuevamente la camioneta y partimos algunos con destino al Hotel y otros camino al trecking en la montaña en donde pasarían la noche.


Luego de la cena tomamos unas cuantas cervezas al costado de la piscina con varios compañeros del grupo y luego de filosofías varias fue tiempo de ir a dormir relativamente tarde para las horas que venimos manejando por acá.

El día siguiente era tiempo de volver a Kathmandú, punto de inicio y final en nuestra estadía en este país. Este año habían dado la opción de hacerlo vía ómnibus, como era habitual en generaciones anteriores, o bien tomar una avión que por unos cien dolares rapidamente llegaría a la ciudad. Los motivos del cambio opcional de modalidad se centraban en el temor de una ruta complicada para hacer vía terrestre por la presencia de precipicios varios y formas de conducir inexplicables, y/o en ganar en tiempo de descanso en un viaje de unas cuantas horas menos haciéndolo por aire. Opté por ir en ómnibus, pensaba no ameritaba el gasto y que las complicaciones muchas veces son barreras auto impuestas o generadas por las versiones, comentarios, mitos o el famoso “me contaron que” sin demasiados argumentos. Llegamos sanos y salvos, más allá de haber pasado grandes vehículos en repechos, curvas, puentes, triple fila y ver una forma de conducir de la que debería desarrollar una teoría profunda para intentar comprender o explicar.

A la noche, luego de la cena de rigor fue tiempo de Evento del Grupo de Viaje en jardín del hotel.  Música uruguaya y de otras latitudes, bebidas varias, baile y baño en la piscina final, se puede decir que resumen la bonita velada.

Partimos de Nepal con la idea de haber conocido un país distinto, con mucho gris en la ciudad, y altos niveles de pobreza generados como consecuencia de un sistema político corrupto e ineficiente. Fuera del caos de la ciudad, a unos pocos kilómetros de distancia, el país aloja paisajes increíbles, deslumbrantes, dignos de sueños de la naturaleza tan querida y anhelada por personas acostumbradas al asfalto.

El color lo trae también mucha de su gente, la que mantiene la llave de la esperanza y no se rinde a luchar por un futuro mejor o disfrutar la vida a su manera. Como en todo el mundo, algunos la pelean, otros simplemente se dejan estar asumiendo su realidad. Algunos viven, otros sobreviven y algunos solamente se dejan morir. Siempre es más fácil hablar de afuera, con ciertos valores inculcados desde pequeño y una realidad socio económica del lugar en el que vivimos que ofrece otra esperanza a la cual aferrarse muy distinta a la vimos en estos días aquí.

El deseo de un futuro mejor para este hermoso país que tan bien nos ha recibido. Que el sol no se esconda tras el Himalaya salvo para regalar ese hermoso momento que ofrece cada tanto una ves al día. Gracias por abrirnos sus puertas.