viernes, 20 de julio de 2012

Décimoquinto Destino - El Cairo, Egipto


El viaje deparaba conocer Egipto, nuestro primer y único país en el continente africano. Las incógnitas respecto a la situación actual de un lugar en plena transformación eran muchas de nuestra parte, las de ellos seguro respecto al momento histórico que están atravesando serán mucho mayores aún.

La primer ciudad a conocer en nuestra estadía en estas tierras, era El Cairo, capital del país y punto clave de su economía, comercio y vida política. Es la ciudad más grande de Africa y cuenta con una población de dieciocho millones de habitantes, donde sobresale un número importante de grandes “junadores” de mujeres libres o ajenas. Chacales sin códigos para la jerga bolichera, no tienen el menor escrúpulo en mirar una mujer "de pies a cabeza", o más bien "de culo a pechos" si nos ponemos menos finos. Uno empezaba con el chip de la inacción, de saber que es visitante y generalmente, o bien cuida el “cero a cero” o se gana con lo justo de contragolpe. Pero a medida que pasaban los excesos de desmedida falta de respeto, uno comenzaba a sentirse inexorablemente cada vez más incómodo y la paciencia era algo sumamente preciado. Finalmente me contuve, lo más inteligente que pude hacer y que no abunda en mi.

El primer día implicaba una amplia recorrida por diversos puntos turísticos de la ciudad, lo cual preveía un gran caudal de información a procesar en muy poco tiempo, como viene siendo costumbre en esta etapa del viaje. Las primeras postales que El Cairo regalaba, eran las de un gran cúmulo de edificios de ladrillo rojo a medio hacer, montañas de tierra, piedra por doquier, colores veige y marrón claro a los cuatro costados, escasa vegetación y la resaca eleccional tanto en carteles diversos como en pintadas callejeras. La monotonía predominaba en el camino, el sol que rajaba la tierra generaba un panorama desolador cuando la mañana comenzaba a golpear la ciudad.

El primer punto de interés del día nos llevó a conocer la ciudad de Menfis, capital del antiguo Egitpo. Al día de hoy sólo se observan sus ruinas, y algunas estatuas, de un lugar que supo brillar miles de años atrás. El Río Nilo se nos cruzó por primera vez en el camino, la mística africana se hacía presente y el viaje mental comenzaba a sobrevolar el lugar. Conocimos un par de estatuas, la del Rey Ramsés II era la que más valía la pena admirar por su dimensión y por la obra en sí. La misma se encontraba en el suelo debido a que un terremoto muchos años atrás la había dejado en dicha posición. Clases de historia, fotos, y seguir la ruta de la larga jornada.


El itinerario marcaba que era tiempo de conocer la zona de Sakkara, en donde se encuentra el templo funerario del Rey Zoser y la pirámide escalonada, la cual fue la primera en ser construida por los egipcios. Este elemento y nuestro interés particular por este tipo de construcciones en su país cuna, generaba amplias expectactivas que intentaban ser disminuidas por nuestros guías ante el estado en que se encuentra esta pirámide en particular. Efectivamente se veía en pleno proceso de restauración, lo cuál impedía poder contemplar la misma en la dimensión pretendida. Hicimos un paseo a bordo de un camello que no evidenciaba estar disfrutando del mismo, y partimos hacia un shopping para almorzar allí mostrando la convivencia de elementos completamente antagónicos en unos escasos kilómetros como lo son una pirámide y un Mc Donald's.


A la tarde nos esperaba el plato fuerte de Egipto, la visita a las Pirámides de Guiza. El desconocimiento de mi parte hacía esperable que las mismas aparecieran en algún lejano rincón de El Cairo, lejos del ruido de la ciudad, de sus edificios y la vida cotidiana del lugar. Increíblemente la realidad marcaba lo contrario, cuando uno menos lo esperaba las mismas se pusieron ante nuestros ojos detrás del marco que parte de la ciudad ofrecía. Ibamos espiando detrás de las edificaciones para dar crédito de que allí estaba esa imagen tantas veces vista a través de los medios y a lo lardo de  nuestras vidas. 

La necrópolis de Guiza es la mayor del Antiguo Egipto, con una superficie estimada de 160 kilómetros cuadrados. Se destacan fundamentalmente porque en ella se encuentran construídas tres pirámides que el mundo observa con admiración y anhelos de conocer: Keops, Kefrén y Micerino. La primera es también conocida como la “Gran Piramide”, debido a ser la mayor en cuanto a altura y volumen en Egipto. Su construcción data aproximadamente del año 2570 A.C., habiendo sido erigidas por diferentes faraones durante la cuarta dinastía, siendo la única de las “Siete Maravillas del Mundo” que aún hoy se mantiene en pie.

 


Las sensaciones al estar presente en un lugar tan remoto y que parecía totalmente inalcanzable para mi, hacían que el momento fuese único, inolvidable y cargado de una emoción especial por estar allí presente. Muchas cosas pasaron por mi mente, muchos recuerdos. Las vueltas de la vida, la infancia, todo lo que costó hacer este viaje, los seres que quiero, quienes me habían apoyado para que cumpliera este viaje tan anhelado y soñado. Agradecimiento diverso, no podía más que pensar en eso.

 

Igualmente fuera de lo espectacular del lugar, de las pirámides y del momento en si, el vuelo mental fue constantemente interrumpido. Vendedores que atomizaban incansablemente para ofrecerte lo que fuese, sin entender el significado de la palabra “no”, “nou”, del movimiento de cabeza o de dedo, hacían definitivamente difícil la concentración y la conexión con el lugar. Los camellos se ofrecían como un kilo de papas en una feria vecinal montevideana, aunque con matices de ofertas que rayaban la agresión y la libre voluntad del consumidor a optar por lo que estimaba lograría satisfacer sus necesidades. Nos abrimos paso más allá de todo, sólo matices negros en un lugar lleno de colores más allá de la monotonía real que en este sentido tienen las pirámides.

A pesar de que el tiempo destinado para poder disfrutar de una obra semejante no fue el adecuado, error de cálculos sumado a impuntualidad uruguaya nunca puede dar bien, nos trasladamos unos metros para disfrutar de la Esfinge que se encuentra a otro costado de la necrópolis en cuestión. Los vendedores en este punto ya superaban la barrera de lo tolerable. Hubieron algunas escaramuzas que finalmente, y por suerte, no pasaron a mayores, fastidio generalizado, ganas de conseguir una tranquilidad que era inviable por donde se mirara. Seguimos, la vista que el paisaje nos regalaba podía más que todo.


En nuestro segundo día en El Cairo visitamos temprano en la mañana dos mezquitas, la de alabastro de “Mohamed Alí”, con una hermosa vista de la ciudad, y la del “Sultan Hassan” sin muchos comentarios dignos del mayor elogio. También una iglesia cristiana en la cual se comenta que se escondió la Familia Santa en su huida a Egipto, y la Sinagoga más antigua del país en donde dice el dicho popular fue encontrado Moisés.



Más tarde nos esperaba el Museo Egipcio, con mucha información que el cansancio me impedía procesar con claridad. La recorrida fue sumamente interesante, cargada de historia de un país que tiene de sobra justamente esto. La parte más importante del mismo se concentraba en el primer piso, en donde se alojaban la gran mayoría de tesoros encontrados en la tumba de Tutankamón. Este es probablemente el rey, o momia, más conocido por nuestra cultura, más allá de que para mi incredulidad había muerto a la temprana edad de diecinueve años y no habiendo tenido una destacada actividad que ameritara tal relevancia. El hecho de haber encontrado su tumba practicamente intacta, sin haber sido saqueada como ocurrió con la mayoría de reyes o faraones de la época, hizo que su nombre haya perdurado y trascendido con una magnitud inimaginable.

Recorrimos más tarde el enésimo mercado, dimos alguna vuelta y al sobre, ya que estábamos sumamente agotados por prácticamente no haber dormido ese día (es lo que tienen los partidos de la Euro y Copa Libertadores a horarios inadecuados y con unos whiskys de acompañamiento).

Al día siguiente nos esperaba un nuevo vuelo rumbo a Aswan, las puertas de Egipto seguían abriéndose hacia lo desconocido.

viernes, 13 de julio de 2012

Décimocuarto Destino - Dubai y Abu Dhabi, Emiratos Arabes

En que mundo contradictorio vivimos. Salimos de la pobreza desmedida que se percibía en cada rincón de la India, para llegar a un lugar como Dubai en el que el derroche de dinero es moneda corriente por donde se mire. El descubrimiento de petróleo en esta ciudad a mediados de los años sesenta, generó un cambio radical en el aspecto de este desierto, así como también en la forma y calidad de vida de sus habitantes.

Habíamos llegado en la noche y lo primero que impactaba era ver una cantidad descomunal de edificios, inmensos, luminosos y con diversas formas sumamente extrañas. Con los primeros rayos del sol, al mirar por la ventana del hotel en que estábamos alojados se podía divisar que detrás de las enormes autopistas que cubren la ciudad, quedan aún rastros del lugar desértico en que Dubai increíblemente está ubicada.

Los ingresos fundamentales del país se da a través del petróleo, aunque rubros como la hotelería y la construcción tienen su lugar importante también aquí. La falta de identidad propia por la gran cantidad de inmigrantes que aquí viven, fundamentalmente indios, se palpa claramente al transitar por sus calles y en cualquier comercio al que uno acuda. La ambición desemdida por hacer obras que se consideren“más grande del mundo” se vuelve monótono en atracciones túristicas que uno visita: desde el hotel más grande, hasta el edificio, shopping, fuente, pista de patinaje, o lo que se puedan imaginar se incluye en esta categoría. Es cierto igualmente, e importante remarcar, que la desocupación aquí no existe, además de que este país le abre las puertas a muchos extranjeros que encuentran aquí un medio de escape a la falta de oportunidades que en sus países de origen escasean.

El itinerario del Grupo de Viaje marcaba para el primer día aquí, la visita a Abu Dhabi, en formato excursión y horarios estrictamente predefinidos, aunque de carácter opcional dado que había que pagar aparte este tour. Optamos con unos cuantos compañeros por disfrutar el día allí pero en modalidad libre, por lo que arrendamos cuatro autos y definimos una ruta acorde a nuestras pretensiones. Con esto pretendíamos ganar en tranquilidad y también en el dinero a pagar, ya que hacerlo así nos generaría un ahorro considerable de guita que siempre viene bien a esta altura del viaje.

Salimos a las autopistas con el GPS que parecía también estar dormido y desinformado al igual que nosotros, por lo cual se nos dificultó un poco más de lo pensado llegar a los lugares marcados.Nada lo suficientemente considerable como para impedirnos disfrutar del caluroso día por estas tierras o más bien arenas.

El primer destino en Abu Dhabi implicaba conocer la mezquita “Sheik Zayed”, la cual prometía mucho por las fotografías que habíamos visto unas horas antes y las palabras de personas que habían tenido la posibilidad de conocerla anteriormente. La verdad que no defraudó, una obra arquitectónica impresionante, con aires del Taj Mahal y un lujo que se desborda por donde uno mire. Inmensos patios, techos elevados, glamour, lamparas con un estilo navideño que no pegaba mucho con el resto del edificio, túnicas negras tapando de pies a cabeza a las mujeres presentes, e impedimento de muestras de cariño en el interior del lugar, eran sólo algunas de las impresiones que dejaba la recorrida. Estuvimos cerca de dos horas disfrutando de esta obra deslumbrante, desde dentro o fuera de ella se veía la elegancia reflejada por todas partes.

 


 

Un cambio radical se vislumbraba unos minutos más tarde, al pasar de la visita a la mezquita a conocer el “Ferrari World” que hay en la ciudad. Un gran parque de diversiones temáticamente relacionado a la famosa escudería de Formula uno, en el que conviven la montaña más rápida del mundo junto a simuladores, exposiciones de autos y otras atracciones que se ofrecían por los cerca de sesenta dolares que costaba la entrada. 

 


En algún momento había dudado de ingresar, pero el espíritu de niño o adolecente empezaron a aflorar para finalmente decidir mi ingreso al mundo de la velocidad. La decisión fue por demás acertada ya que logré disfrutar mucho de mi estadía por más de cuatro horas en el lugar; muy bueno. La gran contra estuvo dada por las largas esperas que se sucedían para el ingreso a las atracciones, dado que era sábado y además el plato fuerte, la montaña rusa “Formula Rossa”, había estado descompuesta por la mañana. Horas más tarde, la descomposición casi se traslada a mi, la velocidad que agarra ese carro y las sensación es que se disparan ante eso son indescriptibles. Más de 250 kilómetros por hora de vértigo y adrenalina que me dejaron sin aliento por momentos, con muestras de temor al principio para luego sólo dedicarme a disfrutar lo que estaba sucediendo allí arriba.

Metimos algún juego más, simuladores y partimos cuando ya la noche decía presente a nuestro hotel ubicado a unos escasos metros de la cancha del cuadro que dirige Diego Maradona, a quien no tuvimos el gusto de conocer y por tanto de hacer una buena fiesta con su presencia ilustre.

Ya el segundo día en Emiratos implicaba dedicar tiempo a conocer más a fondo Dubai, lo reciente de su historia y ver que se escondía detrás de las fortunas gastadas en obras descomunalmente modernas como innecesarias, aunque ciertamente impresionantes en muchos casos.

Recorrimos la ciudad, bordeando primero la costa y conociendo la mezquita “Jumeirah”, así como también la playa de “Borj Al Arab”. Esta última logró sorprenderme con el color que sus aguas mostraban, aunque los más de cuarenta y cinco grados que había por esas horas hacían bastante inviable poder disfrutarla en demasía. Recorrimos la zona de “Palm Jumeirah”, nombre que adquiere por la forma de palmera que tienen estas playas artificialmente creadas, y más tarde partimos a la zona antigua de la ciudad en Bantakia. Conocimos el museo principal de aquí, el cual estuvo sumamente interesante por la información que brindaba, además de contar con videos que mostraban la evolución demencial de la ciudad en los últimos cincuenta años y recreaciones casi reales de los habitantes del lugar, fauna y flora.

 

A la tarde fue tiempo de una experiencia inolvidablemente bella y nueva. Tomamos unas camionetas 4 x 4 en nuestro hotel que nos llevaron hasta el desierto en el cual pasaríamos la noche. Debíamos ser seis por vehículo, por lo que subimos con parte de mi familia de este viaje integrada por beto, mago, vale, siraco y ceci en busca de ver que nos ofrecería la arena desconocida, junto con la adrenalina de ir rebotando y barrenando médanos con la locura de nuestro conductor al ritmo de Shakira y música árabe a todo trapo. Una demencia como iba esa camioneta que siempre parecía a punto de caer ante las olas de arena que surfeabamos una y otra ves durante un largo trayecto del desierto.


Hicimos algunas paradas de rigor para contemplar los paisajes nuevos para nosotros, los cuales en una primera instancia no me habían deslumbrado pero que al adentrarnos en la zona más desértica me hicieron rápidamente cambiar de opinión y disfrutar lo que mis ojos veían con un atardecer digno de películas del Lejano Oeste.

 

Llegamos al lugar en donde íbamos a pasar la noche y cenar, el cual brilló en la misma medida que el desierto mismo. Ambientación árabe, grandes mesas bajas en las cuales debíamos sentarnos sobre almohadones, escenario circular en el centro con danzas típicas, médanos de fondo y camellos que nos daban la bienvenida. Aproveché para hacer un poco de sandboard antes de la cena, disfrutar la noche y más tarde comer una carne espectacular para la fisura carnívora que teníamos la mayoría de viajeros. Luego fue tiempo de música y baile, lamentablemente al son de la cumbia berreta o de música electrónica que pegaba menos con la onda del lugar que John Wayne de zunga en un “All Inclusive” del Caribe. Me hubiese colgado más escuchar algo más de música típica del lugar, o de solamente dejar que el silencio nos regale los sonidos desconocidos del desierto. Pero los uruguayos queremos “uruguayear” en todos lados, somos muy cerrados generalmente y nos negamos a cosas nuevas. Siempre cuidando la chacrita o el cero a cero, "matematicamente tenemos chances" la fiesta estuvo igualmente muy divertida.


El día siguiente transcurrió con tranquilidad, tiempo de encomienda temprano y en la tarde fuimos a conocer el Shopping, “el más grande del mundo” como no podía ser de otra manera. Era inmenso, con un acuario dentro e interminables locales de tamaño, color y firma que hacían descarrilar las finanzas de mucha gente del Grupo de viaje que me cruzaba con más bolsas que Coppola en su mejor momento. Lo más disfrutable fue el espectáculo que ofrecían cada media hora fuera del mismo, con juego de luces y chorros de agua al compás de la música que variaba entre un espectáculo y otro. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Fede Chaine, un viejo amigo que está viviendo por Dubai, por lo que disfrutamos mucho de reencontrarnos con él, intercambiar vivencias, historias, risas y la magia de ver gente querida tan lejos de casa.


El cambio de chip se imponía nuevamente para el día siguiente, Egipto con su increíble historia detrás y un presente que se prevía saliendo de la tormenta que las elecciones luego de décadas de dictadura habían traído consigo, hacían difícil de predecir hasta no estar allí con que nos encontraríamos realmente. Allá vamos, a escribir nuevas páginas en tierras africanas.

martes, 10 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Nueva Delhi, India

La llegada a Nueva Delhi fue silenciosa, con expectativas de conocer más sobre la vida de Mahatma Gandhi y lo incierto que el destino nos ofreciera por aquí.

Luego de un extenso viaje desde Jaipur, sin tiempo para desempacar partimos a una recorrida por la capital de la India. Cuando uno llega a esta ciudad percibe claramente estar frente a un desarrollo considerablemente mayor del visto en los otros destinos visitados en este país. Si bien la pobreza se sigue vislumbrando de manera constante, no llega a los niveles sumamente altos que se observaban por ejemplo en Jaipur o en algunas partes de Agra, al menos en las zonas que pudimos frecuentar nosotros que quizás no sean el parámetro correcto de comparación. Calles pavimentadas, semáforos, autos, ruido, el clásico caos en el tránsito asiático, ausencia de vacas durmiendo en las calles en un número desmedido, o el calor intenso, son sólo algunas de las primeras postales por aquí.

El primer lugar que recorrimos al llegar a Delhi fue el complejo en donde se aloja la “Torre Qutub”. La misma es un símbolo sumamente importante para los musulmanes, dado que fue el primer templo islámico en ser construido en India. Cuenta con una altura aproximada de 72,5 metros, 379 pisos, siendo la torre de piedra más alta en todo el país. A uno se le pierde la vista al observarla, destacándose las terminaciones talladas sobre la piedra, además del entorno en el que se encuentra el cual es una combinación de espacios verdes con monumentos de piedra de épocas remotas.


Luego de una recorrida por el lugar y de las fotos de rigor, partimos con destino al “Templo Baha'i”, también conocido como “Templo Loto”. La apariencia del mismo inevitablemente me transportó rápidamente al Opera House de Sydney, aunque aquí la música clásica brilla por su ausencia. El centro religioso, creado por una corriente de nombre Bahá'i, tiene un diseño inspirado en la flor de loto, símbolo de pureza y amor, el cual se asocia a la religión y adoración también en la India. El blanco resplandece desde lo lejos, y desde cerca se pueden observar nueve piscinas de agua que la rodean, las cuales crean un sistema de refrigeración natural del salón de oración principal que se ubica en el centro de la misma. Nos descalzamos para entrar, se escucharon las quejas típicas, hicimos una rápida recorrida y partimos huyendo del calor; Moneda corriente de estos días de efecto “apertura de horno en un día de enero” que nos regala India.

Al día siguiente en la mañana fuimos a conocer la “Tumba de Humayun”, que data del año 1570 y ha sido la primer tumba Jardín en ser construida en este país. La misma sirvió como inspiración para la construcción del Taj Mahal, pudiendo esto apreciarse ni bien uno ingresa al recinto aunque con una dimensión considerablemente inferior a la del mítico monumento de Agra.


Además este segundo día en Delhi nos marcaba un itinerario centrado en una de las personalidad más importantes en la historia de India y de la humanidad: Mahatma Gandhi.

Partimos entusiasmados con destino al lugar en donde se encuentra su tumba y memorial, en Raj Ghat. Hermosos jardines sumamente cuidados es lo primero que alcanzo a divisar al acercarme a la zona del mausoleo y que me llama la atención por ser muy contrario a lo que uno espera generalmente de este tipo de lugares. La tumba de mármol negro de este incansable luchador por la paz e independencia de este país, estaba rodeada de peregrinos lo cuales intuyo estaban rezando o simplemente dando muestras de afecto a alguien tan importante para la India y sus vidas.

 

Me quedé un rato contemplando la tumba y el lugar, perdiendo mi mirada en el fuego que se mantiene incansablemente encendido desde la creación de este espacio. Intenté reflexionar un poco sobre lo injusto de su asesinato y de como fue posible que la paz impulsada por él, su humildad, ideas e ideales hayan podido más que la violencia tan hecha costumbre a lo largo de la historia mundial. Salvando las distancias y sin querer hacer comparaciones incomparables, me vino la imagen a la mente de Lennon mientras estaba allí parado. El factor común de lo injusto de sus muertes, pero también la vigencia de una filosofía de vida y del legado invalorable que han dejado inmortalmente en la vida de generaciones de soñadores que luchan por un mundo más justo y mejor para todos. Las banderas de la paz, el amor y la vida, flameando frente a las adversidades de un mundo enfermo y violento. Referentes indudablemente necesarios para nuestras vidas y la conciencia colectiva.



Salimos rápido del mausoleo para visitar el Museo también de Gandhi, a unos pocos minutos de distancia entre uno y otro. Aquí pudimos disfrutar en la recorrida de mucha información de su vida, su infancia y las diferentes etapas que atravesó hasta su muerte, las transformaciones que lo llevaron a ser el icono intergeneracional que es hoy en día, sus ropas, efectos personales, fotografías, estatuas, pinturas. En fin, más información y las puertas abiertas para conocer a alguien tan importante para la historia universal, en uno de los lugares por los que tanto lucho verlos libre sin necesidad de que las calles se tiñan de sangre y violencia. Me quedo con las vigentes palabras que dijo alguien “un poco inteligente” como Albert Einstein: "Las generaciones que vienen, apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso.". Sin dudas, espero los referentes sigan apareciendo y no se esfumen en el mundo materialista e individualista que muchos proponen construir hoy en día.


Cuando ya el horno era insoportable, salimos de recorrida por un mercado local típico, pasamos frente al “Fuerte Rojo” de Delhi, y retornamos al hotel para descansar del trajín de estos días tan intensos. Nuevamente la información era mucha, las sensaciones diversas y el tiempo corriendo en nuestra contra como para poner todo en orden.

Con esto finaliza nuestra peripecia por India, con confirmaciones, certezas parciales y las imágenes de un país con un futuro limitado en muchos aspectos y necesidades complejas de toda índole. El agradecimiento para nuestros guías, Ankit y Nakul, por mostrarnos y enseñarnos tanto sobre el lugar en que nacieron y viven, con una alegría contagiosamente constante. Los oasis en el desierto de este país, la luz de esperanza al final del túnel.

martes, 3 de julio de 2012

Trigésimo Destino - Agra y Jaipur, India


El itinerario marcaba que Delhi iba a ser sólo una escala de momento. El día siguiente de nuestro arribo ya debíamos tomar un ómnibus con destino a Agra, por lo que debíamos esperar unos días para poder conocer que tenía para ofrecernos la capital India.

La ciudad de Agra se encuentra ubicada a unos doscientos cincuenta kilómetros de donde partimos, lo cual implicaría que unas 6 horas de ruta de tránsito incomprensible nos separarían de nuestro arribo a la misma. Un largo trayecto que logró hacerse corto gracias a la presencia de nuestro guía, Ankit, que durante gran parte del recorrido nos explicó muchas cosas sumamente interesantes de las costumbres, cultura e historia de la India: el arreglo de matrimonios, sistema de castas, hinduísmo, por mencionar sólo algunos de los relatos del trayecto.

Agra tiene la particularidad de no encontrarse identificada a ninguna cultura específica, o típica, como ocurre en otras ciudades en la India. La diversidad en el culto de las religiones, y de apertura a aceptar esto, predomina en la región.

Más allá de lo prometedor del lugar, mi llegada no fue la ideal. El malestar estomacal me venía persiguiendo desde mis últimos días en Nepal y se había agudizado por estos días, lo cual me impedía poder disfrutar como pretendía de esta parte del viaje. Padecer estos síntomas en India es un factor común del Grupo de Viaje, en un momento eramos más de cuarenta que nos encontrábamos en las mismas condiciones, lo cual hacía que el arroz con queso haya sido el plato predilecto a la hora de la cena para muchos. Esta situación sanitaria me llevó a priorizar el descanso en el primer día y desistir de realizar algún paseo como el de poder conocer el Fuerte Rojo. Más allá de esto, al día siguiente nos esperaba uno de los puntos fuertes de nuestra visita a este país, el Taj Mahal, por lo cuál se volvía imperioso estar en óptimas condiciones para conocer este mítico lugar.

 



El Taj Mahal ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1983, además de ser considerado unas de las “Siete maravillas del mundo” (por más que si uno le pregunta a alguien de estas latitudes probablemente te diga que es la “Primer Maravilla” más allá de no estar rankeadas las mismas). La construcción del mítico monumento requirió más de veintiún años, demandando más de 20.000 trabajadores, profesionales y artesanos que hicieron posible esta obra de semejante magnitud.

El fundamento primario y fundamental de su creación se centra en ser el reflejo de una muestra de amor del emperador Shah Jahan hacia su esposa predilecta, Mumtaz Mahal, la cual murió dando a luz a su hijo número catorce. Cuenta la historia que mientras agonizaba sabiendo que el final de su vida era inminente, producto de una fuerte hemorragia generada como consecuencia del parto, ella le pidió al emperador tres últimos deseos: que no tuviese más hijos con sus otras esposas, que no se volviera a casar y que le construyera una hermosa tumba como demostración del amor que ambos habían tenido. Pretendía que futuras generaciones conocieran su historia y que el amor profesado entre ambos superara las barreras del tiempo. Todo esto llevó a la construcción de este impresionante mausoleo de mármol blanco, que deslumbra desde cualquier ángulo que se mire o rincón por el que se transite.

Se encuentra considerado como uno de los edificios más importantes de la dinastía Moghol, combinando en sus colores, jardines y canales de agua, una representación del paraíso para su cultura, y con una impresionante simetría que se observa casi en la totalidad del mismo.



Deslumbrados y fascinados con lo visto, partimos rumbo al hotel en busca de escapar del calor intenso que empezaba a acechar la ciudad, con la certeza de haber estado frente a un lugar efectivamente maravilloso.

Al día siguiente el camino a Jaipur iba a depararnos conocer Fathehpur Sikri, antigua capital del Imperio Moghol. Dicha ciudad fue construida en el año 1569, bajo las ordenes del emperador Akbar, requiriendo once años de construcción pero que curiosamente sólo fue habitada durante doce. La falta de agua fue el elemento fundamental para que se desistiera de permanecer aquí. El lago artificial de aproximadamente veintitrés kilómetros que se ordenó construir ,fue insuficiente para abastecer a la población que habitaba estas tierras, por lo que en pocos años el abandono hizo que el lugar adquiriera el aspecto de una ciudad fantasma resguardad tras las grandes murallas que la cubren.

Luego de una colgada recorrida desafiando los más de cuarenta grados que de seguro habría a esas horas, subimos a nuestro ómnibus para llegar hasta Jaipur, también conocida como la “Ciudad Rosa” (color de suerte por estas latitudes). Con la visita del Principe de Gales en el año 1905, se decidió pintar la ciudad con el color rosa a efectos de darle una bienvenida acorde y un toque pintoresco a la misma. Esa idea trascendió las generaciones y hoy en día se observa la amplia mayoría de casas pintadas de rosa o con algunas gamas similares, como el salmón. Siendo la capital del estado de Rajastán, alberga al día de hoy aproximadamente seis millones de habitantes, población que viene en un aumento sostenido desde hace muchos años atrás.

A la noche fue momento de nuestro segundo evento del Grupo de Viaje. Mucha bebida, idiomas extraños, intentos de arrojar a la fuente del local a propios y extraños, así como bailes diversos y guías amigos en avanzado estado de ebriedad.


El primer paseo del próximo día implicaba ir a conocer el Fuerte Amber, en las afueras de la ciudad. Las imágenes de Jaipur distaban considerablemente de los otros destinos que habíamos conocido acá en India; prolijidad en las calles, ausencia de basura por doquier, rostros que reflejaban una mejor vida y un futuro más alentador. El Fuerte se encuentra ubicado en la cima de una colina, en donde es necesario atravesarlas y luego tomar un Jeep para llegar a lo alto de la misma que es por donde se ingresa. Predomina la piedra color arena y el mármol, además de contar con grandes murallas que nos retrotraen a imágenes vistas durante la visita a la Gran Muralla China. Salvando las distancias, obviamente. Un lugar que valió la pena visitar, más allá de estar la gran mayoría mal heridos por el agite de la noche anterior, por las hermosas vistas que regalaba y las postales que se dibujaban por los distintos rincones del mismo.




Más tarde visitamos un lugar donde hacían alfombras, sumamente bonitas pero también costosas para viajeros “low cost” como nosotros, y finalizamos la recorrida visitando un parque astronómico bastante interesante por funcionar exclusivamente con luz solar.



Los mercados volvían a aparecer como opcionales unas horas después, pero desistí del atomice de los vendedores y el consumismo de telas diversas. Hotel, piscina, waterpolo y cena. El cansancio hacía mella en todos, el ritmo del Grupo de viaje pasa factura y las madrugadas festivas se encargan de dar el último toque camino al temprano sobre.

Por momentos siento que se vuelan los destinos, y que se vuelve sumamente difícil poder procesar tantas cosas juntas que voy viviendo a un ritmo sumamente intenso como cambiante. Delhi nos espera, la procesión quedará para después.


viernes, 29 de junio de 2012

Trigésimo Destino - Varanasi, India

La llegada a India venía envuelta en diversos comentarios de índole sanitario y de una pobreza extrema.

El primer destino en este país era la ciudad de Varanasi, cuna del hinduismo y primer civilización de la historia de la humanidad según los guías locales. La ciudad adquiere dicho nombre en función de encontrarse situada entre dos ríos: Varuna y Asi.

En India viven más de mil doscientos millones de habitantes, en donde en el entorno del ochenta por ciento de la población es de religión hinduísta, el resto se reparte mayoritariamente en musulmanes y en menor medida cristianos u devotos de otras pequeñas religiones. Estos datos, al igual que en Nepal, no son menores a la hora de procurar entender como viven y piensan por aquí.

Las primeras imágenes al llegar a Varanasi fueron fuertes, chocantes. Los cuentos sobre este lugar quedan cortos ante las sensaciones que se experimentan al ver la pobreza en la que vive la gente de esta zona. Se observan niños desnutridos, prácticamente sin ropa, correteando descalzos por las sucias calles o durmiendo rodeados de moscas en ellas. Gente pobre, con miradas perdidas y un futuro de esperanzas quebrado probablemente desde que tienen uso de razón.

Una ciudad gris, con tierra sobrevolando el aire, basura por doquier y casas que parecen a punto de caer. Las mismas son todas muy parecidas, con un rústico comercio delante y encima del mismo el lugar en donde viven.

Las vacas, sagradas ellas, transitan por la ciudad libremente encima de las precarias veredas, o bien recostadas tranquilamente sobre la calle misma. Muchas de ellas sumamente desnutridas parecen no tener dueño, aunque después nos cuentan que salvo las más viejas que ya no resultan productivas, si lo tienen y son dejadas ahí al inicio del día para que “empasten” tierra o desechos.

Se dice que esta es la ciudad del dios Shiva, uno de los dioses principales de la religión hinduísta junto a Brahama y Vishnu, por lo cuál la misma adquiere una dimensión especial para sus devotos En el entorno de cinco mil peregrinos por día arriban a Varanasi, principal ciudad espiritual de India, en busca de purificar su alma en el Río Ganges. En las fechas religiosas el número asciende al entorno de los doscientos mil visitantes diarios, lo cuál marca a las claras la importancia del lugar para ellos. Cuentan que al menos una ves en su vida, todo hinduísta la visita, haciendo cientos de kilómetros de a pie en muchos casos o de la forma que sea para poder llegar al mítico lugar.

La visita al Río Ganges comenzó en horas de la madrugada, en busca de ver allí amanecer, dado que es la hora en la que asisten la mayoría de peregrinos y además de vuelve necesario buscar zafar lo más posible de las altísimas temperaturas que azotan durante el día. El calor se vuelve realmente insoportable por momentos, temperaturas seguramente superiores a los cuarenta y cinco grados, hacen sumamente tedioso estar en la calle después de las ocho de la mañana.

Cerca de las cuatro y media de la mañana estábamos descendiendo de nuestro ómnibus en busca de llegar al Río, aunque nos separaban unas diez cuadras que había que hacer a pie para llegar.

El panorama de esas calles en la oscura noche era crudo, triste y desolador. Se veía aún más pobreza. Más personas extremadamente humildes, sin más ropa que sus pantalones, las cuales dormían en la calle, veredas o donde fuese. Algunas comenzaban a despertar y me llevaban a plantearme si realmente era lo que querían, duele ver la realidad a veces. La basura estaba desperdigada por todas partes y el olor era insoportable, difícil de respirar por momentos. Se veían muchas vacas en la calle, durmiendo o transitando sobre ellas, comiendo basura y rodeadas de moscas. Un panorama desolador, un baño de la peor cara de la realidad. Es crudo pensar como puede haber gente tan pobre en el mundo, que no tiene absolutamente nada, y mientras tanto en el mundo se gastan cifras millonarias en armamentos, guerras inexplicables y cosas banales sin ningún sentido alguno.

Cuando el día comenzaba a clarear, el Río Ganges, su historia y la diversidad de imágenes que regalan sus peregrinos a sus orillas, se pusieron ante nuestros ojos. Subimos en primer lugar hasta un observatorio, en donde luego de subir unas escaleras pudimos divisar más claramente el lugar en su totalidad. Desde lo alto, la contaminación que hay en el interior del río no se percibe y la vista es bastante bonita, algo muy lejano de lo que preveía antes de conocer la zona.



Una vez debajo, comenzamos a bajar las escalinatas que llevan a orillas del río para tomar una embarcación en la que daríamos una recorrida por el mismo. Lo primero que nos mostraron fue el lugar en donde se realiza las cremaciones, las cuales derivarán posteriormente en cenizas que serán arrojadas al mar como parte de sus creencias. Las llamas de la madera ardiendo se podían observar claramente, al igual que el humo negro y el olor nauseabundo de los cuerpos quemándose. También sus familiares despidiendo a sus seres queridos, con muestras de dolor y respeto.


Navegando, las imágenes se sucedían con un aire de incredulidad de lo que estábamos viendo. Personajes diversos se cruzaban en nuestro camino, hindúes bañándose felices como quien va a la playa de vacaciones, otros lavando sus ropas en el río, rezando. Una vaca muerta a la que sólo se le veía parte de su lomo inmerso en las aguas, niños, mujeres, ancianos, jóvenes. La contaminación, así como sus potenciales consecuencias sanitarias, quedaban en un segundo plano detrás de la fe y la búsqueda de purificación espiritual que los trae hasta aquí.


Se vuelve muy difícil transmitir con palabras las sensaciones que se experimentan estando en un lugar como estos, tan distinto y con una cultura que me resulta prácticamente imposible de descifrar en algunos aspectos.

Salimos del río ya padeciendo el calor que nos abrazaba y deshidrataba a cada paso que dábamos. Tomamos el autobús para dar una recorrida por la zona en la que se encuentran las universidades y dos templos más de camino. Me quedé con ciertas ganas de entrar a ver un poco sobre el funcionamiento de las facultades aquí, sobre la gente que asiste y como es la infraestructura de los centros educativos en esta parte de India. De los templos poco que contar, uno un poco novedoso debido a que en su interior tenía un mapa de la india tallado en piedra y otro del que poco nuevo hay que destacar al respecto.



Ya llegando a las diez de la mañana retornamos al hotel, dormimos un poco y en horas de la tarde partimos en avión con destino a Nueva Delhi, capital del país. Nos alojamos en un lujoso hotel, demasiado lujoso. Al momento de escribir estas lineas me percato de los contrastes del día de hoy, somos indudablemente muy afortunados.