lunes, 23 de julio de 2012

Décimoquinto destino - Aswan, Luxor y Sharm El Sheik, Egipto

La llegada a Awsan fue mediante un vuelo interno y de escasos minutos. Las condiciones de seguridad para hacerlo por tierra, como era costumbre en el Grupo de Viaje, se entendía no estaban dadas en este momento por lo que se suprimió realizar este tramo en tren. Si bien en nuestra estadía en Egipto no hemos presenciado ningún suceso que nos hiciera temer por nuestra integridad, el hecho de viajar permanentemente custodiados por gente armada, hacía que tomáramos cierta conciencia de que el lugar no daba para estarse regalando y que las precausiones nunca estaban de más.

Lo primero que conocimos en esta ciudad fue la “Represa de Aswan”, la cual fue construida para evitar que las aguas procedentes de Uganda y Sudán llevaran al desborde del río y generar una gran cantidad de pérdidas en las cosechas, templos, como demás aspectos de la zona. Esta represa permite además proveer de energía la zona, así como también administrar el caudal de agua para afrontar los meses de sequía que generalmente afectan a la región. La misma no logró generar en mi un atractivo particular, más allá de que la vista que ofrecía por encontrarse entre el Río Nilo y el Lago Naser ameritaba algún elogio por el contexto en que se encuentra ubicada.

 


A unos pocos kilómetros de allí se ubica el “Templo de Philae”, el cual tiene la particularidad de encontrarse en medio de una isla, a la cual que sólo puede accederse a través de un bote luego de un corto recorrido. Este templo fue construido en honor a la "Diosa Isis", diosa de la magia y símbolo tanto de la fertilidad como de la vida. El mismo supo estar sumergido en gran parte por las aguas que lo rodean, notandose en algunas partes el deterioro que ha sufrido por esta causa. La mezcla de estilo griego y romano se aprecia en las construcciones del templo, las marcas de las inundaciones que tiñen de negro sus columnas también.
 


Más tarde hicimos también el paseo probablemente más “de relleno” de lo que va del viaje, visitar el monumento denominado “Obelisco Inacabado”. Básicamente era una roca en medio de una cantera de granito, que si uno se esforzaba mucho (o consumía algún tipo de sustancia previamente) podía llegar a entender el fundamento de nuestra visita. Sólo daba para tirar algún chiste previsible y disfrutar de sobremanera el aire acondicionado del ómnibus que nos trasladaba de un destino a otro, dados los cerca de cuarenta grados de temperatura que había en esos momentos.

Uno de los momentos más esperados nos esperaba poco tiempo después: abordar un Crucero a través del cual durante cuatro días recorreríamos parte del país por las aguas del Nilo. Dada la gran cantidad de gente que somos en esta etapa del viaje, cerca de trescientos cincuenta, nos dividieron en dos grupos diferentes para estos días. Nos tocó el crucero de mayor dimensión, de nombre “Tuya”, que era sumamente completo y lujoso para nuestras pretensiones. Camarotes espaciosos para dos, restaurante, terraza, piscina, pub, sala de masajes, tiendas de venta de ropa, y algún servicio más que se me escapa, se encontraban desperdigados a lo largo de los tres pisos del mismo. También había allí un hermoso piano en el hall de entrada, el cual supimos disfrutar haciendo algo de música en horas de la siesta egipcia. Con el Mago al piano, Claudita en sus habituales coros y mi rascada de viola habitual, interpretamos unos cuantos temas diversos, variados y en algunos casos bizarros como de costumbre.



Luego de reconocer la cancha devenida en barco, hicimos un paseo opcional que consistía en una recorrida a bordo de un velero por las aguas del Nilo hasta la ciudad en donde habita una especie de “tribu” local denominados “Nubios”. Realizamos un baño refrescantemente disfrutable en las frías aguas del río, algunos optaron por realizar un paseo en camello por la zona, vimos un criadero de cocodrilos y finalmente tomamos una copa de bienvenida con una vista espectacular a nuestras espaldas.


De retorno en nuestro pequeño barco, mientras navegabamos decidimos con unos pocos compañeros subir a la azotea del mismo para ver el inminente atardecer que lentamente se imponía desde allí. El desierto del Sahara asomaba a uno de nuestros costados, la magia que el lugar regalaba en cada metro que íbamos avanzando era impagable. Dada la presencia en el lugar de nuestro guía egipcio, Mustafá, arovechamos el momento para informarnos y aprender más sobre la situación actual en la que se encuentra Egipto en estos momentos. Una charla sumamente enriquecedora, cargada de información desconocida, vista desde una óptica diferente y alejada de los intereses que los medios de comunicación manejan. Una tarde simple, pero sumamente bella y de una necesaria tranquilidad que imponía el propio lugar.



El día siguiente empezó a las tres de la mañana, vianda en mano partimos a conocer los templos "Abu Simbel" en un viaje en ómnibus de unas cuatro horas. Tuvimos que salir en una especie de caravana, dado que para este trayecto se recomienda a los turistas hacerlo con custodia policial para evitar así posibles contratiempos en la ruta. Se vió todo muy tranquilo, mucha arena de camino y nada que presumiera algo extraño.


En "Abu Simbel" se encuentran dos majestuosos templos, uno en honor de Ramsés II y otro más pequeño en honor a su esposa favorita Nefertari. Estos inmensos e impresionantes templos debieron ser desplazados años atrás por unos cuantos metros sobre montañas artificiales, debido a que las crecientes en las aguas hacían que los mismos corrieran riesgo de destruirse o deteriorarse por este motivo. Para hacer esto, que parece prácticamente imposible dado el tamaño de los mismos, fue necesaria la ayuda de la UNESCO quien aportó gran parte del dinero necesario para realizar esta tarea sumamente compleja que no evidencia ninguna secuela alguna de este traslado.


El templo de Ramsés II cuenta con cuatro grandes estatuas en su puerta, las cuales simbolizan las distintas etapas atravezadas a lo largo de su vida. Salvo una de ellas, que ha sufrido una rotura a causa de un terremoto, el resto se encuentra en un increíble perfecto estado. En su interior hay más de estas, aunque más pequeñas, además de una gran cantidad de pinturas sobre las piedras que adquieren diversos significados para esta cultura milenaria.


El contexto en el que se encontraban ambos templos, con un radiante Lago Naser a sus espaldas, hacían de esta visita una de las más impactantes de Egipto y probablemente del viaje. Contemplé el lugar desde lo lejos, desde cerca. A veces parece mentira que uno realmente esté frente a este tipo de maravillas que el mundo ofrece.

Volvimos al hotel sumamente cansados por las pocas horas de sueño conciliadas en los últimos días, sumados al trajín que el lugar impone y las altas temperaturas reinantes. Luego de una buena siesta, realizamos una larga jornada de bebidas y relax en la piscina de la parte superior del crucero que permitieron dejar por un tiempo atrás las recorridas de templos y similares, el andar incansable, el conocer constante que por momentos abruma ante la falta de tiempo de proceso de las cosas que se viven de manera constante.



A la noche fue turno de disfrutar de una fiesta de disfraces en el restaurate ubicado en el interior del crucero, la cual había sido organizada por el grupo para esa noche de viaje. Adquirí un atuendo árabe fusionado con elementos que iba consiguiendo de camino, como una bata, unas pantuflas, lentes "Ray ban", o un vaso retacón de whisky, que poco tenían que ver con la idea primaria. La fiesta estuvo sumamente divertida, bailamos la música de siempre, baño en la piscina y vimos como las amenazas de baño al Nilo se fueron diluyendo junto con la noche.

 

Al día siguiente en la mañana había un paseo que no recuerdo, ya que era sumamente inviable que pudiera moverme y reaccionar a tan tempranas horas de haberme acostado semi maltrecho. Los pocos que fueron poco acotaron al respecto, por lo que estimo tomé una buena decisión al no ir a ver como el sol se burlaba de mi con sus más de cuarenta grados a cuestas.

A la noche, ya amarrados en la ciudad de Edfu, tomamos un ómnibus que nos llevaría hasta el “Templo de Karnak” en donde disfrutaríamos de un espectáculo de luces y sonido. Este es un complejo de tres templos, que lo convierten en el mayor en Egipto. El mismo fue enviado a construír por el Rey Amenhotep, aunque fue finalizado y ampliado por otros faraones posteriores.

A nuestra llegada se encontraba en penumbras, practicamente no se podía divisar lo que nos esperaba conocer minutos más tarde. Unas potentes voces en castellano comenzaron a hablarnos desde los parlantes del interior, las luces comenzaron a encenderse tenuemente y las inmensas puertas se abrieron de par en par invitandonos a adentraramos en el lugar.

Las historias eran un poco confusas, aunque el lugar era sumamente cautivante por donde se lo mirara. Jeroglificos en las paredes, estatuas, un lago que generaba reflejos increíbles con los juegos de luces que se iban encendiendo a medida que las historias se iban sucediendo.

Un momento gratificante, digno de una película de misterio, que hizo que el sueño se prorrogara gustoso frente a un espectáculo de perfecta sincronización y desarrollo.

El cuarto día de crucero en Egipto implicaba trasladarnos hasta Luxor, en donde a primero hora del día visitaríamos la necrópolis de Tebas. Allí conocimos en primer lugar el “Valle de los Reyes”, lugar en donde hicieron las tumbas faraones de varias dinastías. Tuvimos la oportunidad de ingresar a varias de ellas, en las que sobresalen la gran cantidad de pinturas en sus paredes. Llama la atención como las mismas conservan el color, aunque tiempo después descubrimos que muchas de ellas han sido retocadas para que no se pierdan tras los ladrillos que las alojan. La más conocida de la zona es la de Tumba de Tutancamón, para la cual es necesario pagar algo extra para su ingreso, aunque al igual que el resto se encuentran despojadas de la gran cantidad de tesoros que originalmente albergaban.

Ese día también visitamos el “Valle de las Reinas”, con aspectos similares al de los Reyes, además del Templo de Hatchpsut construido en honor a la primer mujer que gobernó este país durante más de veinte años.

El resto del día siguió de descanso, ya que la tónica de estos días en Egipto han sido la de levantarnos sumamente temprano prácticamente todos los días, lo que sumado al intenso y sofocante calor hacían difícil poder sumar más recorridas en nuestro itinerario.

A la noche organizamos otra jornada de encuentro bebible bailable para despedir a varios amigos que ya se bajaban del Grupo de Viaje. En horas de la madrugada partimos hacia El Cairo para enganchar el vuelo hacia Sharm El Sheik en donde tomaríamos unos cuantos días de relax y despedirnos de esta etapa grupal que tanto hemos disfrutado.

La estadía en El Sharm se resume a cinco días de descanso en un lujoso resort que cuenta con inmensas piscinas, toboganes de agua, deportes acuáticos, y posibilidad de realizar saltos desde un muelle directo al azul Mar Rojo. Visitas al centro de la ciudad en busca de víveres y cena diaria. Un controvertido evento que organizamos con la colaboración de otros compañeros que desembocó en una cuenta de mil doscientos dolares por daños diversos y posterior asamblea. Reencuentro con muchos amigos, desencuentro con otros. Desayunos abundantemente interminables, charlas, más piscinas, partidos de fútbol cinco. Despedidas afectuosas, cariños intactos y deseos de lo mejor para lo que se viene, acá y en Uruguay.



Un párrafo aparte para la despedida de dos grandes amigos que me ha dejado este viaje: beto y mago. Parte de la “familia de viaje” se ha separado momentaneamente, al menos en mi caso hasta la vuelta a Montevideo. Más de tres meses juntos, con innumerables historias compartidas y momentos que van a quedar guardados en el mejor de mis recuerdos. Los toques, las imitaciones, las risas, las conversaciones, los whiskys sólos y cortados con coca. El Flaco Spinetta, Charly, “Cecilia”, Cabrera y “la radio en la rambla”. Espero que estas sean sólo las primeras hojas a escribir. Simple y complejamente: gracias por tanta vida amigos.



viernes, 20 de julio de 2012

Décimoquinto Destino - El Cairo, Egipto


El viaje deparaba conocer Egipto, nuestro primer y único país en el continente africano. Las incógnitas respecto a la situación actual de un lugar en plena transformación eran muchas de nuestra parte, las de ellos seguro respecto al momento histórico que están atravesando serán mucho mayores aún.

La primer ciudad a conocer en nuestra estadía en estas tierras, era El Cairo, capital del país y punto clave de su economía, comercio y vida política. Es la ciudad más grande de Africa y cuenta con una población de dieciocho millones de habitantes, donde sobresale un número importante de grandes “junadores” de mujeres libres o ajenas. Chacales sin códigos para la jerga bolichera, no tienen el menor escrúpulo en mirar una mujer "de pies a cabeza", o más bien "de culo a pechos" si nos ponemos menos finos. Uno empezaba con el chip de la inacción, de saber que es visitante y generalmente, o bien cuida el “cero a cero” o se gana con lo justo de contragolpe. Pero a medida que pasaban los excesos de desmedida falta de respeto, uno comenzaba a sentirse inexorablemente cada vez más incómodo y la paciencia era algo sumamente preciado. Finalmente me contuve, lo más inteligente que pude hacer y que no abunda en mi.

El primer día implicaba una amplia recorrida por diversos puntos turísticos de la ciudad, lo cual preveía un gran caudal de información a procesar en muy poco tiempo, como viene siendo costumbre en esta etapa del viaje. Las primeras postales que El Cairo regalaba, eran las de un gran cúmulo de edificios de ladrillo rojo a medio hacer, montañas de tierra, piedra por doquier, colores veige y marrón claro a los cuatro costados, escasa vegetación y la resaca eleccional tanto en carteles diversos como en pintadas callejeras. La monotonía predominaba en el camino, el sol que rajaba la tierra generaba un panorama desolador cuando la mañana comenzaba a golpear la ciudad.

El primer punto de interés del día nos llevó a conocer la ciudad de Menfis, capital del antiguo Egitpo. Al día de hoy sólo se observan sus ruinas, y algunas estatuas, de un lugar que supo brillar miles de años atrás. El Río Nilo se nos cruzó por primera vez en el camino, la mística africana se hacía presente y el viaje mental comenzaba a sobrevolar el lugar. Conocimos un par de estatuas, la del Rey Ramsés II era la que más valía la pena admirar por su dimensión y por la obra en sí. La misma se encontraba en el suelo debido a que un terremoto muchos años atrás la había dejado en dicha posición. Clases de historia, fotos, y seguir la ruta de la larga jornada.


El itinerario marcaba que era tiempo de conocer la zona de Sakkara, en donde se encuentra el templo funerario del Rey Zoser y la pirámide escalonada, la cual fue la primera en ser construida por los egipcios. Este elemento y nuestro interés particular por este tipo de construcciones en su país cuna, generaba amplias expectactivas que intentaban ser disminuidas por nuestros guías ante el estado en que se encuentra esta pirámide en particular. Efectivamente se veía en pleno proceso de restauración, lo cuál impedía poder contemplar la misma en la dimensión pretendida. Hicimos un paseo a bordo de un camello que no evidenciaba estar disfrutando del mismo, y partimos hacia un shopping para almorzar allí mostrando la convivencia de elementos completamente antagónicos en unos escasos kilómetros como lo son una pirámide y un Mc Donald's.


A la tarde nos esperaba el plato fuerte de Egipto, la visita a las Pirámides de Guiza. El desconocimiento de mi parte hacía esperable que las mismas aparecieran en algún lejano rincón de El Cairo, lejos del ruido de la ciudad, de sus edificios y la vida cotidiana del lugar. Increíblemente la realidad marcaba lo contrario, cuando uno menos lo esperaba las mismas se pusieron ante nuestros ojos detrás del marco que parte de la ciudad ofrecía. Ibamos espiando detrás de las edificaciones para dar crédito de que allí estaba esa imagen tantas veces vista a través de los medios y a lo lardo de  nuestras vidas. 

La necrópolis de Guiza es la mayor del Antiguo Egipto, con una superficie estimada de 160 kilómetros cuadrados. Se destacan fundamentalmente porque en ella se encuentran construídas tres pirámides que el mundo observa con admiración y anhelos de conocer: Keops, Kefrén y Micerino. La primera es también conocida como la “Gran Piramide”, debido a ser la mayor en cuanto a altura y volumen en Egipto. Su construcción data aproximadamente del año 2570 A.C., habiendo sido erigidas por diferentes faraones durante la cuarta dinastía, siendo la única de las “Siete Maravillas del Mundo” que aún hoy se mantiene en pie.

 


Las sensaciones al estar presente en un lugar tan remoto y que parecía totalmente inalcanzable para mi, hacían que el momento fuese único, inolvidable y cargado de una emoción especial por estar allí presente. Muchas cosas pasaron por mi mente, muchos recuerdos. Las vueltas de la vida, la infancia, todo lo que costó hacer este viaje, los seres que quiero, quienes me habían apoyado para que cumpliera este viaje tan anhelado y soñado. Agradecimiento diverso, no podía más que pensar en eso.

 

Igualmente fuera de lo espectacular del lugar, de las pirámides y del momento en si, el vuelo mental fue constantemente interrumpido. Vendedores que atomizaban incansablemente para ofrecerte lo que fuese, sin entender el significado de la palabra “no”, “nou”, del movimiento de cabeza o de dedo, hacían definitivamente difícil la concentración y la conexión con el lugar. Los camellos se ofrecían como un kilo de papas en una feria vecinal montevideana, aunque con matices de ofertas que rayaban la agresión y la libre voluntad del consumidor a optar por lo que estimaba lograría satisfacer sus necesidades. Nos abrimos paso más allá de todo, sólo matices negros en un lugar lleno de colores más allá de la monotonía real que en este sentido tienen las pirámides.

A pesar de que el tiempo destinado para poder disfrutar de una obra semejante no fue el adecuado, error de cálculos sumado a impuntualidad uruguaya nunca puede dar bien, nos trasladamos unos metros para disfrutar de la Esfinge que se encuentra a otro costado de la necrópolis en cuestión. Los vendedores en este punto ya superaban la barrera de lo tolerable. Hubieron algunas escaramuzas que finalmente, y por suerte, no pasaron a mayores, fastidio generalizado, ganas de conseguir una tranquilidad que era inviable por donde se mirara. Seguimos, la vista que el paisaje nos regalaba podía más que todo.


En nuestro segundo día en El Cairo visitamos temprano en la mañana dos mezquitas, la de alabastro de “Mohamed Alí”, con una hermosa vista de la ciudad, y la del “Sultan Hassan” sin muchos comentarios dignos del mayor elogio. También una iglesia cristiana en la cual se comenta que se escondió la Familia Santa en su huida a Egipto, y la Sinagoga más antigua del país en donde dice el dicho popular fue encontrado Moisés.



Más tarde nos esperaba el Museo Egipcio, con mucha información que el cansancio me impedía procesar con claridad. La recorrida fue sumamente interesante, cargada de historia de un país que tiene de sobra justamente esto. La parte más importante del mismo se concentraba en el primer piso, en donde se alojaban la gran mayoría de tesoros encontrados en la tumba de Tutankamón. Este es probablemente el rey, o momia, más conocido por nuestra cultura, más allá de que para mi incredulidad había muerto a la temprana edad de diecinueve años y no habiendo tenido una destacada actividad que ameritara tal relevancia. El hecho de haber encontrado su tumba practicamente intacta, sin haber sido saqueada como ocurrió con la mayoría de reyes o faraones de la época, hizo que su nombre haya perdurado y trascendido con una magnitud inimaginable.

Recorrimos más tarde el enésimo mercado, dimos alguna vuelta y al sobre, ya que estábamos sumamente agotados por prácticamente no haber dormido ese día (es lo que tienen los partidos de la Euro y Copa Libertadores a horarios inadecuados y con unos whiskys de acompañamiento).

Al día siguiente nos esperaba un nuevo vuelo rumbo a Aswan, las puertas de Egipto seguían abriéndose hacia lo desconocido.

viernes, 13 de julio de 2012

Décimocuarto Destino - Dubai y Abu Dhabi, Emiratos Arabes

En que mundo contradictorio vivimos. Salimos de la pobreza desmedida que se percibía en cada rincón de la India, para llegar a un lugar como Dubai en el que el derroche de dinero es moneda corriente por donde se mire. El descubrimiento de petróleo en esta ciudad a mediados de los años sesenta, generó un cambio radical en el aspecto de este desierto, así como también en la forma y calidad de vida de sus habitantes.

Habíamos llegado en la noche y lo primero que impactaba era ver una cantidad descomunal de edificios, inmensos, luminosos y con diversas formas sumamente extrañas. Con los primeros rayos del sol, al mirar por la ventana del hotel en que estábamos alojados se podía divisar que detrás de las enormes autopistas que cubren la ciudad, quedan aún rastros del lugar desértico en que Dubai increíblemente está ubicada.

Los ingresos fundamentales del país se da a través del petróleo, aunque rubros como la hotelería y la construcción tienen su lugar importante también aquí. La falta de identidad propia por la gran cantidad de inmigrantes que aquí viven, fundamentalmente indios, se palpa claramente al transitar por sus calles y en cualquier comercio al que uno acuda. La ambición desemdida por hacer obras que se consideren“más grande del mundo” se vuelve monótono en atracciones túristicas que uno visita: desde el hotel más grande, hasta el edificio, shopping, fuente, pista de patinaje, o lo que se puedan imaginar se incluye en esta categoría. Es cierto igualmente, e importante remarcar, que la desocupación aquí no existe, además de que este país le abre las puertas a muchos extranjeros que encuentran aquí un medio de escape a la falta de oportunidades que en sus países de origen escasean.

El itinerario del Grupo de Viaje marcaba para el primer día aquí, la visita a Abu Dhabi, en formato excursión y horarios estrictamente predefinidos, aunque de carácter opcional dado que había que pagar aparte este tour. Optamos con unos cuantos compañeros por disfrutar el día allí pero en modalidad libre, por lo que arrendamos cuatro autos y definimos una ruta acorde a nuestras pretensiones. Con esto pretendíamos ganar en tranquilidad y también en el dinero a pagar, ya que hacerlo así nos generaría un ahorro considerable de guita que siempre viene bien a esta altura del viaje.

Salimos a las autopistas con el GPS que parecía también estar dormido y desinformado al igual que nosotros, por lo cual se nos dificultó un poco más de lo pensado llegar a los lugares marcados.Nada lo suficientemente considerable como para impedirnos disfrutar del caluroso día por estas tierras o más bien arenas.

El primer destino en Abu Dhabi implicaba conocer la mezquita “Sheik Zayed”, la cual prometía mucho por las fotografías que habíamos visto unas horas antes y las palabras de personas que habían tenido la posibilidad de conocerla anteriormente. La verdad que no defraudó, una obra arquitectónica impresionante, con aires del Taj Mahal y un lujo que se desborda por donde uno mire. Inmensos patios, techos elevados, glamour, lamparas con un estilo navideño que no pegaba mucho con el resto del edificio, túnicas negras tapando de pies a cabeza a las mujeres presentes, e impedimento de muestras de cariño en el interior del lugar, eran sólo algunas de las impresiones que dejaba la recorrida. Estuvimos cerca de dos horas disfrutando de esta obra deslumbrante, desde dentro o fuera de ella se veía la elegancia reflejada por todas partes.

 


 

Un cambio radical se vislumbraba unos minutos más tarde, al pasar de la visita a la mezquita a conocer el “Ferrari World” que hay en la ciudad. Un gran parque de diversiones temáticamente relacionado a la famosa escudería de Formula uno, en el que conviven la montaña más rápida del mundo junto a simuladores, exposiciones de autos y otras atracciones que se ofrecían por los cerca de sesenta dolares que costaba la entrada. 

 


En algún momento había dudado de ingresar, pero el espíritu de niño o adolecente empezaron a aflorar para finalmente decidir mi ingreso al mundo de la velocidad. La decisión fue por demás acertada ya que logré disfrutar mucho de mi estadía por más de cuatro horas en el lugar; muy bueno. La gran contra estuvo dada por las largas esperas que se sucedían para el ingreso a las atracciones, dado que era sábado y además el plato fuerte, la montaña rusa “Formula Rossa”, había estado descompuesta por la mañana. Horas más tarde, la descomposición casi se traslada a mi, la velocidad que agarra ese carro y las sensación es que se disparan ante eso son indescriptibles. Más de 250 kilómetros por hora de vértigo y adrenalina que me dejaron sin aliento por momentos, con muestras de temor al principio para luego sólo dedicarme a disfrutar lo que estaba sucediendo allí arriba.

Metimos algún juego más, simuladores y partimos cuando ya la noche decía presente a nuestro hotel ubicado a unos escasos metros de la cancha del cuadro que dirige Diego Maradona, a quien no tuvimos el gusto de conocer y por tanto de hacer una buena fiesta con su presencia ilustre.

Ya el segundo día en Emiratos implicaba dedicar tiempo a conocer más a fondo Dubai, lo reciente de su historia y ver que se escondía detrás de las fortunas gastadas en obras descomunalmente modernas como innecesarias, aunque ciertamente impresionantes en muchos casos.

Recorrimos la ciudad, bordeando primero la costa y conociendo la mezquita “Jumeirah”, así como también la playa de “Borj Al Arab”. Esta última logró sorprenderme con el color que sus aguas mostraban, aunque los más de cuarenta y cinco grados que había por esas horas hacían bastante inviable poder disfrutarla en demasía. Recorrimos la zona de “Palm Jumeirah”, nombre que adquiere por la forma de palmera que tienen estas playas artificialmente creadas, y más tarde partimos a la zona antigua de la ciudad en Bantakia. Conocimos el museo principal de aquí, el cual estuvo sumamente interesante por la información que brindaba, además de contar con videos que mostraban la evolución demencial de la ciudad en los últimos cincuenta años y recreaciones casi reales de los habitantes del lugar, fauna y flora.

 

A la tarde fue tiempo de una experiencia inolvidablemente bella y nueva. Tomamos unas camionetas 4 x 4 en nuestro hotel que nos llevaron hasta el desierto en el cual pasaríamos la noche. Debíamos ser seis por vehículo, por lo que subimos con parte de mi familia de este viaje integrada por beto, mago, vale, siraco y ceci en busca de ver que nos ofrecería la arena desconocida, junto con la adrenalina de ir rebotando y barrenando médanos con la locura de nuestro conductor al ritmo de Shakira y música árabe a todo trapo. Una demencia como iba esa camioneta que siempre parecía a punto de caer ante las olas de arena que surfeabamos una y otra ves durante un largo trayecto del desierto.


Hicimos algunas paradas de rigor para contemplar los paisajes nuevos para nosotros, los cuales en una primera instancia no me habían deslumbrado pero que al adentrarnos en la zona más desértica me hicieron rápidamente cambiar de opinión y disfrutar lo que mis ojos veían con un atardecer digno de películas del Lejano Oeste.

 

Llegamos al lugar en donde íbamos a pasar la noche y cenar, el cual brilló en la misma medida que el desierto mismo. Ambientación árabe, grandes mesas bajas en las cuales debíamos sentarnos sobre almohadones, escenario circular en el centro con danzas típicas, médanos de fondo y camellos que nos daban la bienvenida. Aproveché para hacer un poco de sandboard antes de la cena, disfrutar la noche y más tarde comer una carne espectacular para la fisura carnívora que teníamos la mayoría de viajeros. Luego fue tiempo de música y baile, lamentablemente al son de la cumbia berreta o de música electrónica que pegaba menos con la onda del lugar que John Wayne de zunga en un “All Inclusive” del Caribe. Me hubiese colgado más escuchar algo más de música típica del lugar, o de solamente dejar que el silencio nos regale los sonidos desconocidos del desierto. Pero los uruguayos queremos “uruguayear” en todos lados, somos muy cerrados generalmente y nos negamos a cosas nuevas. Siempre cuidando la chacrita o el cero a cero, "matematicamente tenemos chances" la fiesta estuvo igualmente muy divertida.


El día siguiente transcurrió con tranquilidad, tiempo de encomienda temprano y en la tarde fuimos a conocer el Shopping, “el más grande del mundo” como no podía ser de otra manera. Era inmenso, con un acuario dentro e interminables locales de tamaño, color y firma que hacían descarrilar las finanzas de mucha gente del Grupo de viaje que me cruzaba con más bolsas que Coppola en su mejor momento. Lo más disfrutable fue el espectáculo que ofrecían cada media hora fuera del mismo, con juego de luces y chorros de agua al compás de la música que variaba entre un espectáculo y otro. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Fede Chaine, un viejo amigo que está viviendo por Dubai, por lo que disfrutamos mucho de reencontrarnos con él, intercambiar vivencias, historias, risas y la magia de ver gente querida tan lejos de casa.


El cambio de chip se imponía nuevamente para el día siguiente, Egipto con su increíble historia detrás y un presente que se prevía saliendo de la tormenta que las elecciones luego de décadas de dictadura habían traído consigo, hacían difícil de predecir hasta no estar allí con que nos encontraríamos realmente. Allá vamos, a escribir nuevas páginas en tierras africanas.

martes, 10 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Nueva Delhi, India

La llegada a Nueva Delhi fue silenciosa, con expectativas de conocer más sobre la vida de Mahatma Gandhi y lo incierto que el destino nos ofreciera por aquí.

Luego de un extenso viaje desde Jaipur, sin tiempo para desempacar partimos a una recorrida por la capital de la India. Cuando uno llega a esta ciudad percibe claramente estar frente a un desarrollo considerablemente mayor del visto en los otros destinos visitados en este país. Si bien la pobreza se sigue vislumbrando de manera constante, no llega a los niveles sumamente altos que se observaban por ejemplo en Jaipur o en algunas partes de Agra, al menos en las zonas que pudimos frecuentar nosotros que quizás no sean el parámetro correcto de comparación. Calles pavimentadas, semáforos, autos, ruido, el clásico caos en el tránsito asiático, ausencia de vacas durmiendo en las calles en un número desmedido, o el calor intenso, son sólo algunas de las primeras postales por aquí.

El primer lugar que recorrimos al llegar a Delhi fue el complejo en donde se aloja la “Torre Qutub”. La misma es un símbolo sumamente importante para los musulmanes, dado que fue el primer templo islámico en ser construido en India. Cuenta con una altura aproximada de 72,5 metros, 379 pisos, siendo la torre de piedra más alta en todo el país. A uno se le pierde la vista al observarla, destacándose las terminaciones talladas sobre la piedra, además del entorno en el que se encuentra el cual es una combinación de espacios verdes con monumentos de piedra de épocas remotas.


Luego de una recorrida por el lugar y de las fotos de rigor, partimos con destino al “Templo Baha'i”, también conocido como “Templo Loto”. La apariencia del mismo inevitablemente me transportó rápidamente al Opera House de Sydney, aunque aquí la música clásica brilla por su ausencia. El centro religioso, creado por una corriente de nombre Bahá'i, tiene un diseño inspirado en la flor de loto, símbolo de pureza y amor, el cual se asocia a la religión y adoración también en la India. El blanco resplandece desde lo lejos, y desde cerca se pueden observar nueve piscinas de agua que la rodean, las cuales crean un sistema de refrigeración natural del salón de oración principal que se ubica en el centro de la misma. Nos descalzamos para entrar, se escucharon las quejas típicas, hicimos una rápida recorrida y partimos huyendo del calor; Moneda corriente de estos días de efecto “apertura de horno en un día de enero” que nos regala India.

Al día siguiente en la mañana fuimos a conocer la “Tumba de Humayun”, que data del año 1570 y ha sido la primer tumba Jardín en ser construida en este país. La misma sirvió como inspiración para la construcción del Taj Mahal, pudiendo esto apreciarse ni bien uno ingresa al recinto aunque con una dimensión considerablemente inferior a la del mítico monumento de Agra.


Además este segundo día en Delhi nos marcaba un itinerario centrado en una de las personalidad más importantes en la historia de India y de la humanidad: Mahatma Gandhi.

Partimos entusiasmados con destino al lugar en donde se encuentra su tumba y memorial, en Raj Ghat. Hermosos jardines sumamente cuidados es lo primero que alcanzo a divisar al acercarme a la zona del mausoleo y que me llama la atención por ser muy contrario a lo que uno espera generalmente de este tipo de lugares. La tumba de mármol negro de este incansable luchador por la paz e independencia de este país, estaba rodeada de peregrinos lo cuales intuyo estaban rezando o simplemente dando muestras de afecto a alguien tan importante para la India y sus vidas.

 

Me quedé un rato contemplando la tumba y el lugar, perdiendo mi mirada en el fuego que se mantiene incansablemente encendido desde la creación de este espacio. Intenté reflexionar un poco sobre lo injusto de su asesinato y de como fue posible que la paz impulsada por él, su humildad, ideas e ideales hayan podido más que la violencia tan hecha costumbre a lo largo de la historia mundial. Salvando las distancias y sin querer hacer comparaciones incomparables, me vino la imagen a la mente de Lennon mientras estaba allí parado. El factor común de lo injusto de sus muertes, pero también la vigencia de una filosofía de vida y del legado invalorable que han dejado inmortalmente en la vida de generaciones de soñadores que luchan por un mundo más justo y mejor para todos. Las banderas de la paz, el amor y la vida, flameando frente a las adversidades de un mundo enfermo y violento. Referentes indudablemente necesarios para nuestras vidas y la conciencia colectiva.



Salimos rápido del mausoleo para visitar el Museo también de Gandhi, a unos pocos minutos de distancia entre uno y otro. Aquí pudimos disfrutar en la recorrida de mucha información de su vida, su infancia y las diferentes etapas que atravesó hasta su muerte, las transformaciones que lo llevaron a ser el icono intergeneracional que es hoy en día, sus ropas, efectos personales, fotografías, estatuas, pinturas. En fin, más información y las puertas abiertas para conocer a alguien tan importante para la historia universal, en uno de los lugares por los que tanto lucho verlos libre sin necesidad de que las calles se tiñan de sangre y violencia. Me quedo con las vigentes palabras que dijo alguien “un poco inteligente” como Albert Einstein: "Las generaciones que vienen, apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso.". Sin dudas, espero los referentes sigan apareciendo y no se esfumen en el mundo materialista e individualista que muchos proponen construir hoy en día.


Cuando ya el horno era insoportable, salimos de recorrida por un mercado local típico, pasamos frente al “Fuerte Rojo” de Delhi, y retornamos al hotel para descansar del trajín de estos días tan intensos. Nuevamente la información era mucha, las sensaciones diversas y el tiempo corriendo en nuestra contra como para poner todo en orden.

Con esto finaliza nuestra peripecia por India, con confirmaciones, certezas parciales y las imágenes de un país con un futuro limitado en muchos aspectos y necesidades complejas de toda índole. El agradecimiento para nuestros guías, Ankit y Nakul, por mostrarnos y enseñarnos tanto sobre el lugar en que nacieron y viven, con una alegría contagiosamente constante. Los oasis en el desierto de este país, la luz de esperanza al final del túnel.

martes, 3 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Agra y Jaipur, India


El itinerario marcaba que Delhi iba a ser sólo una escala de momento. El día siguiente de nuestro arribo ya debíamos tomar un ómnibus con destino a Agra, por lo que debíamos esperar unos días para poder conocer que tenía para ofrecernos la capital India.

La ciudad de Agra se encuentra ubicada a unos doscientos cincuenta kilómetros de donde partimos, lo cual implicaría que unas 6 horas de ruta de tránsito incomprensible nos separarían de nuestro arribo a la misma. Un largo trayecto que logró hacerse corto gracias a la presencia de nuestro guía, Ankit, que durante gran parte del recorrido nos explicó muchas cosas sumamente interesantes de las costumbres, cultura e historia de la India: el arreglo de matrimonios, sistema de castas, hinduísmo, por mencionar sólo algunos de los relatos del trayecto.

Agra tiene la particularidad de no encontrarse identificada a ninguna cultura específica, o típica, como ocurre en otras ciudades en la India. La diversidad en el culto de las religiones, y de apertura a aceptar esto, predomina en la región.

Más allá de lo prometedor del lugar, mi llegada no fue la ideal. El malestar estomacal me venía persiguiendo desde mis últimos días en Nepal y se había agudizado por estos días, lo cual me impedía poder disfrutar como pretendía de esta parte del viaje. Padecer estos síntomas en India es un factor común del Grupo de Viaje, en un momento eramos más de cuarenta que nos encontrábamos en las mismas condiciones, lo cual hacía que el arroz con queso haya sido el plato predilecto a la hora de la cena para muchos. Esta situación sanitaria me llevó a priorizar el descanso en el primer día y desistir de realizar algún paseo como el de poder conocer el Fuerte Rojo. Más allá de esto, al día siguiente nos esperaba uno de los puntos fuertes de nuestra visita a este país, el Taj Mahal, por lo cuál se volvía imperioso estar en óptimas condiciones para conocer este mítico lugar.

 



El Taj Mahal ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1983, además de ser considerado unas de las “Siete maravillas del mundo” (por más que si uno le pregunta a alguien de estas latitudes probablemente te diga que es la “Primer Maravilla” más allá de no estar rankeadas las mismas). La construcción del mítico monumento requirió más de veintiún años, demandando más de 20.000 trabajadores, profesionales y artesanos que hicieron posible esta obra de semejante magnitud.

El fundamento primario y fundamental de su creación se centra en ser el reflejo de una muestra de amor del emperador Shah Jahan hacia su esposa predilecta, Mumtaz Mahal, la cual murió dando a luz a su hijo número catorce. Cuenta la historia que mientras agonizaba sabiendo que el final de su vida era inminente, producto de una fuerte hemorragia generada como consecuencia del parto, ella le pidió al emperador tres últimos deseos: que no tuviese más hijos con sus otras esposas, que no se volviera a casar y que le construyera una hermosa tumba como demostración del amor que ambos habían tenido. Pretendía que futuras generaciones conocieran su historia y que el amor profesado entre ambos superara las barreras del tiempo. Todo esto llevó a la construcción de este impresionante mausoleo de mármol blanco, que deslumbra desde cualquier ángulo que se mire o rincón por el que se transite.

Se encuentra considerado como uno de los edificios más importantes de la dinastía Moghol, combinando en sus colores, jardines y canales de agua, una representación del paraíso para su cultura, y con una impresionante simetría que se observa casi en la totalidad del mismo.



Deslumbrados y fascinados con lo visto, partimos rumbo al hotel en busca de escapar del calor intenso que empezaba a acechar la ciudad, con la certeza de haber estado frente a un lugar efectivamente maravilloso.

Al día siguiente el camino a Jaipur iba a depararnos conocer Fathehpur Sikri, antigua capital del Imperio Moghol. Dicha ciudad fue construida en el año 1569, bajo las ordenes del emperador Akbar, requiriendo once años de construcción pero que curiosamente sólo fue habitada durante doce. La falta de agua fue el elemento fundamental para que se desistiera de permanecer aquí. El lago artificial de aproximadamente veintitrés kilómetros que se ordenó construir ,fue insuficiente para abastecer a la población que habitaba estas tierras, por lo que en pocos años el abandono hizo que el lugar adquiriera el aspecto de una ciudad fantasma resguardad tras las grandes murallas que la cubren.

Luego de una colgada recorrida desafiando los más de cuarenta grados que de seguro habría a esas horas, subimos a nuestro ómnibus para llegar hasta Jaipur, también conocida como la “Ciudad Rosa” (color de suerte por estas latitudes). Con la visita del Principe de Gales en el año 1905, se decidió pintar la ciudad con el color rosa a efectos de darle una bienvenida acorde y un toque pintoresco a la misma. Esa idea trascendió las generaciones y hoy en día se observa la amplia mayoría de casas pintadas de rosa o con algunas gamas similares, como el salmón. Siendo la capital del estado de Rajastán, alberga al día de hoy aproximadamente seis millones de habitantes, población que viene en un aumento sostenido desde hace muchos años atrás.

A la noche fue momento de nuestro segundo evento del Grupo de Viaje. Mucha bebida, idiomas extraños, intentos de arrojar a la fuente del local a propios y extraños, así como bailes diversos y guías amigos en avanzado estado de ebriedad.


El primer paseo del próximo día implicaba ir a conocer el Fuerte Amber, en las afueras de la ciudad. Las imágenes de Jaipur distaban considerablemente de los otros destinos que habíamos conocido acá en India; prolijidad en las calles, ausencia de basura por doquier, rostros que reflejaban una mejor vida y un futuro más alentador. El Fuerte se encuentra ubicado en la cima de una colina, en donde es necesario atravesarlas y luego tomar un Jeep para llegar a lo alto de la misma que es por donde se ingresa. Predomina la piedra color arena y el mármol, además de contar con grandes murallas que nos retrotraen a imágenes vistas durante la visita a la Gran Muralla China. Salvando las distancias, obviamente. Un lugar que valió la pena visitar, más allá de estar la gran mayoría mal heridos por el agite de la noche anterior, por las hermosas vistas que regalaba y las postales que se dibujaban por los distintos rincones del mismo.




Más tarde visitamos un lugar donde hacían alfombras, sumamente bonitas pero también costosas para viajeros “low cost” como nosotros, y finalizamos la recorrida visitando un parque astronómico bastante interesante por funcionar exclusivamente con luz solar.



Los mercados volvían a aparecer como opcionales unas horas después, pero desistí del atomice de los vendedores y el consumismo de telas diversas. Hotel, piscina, waterpolo y cena. El cansancio hacía mella en todos, el ritmo del Grupo de viaje pasa factura y las madrugadas festivas se encargan de dar el último toque camino al temprano sobre.

Por momentos siento que se vuelan los destinos, y que se vuelve sumamente difícil poder procesar tantas cosas juntas que voy viviendo a un ritmo sumamente intenso como cambiante. Delhi nos espera, la procesión quedará para después.