miércoles, 1 de agosto de 2012

Decimoseptimo Destino - Rodas, Santorini y Atenas, Grecia


La estadía en Rodas fue casual, típicas vueltas del destino. Nuestra intención primaria era la de partir cuanto antes para Santorini, pero dado que llegamos a las 19 horas y el último ferry desde la ciudad del “Coloso” partía a las 17, debimos quedarnos a pasar la noche allí.

La isla se encuentra situada al suroeste en Turquía, siendo la  más extensa del archipiélago y en la cual viven poco más de cien mil habitantes. Aquí se encontraba la inmensa estatua del "Coloso de Rodas", realizada en honor al dios griego Helios, aunque varios siglos atrás supuestamente un terremoto la derrumbó reduciéndola a un montón de escombros que ni siquiera perduran al día de hoy.

Desde el puerto en el que desembarcamos debimos caminar unos pocos metros para introducirnos en la parte antigua de la ciudad, la cual te transportaba indefectiblemente a otra época. Las entradas antiguas con sus arcos en piedra, las empedradas calles, los faroles y sus fuentes, disparaban flashes de fotografías en blanco y negro hacia los presentes. Muchos tangos se me venían a la cabeza en ese lugar, la asociación con el lugar era cantada.



Comenzamos a circular con nuestro equipaje por las calles de la ciudad en procura de encontrar alojamiento, lo cual con el correr del tiempo comenzaba a ponerse dificultoso. Mientras algunos se quedaron en custodia de las valijas para no seguir acarreandolas, otros partimos camino a introducirnos en pasajes angostos, en calles asimétricas, que no lograban llevarnos a ningún lugar concreto por un tiempo. Un par de lugareños estaban empecinados desde que nos bajamos en el puerto en ofrecernos sus moradas, pero algunas no logran colmar nuestras bajas pretensiones o bien eran descartadas ante el trato poco inteligente de su vendedor.

Finalmente, luego de más de una hora de búsqueda terminamos encontrando techo. Caro, como todos los de la zona, pero sumamente prolijo , bien ubicado y con un recepcionista con aires de veterano metalero que invitaban a instalarse allí.

La recorrida nocturna siguió en la misma tesitura de sorpresa con la que habíamos llegado a este lugar. Paramos de camino a cenar en un puesto que vendía una especie de kebabs, el cual era atendido por un amable veterano que nos agasajó durante toda nuestra estadía con una hospitalidad de otra época (como no podía ser menos con el lugar). Tomamos sobre la calle principal una inmensa bota de cerveza que allí venden, y al día siguiente dedicamos el día a hacer recorridas de ritmo tranquilo y sin apuros.


En horas de la tarde tomamos el ferry de la compañía "Blue Star" que nos dejaría en Santorini, lugar que prometía por sus encantos. El mismo era una versión mejorada del “Eladia Isabel”, cómodo, grande y con una linda terraza para sacar alguna foto o respirar un poco de aire fresco en medio del mar. En casi nueve horas llegamos a Santorini, en donde nos esperaba una persona del Hostel para el traslado a su hospedaje en una parte detrás de las sinuosas montañas.


El primer día en la isla lo tomamos para conocer la zona en la que estábamos alojados, Perissa. Llamaba mucho la atención la arena de color negro, algo impensado para lo que estamos acostumbrado a ver y a tomar como estereotipo de playa. Luego del desconcierto inicial comenzamos a disfrutar del paisaje, pese a que el piso en horas de la tarde hervía desconsideramente, y a gozar de unos cuantos baños en las transparentes aguas del lugar.

A la noche, luego de una multitudinaria cena con otros compañeros del Grupo de Viaje que coincidimos en este destino, salimos en busca de algún tipo de movida que jamás apareció.


 

Para nuestro segundo día arrendamos unos cuatriciclos que nos permitirían poder recorrer con libertad la isla, de dimensiones mayores que lo pensado antes de conocerla. Dos por "cuatri", casco y a llenar el tanque para aprovechar el día conociendo los distintos rincones del lugar. La playa de arena roja, “Red Beach”, que más que arena lo que posee es una suerte de piedra que cae de la montaña dándole ese color particular, y alguna que otra más que íbamos viendo de camino.



A la tarde emprendimos camino en busca de un atardecer que prometía mucho en lo previo, con fotos diversas que lo avalaban. Llegamos temprano, permitiendonos esto agarrar un lugar preferencial para ver la caída del sol ante un marco descomunal a sus costados. Se fueron sumando compatriotas, charlas sobre las últimas experiencias alrededor del mundo y el encandilamiento general ante el marco que el horizonte regalaba.

  
El retorno nocturno fue complicado. La falta de señalización acorde, referencias erróneas, cansancio y alguna cerveza “Mhytos” consumidas por los presentes, hicieron que la vuelta al hotel que debía insuminos cerca cuarenta y cinco minutos se extendiera a más de dos horas de búsqueda infructuosa.

El ultimo día en Santorini fue fundamentalmente de playa, aunque también sirvió para juntarnos con la camada de uruguayos que había en la isla para ver el primer partido de Uruguay por los Juegos Olímpicos frente a Emiratos Arabes.

Salimos con Diego en busca de esa tele salvadora, que nos permitiera disfrutar de partido birrita de por medio. Luego de una recorrida por la calle principal pudimos dar con un bar que tenía posibilidades de darnos ese gusto. Luego de que tomáramos literalmente el control para buscar la señal, dimos con un canal europeo que lo estaba pasando y que incentivó por tanto a la rápida solicitud de una jarra de cerveza para cada uno mientras nos íbamos acomodando. No llegamos a tomar dos tragos, cuando de repente aparece en la parte inferior de la pantalla la transmisión de Suiza versus Gabón, también correspondiente al fútbol olímpico y que se jugaba en simultaneo.

Nos miramos con Diego y sin necesidad de mediar palabra ambos pensamos: “no nos irá a cambiar la señal el partido de Uruguay por este partido medio pelo con dos selecciones que futbolisticamente hablando no existen”. Dicho, o mejor dicho pensado, y hecho. Chau partido y solamente cuando ocurría algo relevante te pasaban la jugada segundos después. Así fue que nos vacunaron primero los arabes sin dar crédito del resultado, pero luego al producirse el empate sentimos un grito con claro acento uruguayo al son de “uruguay nomá!” que venía de a unos escasos metros de donde estábamos. Salimos huyendo del bar en busca de las voces amigas, y a los pocos metros nos encontramos con el resto de uruguayos viendo el partido en otro local que tenía una buena conexión a internet proyectada desde un plasma. Tomamos algunas cuantas más, nos sorprendimos de ver que en la lista de precios figuraban fotos de uruguayos que la habían copado el restaurante el día del partido Uruguay cotra Ghana en el 2010, y salimos presurosos hacia el hostel para tomar un bus rumbo al puerto.


El ferry que nos trasladó hasta Atenas fue considerablemente guerrero, sin asientos decorosos y con espacios inventados para tirarnos en el suelo y poder dormir hasta nuestra llegada. Nos agarró por sorpresa ya que no se comparaba en nada con los otros que habíamos tomado, que en lineas generales habían estado muy bien ambos.

Cansados luego de un largo viaje, nos quedó sólo tiempo para dejar nuestro equipaje en  la recepción y tomar un "tour a pie gratis" que ofrecía nuestro hostel. La recorrida por los diversos puntos relevantes de la ciudad que cuenta con una historia de más de tres mil años, preveían un alto contenido de información para las horas venideras.

En la capital griega la visita fundamental nos llevaba a conocer el Partenón, ubicado en lo que anteriormente se conocía como la Acrópolis de Atenas. Los templos "Athenas Nike" y "Propileos" también allí ubicados, daban un marco que nos daba una pequeña impresión de la relevancia de estas obras, aunque el deterioro de los mismos tiraban por borda muchas expectativas en transportarse a otras épocas remotas.



Más tarde visitamos el Museo de la Acrópolis, el cual mostraba la evolución del área desde 1300 hasta el mil quinientos antes y después de cristo respectivamente, además de esculturas extraídas del lugar, un video ilustrativo de las obras en condiciones, además de diversos objetos de allí extraídos. Disfrutable, probablemente se verían mejor si permanecieran en el Partenón mismo.

Ya exhaustos por el calor y el trajín de un largo día sin practicamente haber conciliado el sueño, nos dormimos temprano ya que para tomar nuestro avión camino a Inglaterra debíamos despertarnos en el entorno de las cuatro de la mañana.

Partimos rumbo a Londres con Ceci, lejos de nuestra Familia de Viaje. En Grecia fue tiempo de despedidas en lo a que esta aventura refiere, tanto de Vale y Siraco en Santorini, como de Diego, Pau, Clau y Sole finalmente en Atenas. Otra etapa que se cierra y mantiene guardada la satisfacción enorme de haber compartido tantos momentos con un grupo de personas que cada una desde su lugar aportó lo suyo para ser parte de esta hermosa historia de mi viaje.

En algunos casos desconocidos antes de emprender esta aventura al rededor del mundo, en otros la oportunidad de conocernos mejor, respetarnos, querernos. Feliz, estas cosas probablemente tengan un legado de más valor que cualquier atractivo turístico. La vida, la amistad, el amor, conceptos que van de la mano a la hora de estar bien con uno mismo,con su entorno, con el vivír en armonía.
Gracias amigos por estos meses de viaje juntos. Hasta la vuelta familia, “Europa (ya) no está tan lejos”.

viernes, 27 de julio de 2012

Decimosexto Destino - Capadocia y Fethiye, Turquía

Arribar a Capadocia desde Estambul nos insumió más de doce horas. Por unos treinta dólares habíamos adquirido en una agencia local los boletos de omnibús que nos llevarían a esta enigmática ciudad, la cual deslumbraba a través de las fotos que muchas veces habíamos mirado y admirado durante años.

El viaje fue bastante agotador, de tobillos hinchados, dolores de espalda y sueños interrumpidos ante las diversas paradas que el bus iba realizando de camino.

Capadocia es un lugar que presenta una contextura geológica única en el mundo, consecuencia de erosiones volcánicas de miles de años atrás que han llevado a este aspecto natural actual increíble. Ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1985 y cuenta con área protegida de más de nueve mil quinientas hectáreas.

La llegada a Goreme fue simplemente impactante. Una encandilante belleza que nos regalaban las construcciones del lugar sobre las mismas rocas, hacían desaparecer rapidamente las ganas de haber permanecido más días en Estambúl y los dolores que el viaje había traído consigo.


Nos hospedamos en un hostel cercano a la terminal, el cual como no podía ser de otra manera era de piedra y literalmente una cueva. La conexión con el lugar se alcanzó rápidamente, no siempre es fácil lograr esto en todos los destinos que uno visita.

El primer día lo tomamos para aclimatarnos, descansar un poco y comenzar a introducirnos en esta peculiar ciudad. Salimos, luego del almuerzo y unas horas de reposo, a dar una recorrida sin brújulas ni rumbo predefinido, dejando que el destino nos regalara por si sólo paisajes de ensueño y películas de ciencia ficción que paulatinamente iban apareciendo.


En la recorrida tuvimos la suerte de conocer a tres catalanes, David, Marta y Georgina, con los cuales nos enganchamos en una larga charla primero y luego compartimos unas cuantas cervezas nocturnas en unos banquitos al costado de las tranquilas calles del lugar. El amague de irme a dormir, algo común muchas veces en mi, se hizo presente en el entrono de la una y media de la mañana. Llegando al hostel, surgió expontaneamente una colgada y sumamente interesante charla con el amigo Siraco, que devino en el reencuentro con los nuevos colegas catalanes y la ida a un boliche local en busca de “la penúltima” de la noche. Seguimos hasta que nos cerraron las puertas, y pese a las amenazas de ir a activar las alarmas de rezo o de realizar algún otro acto de vandalismo, decidimos ir a descansar tranquilamente para el largo día que nos esperaba en unas horas. Sin lugar a dudas una de las partes más importantes, lindas y enriquecedoras del viaje es la de conocer gente. Siempre hay mucho que aprender y nuevas sonrisas de las cuales contagiarse .



Ese segundo día en Capadocia deparaba realizar un tour de todo el día para conocer la ciudad e inmediaciones más a fondo, sus paisajes, su historia y de ser posible también su gente y como viven. Las distancias que hay entre los lugares a visitar son en lineas generales lejanas desde el centro de Goreme, por lo cual tomar la opción de realizar una excursión se vuelve lo más viable para poder conocer la mayor cantidad de cosas que el lugar ofrece en poco tiempo. 

El “Green Tour”, como se denomina el que escogimos, se realizaba en una Van compartida con otros viajeros del mundo, con un guía que hablaba en inglés y un conductor que era sumamente parecido al conocido “Pelado” Peña.


El primer lugar en que paramos fue en lo alto de una colina, desde la cual se veía una vista panorámica de Capadocia que parecía irrealmente hermosa. Nos frotamos los ojos, se dispararon decenas de fotografías y seguimos camino a "Derinkuyu", también conocida como“Underground City”.

La misma es una ciudad subterranea como su nombre lo indica, la cual ha sido creada por sus pobladores a efectos de protegerse de diversas invasiones que han sufrido a lo largo de su historia. Cuenta con más de veinte niveles subterraneos, aunque sólo se nos permitió acceder a ocho, algunos sumamente estrechos a los que sólo podía accederse agachado y con escases de aire. Pudimos observar el lugar en donde en el pasado había dormitorios, iglesias, establos, bodegas, cocinas, o bien otros túneles que conectaban con otras ciudades subterraneas de la región. La asociación con los tuneles "Cuchi" de Vietnam era inevitable, los recuerdos a veces afloran.

Más tarde hicimos un disfrutable treking de una hora introcuidos dentro del Valle de Ilhara, rodeado de paisajes espectaculares que nos regalaba la naturaleza por donde uno mirara. Vegetación abundante, montañas, cuevas y el arroyo Melendiz que corría junto a nosotros a un costado de nuestra caminata. Vida, pura vida.


Almorzamos a orillas del río y más tarde fuimos camino a un lugar extraordinario como el Monasterio "Selime". En realidad poco tiene que ver en la actualidad con lo que nosotros conocemos como un monasterio, se asemeja más a una ciudad de piedra con infinitos recovecos, pasadizos, hermosas vistas y una estructura que ni al mejor escultor le podría haber quedado tan imperfectamente bella. Sin lugar a dudas uno de los lugares más lindos de Capadocia, que invita a perderse, a espiar por sus ventanas imaginarias y a hacer volar la mente al recorrerla. Aquí se iba a filmar parte de la película Star Wars, aunque por problemas con el gobierno turco de aquel entonces tuvieron que realizar la filmación en otro lado aunque con una escenografía inspirada en esto.



Cuando la tarde desaparecía y el sol comenzaba a caer, tomamos otro ómnibus con destino a Fethiye, abandonando así un lugar de fantasía. Un lugar practicamente imaginario, lleno de magia y paisajes de ensueño.

La pequeña ciudad de Fethiye es uno de los lugares con mayor crecimiento turístico de los últimos años en la zona, los cuales atraídos por sus hermosas playas acuden a conocerla. Se encuentra catalogada por alguno de esos rankings que andan en la vuelta como una de las "mejores playas del mundo" y seguramente diga que está "de más" la revista "Galerias".

El lugar era digno de ser admirado, sobre todo por el hermoso color de sus turquesas aguas. Lo menos rescatable eran sus arenas, o piedras mejor dicho, que hacían difícil el transitar sobre ella y que nos llevaba a valorar más aún nuestras playas en Uruguay, sus médanos y contextura. En la ciudad había también un centro lleno de bolichitos que prometen mucho, aunque dado que teníamos que salir a la tarde para Santorini no tuvimos la oportunidad de degustar algo en ellos.


Nos dimos unos cuantos baños en la playa como corresponde, almorzamos algo y partimos. Las ganas de vivir algo más allí, como ocurre en casi todos los destinos que visitamos, quedaron encendidas.

Así dejamos Turquía, envelezados por su belleza y con los deseos de retorno impregnados. Uno de los puntos altos del viaje sin lugar a dudas.

miércoles, 25 de julio de 2012

Décimosexto destino - Estambul, Turquía

Llegar a Estambul fue difícil y agotador. Varios vuelos y una espera de doce horas en el aeropuerto hicieron que nos insumiera prácticamente dos días poder llegar a este anhelado lugar.

La etapa del Grupo de Viaje había quedado atrás, las facilidades que esto traía consigo también. Toda llegada por la cuenta de uno a un aeropuerto es una experiencia en si misma, cargada de gente que busca aprovecharse del turista y su desconocimiento de precios, distancias o maneras convenientes de moverse en la ciudad. Ya el primer taxi que tomamos intentó pasearnos descaradamente, ya que no hicieron falta kilómetros para percatarnos sino sólo unos escasos metros de circo y sanateo constante. Esta vez no dejamos robarnos, por lo que nos bajamos inmediatamente y buscamos lograr a través de una Van obtener una mejor alternativa para llegar a nuestro hostel en el barrio de Taksim.

Al llegar al mismo, de nombre Taksim Lounge, ya quedaba en claro que los lujos a los que veníamos acostumbrados en el último mes habían quedado atrás. El cambio de estilo de vida se hacía presente, aunque disfrutabamos plenamente de este nuevo horizonte que se vislumbraba para el tiempo que nos queda viajando.


Dejamos nuestro equipaje en el cuarto que habíamos arrendado para los ocho que emprenderíamos esta etapa, y partimos mapa en mano a tomar un tranvía hacia el barrio de Sultanamet a unos escasos kilómetros de distancia.

El medio de transporte, la ciudad y todo lo que lo rodea, era sumamente pintorezco por donde se mirara. En las primeras imagenes que veía me llamaba la atención la ausencia de grandes edificios que generalmente traen consigo las ciudades de estas latitudes, las construcciones en las montañas, la interminable cantidad de banderas patrias flameando y lo encantador que se veía un lugar distinto al que me imaginaba de antemano.

Sultanamet tiene un estilo europeo marcado en sus calles, además de alojar la mayoría de atractivos históricos que habitúan visitar turistas como nosotros. Llegamos en pleno horario de rezo, por lo que debíamos esperar unos treinta minutos para poder conocer la Mezquita Azul y Santa Sofía, dos de los lugares a visitar en el día.

La primera logró impactarme mucho, sobre todo en su interior. La cantidad de matices de colores que había dentro eran impresionantes, distinto a lo que uno muchas veces prevee en este tipo de lugares. Me tire en la alfombra que cubría el suelo y me quedé un tiempo largo contemplando sus techos, las pinturas que alojan sus paredes o bien las terminaciones de la obra en si.


Otros compañeros visitaron Santa Sofía y luego la Cisterna de Yerebatan, para las cuales era necesario pagar un dinero extra. Con Siraco decidimos ir por unas refrescantes cervezas, para luego recorrer la zona sin un rumbo marcado. Para nuestra sorpresa vislumbramos a unos escasos metros un anfiteatro en el que se estaba realizando ensayos para una competencia de folklore y danza que curiosamente llegaba a su fin ese día. La música en vivo de fondo nos atrajo hasta el lugar, gente bailando, y violines, contrabajo o bombos que nos invitaban a disfrutar del espectáculo con la cúpula de la Mezquita Azul como fondo perfecto. Se sucedieron las charlas, las filosofías y visiones sobre este mundo imperfecto del que formamos parte. Un toque distinto en medio de tanta vida turisitica.

Volvimos al hostel más tarde y repetimos el plato del mediodía: los kebab. Carne o pollo, fritas, lechuga, tomate y aderezos, dentro de un pan de pita o flauta y a precios irrizorios de no más de 2 dólares. El ahorro decía presente, y el vicio por estos platos comenzaban a crecer día a día de nuestra estadía por aquí en Turquía. Se puede decir lisa y llanamente que nos salvo el viático esta comida local.

 

El día siguiente comenzó con varias vueltas de asuntos que debíamos resolver para proseguir con nuestro itinerario. Salimos en procura de adquirir el boleto de ómnibus que nos permitiera llegar a Capadocia y de averiguar los costos para enviar a Uruguay alguna encomienda que nos liberara de peso para el final de nuestro viaje. Una vez resueltos estos temas emprendimos una larga caminata por la atrapante, sutil y cautivante peatonal del barrio. La atravesamos de principio a fin, dejé muchos restos de baba ante la descomunal cantidad de casa de ventas de instrumentos musicales que había en la zona, para finalmente llegar a la parte antigua en que se aloja la Torre Galabata.

Nos quedamos un corto tiempo mirando la misma, las fotos de rigor, y seguimos la caminata hasta el “Gran Bazaar”. Este lugar venía promocionado como objeto de perdición de los amantes de las compras y el uso indiscriminado de la tarjeta de crédito, pero sinceramente no logró despertar en mi ningún atractivo particular. Los comercios eran muchos, pero sumamente repetitivos. Las Shishas eran lo más llamativo que se ofrecía, de todo tipo, tamaño y color. Habíamos acordado encontrarnos en un punto determinado a las tres horas de nuestro arribo, pero a la hora y media ya todos estábamos impacientes por no perder más tiempo allí. Perdimos a Claudia, como de costumbre, pero finalmente luego de una intensa búsqueda Siraco logró dar con su paradero y seguimos ruta camino a la zona del puerto cercano.


La oferta de recorrer el Bosforo era atrapante e interesante, por lo que tomamos un barco para navegar el mismo por más de una hora y media de recorrida. Un paseo relajante, sereno y disfrutable, con la increíble visión de contemplar la parte asiática de Turquía a un lado y la europea al otro.

El estrecho de Bosforo es justamente quien marca la división de los dos continentes en Turquía, más precisamente en Estambul, además de conectar el Mar Negro con el Mármara.



Una vez finalizada la recorrida, partimos a pie nuevamente para recorrer la peatonal de Taksim, la cual en la noche sabíamos tenía un atractivo particular. Se respiraba vida allí, cultura, música, arte. Infinidad de gente tocando en las calles, los trole bus antiguos pasando a nuestro costado, los recovecos de un lugar de ensueño que hacían que uno quisiera detener el tiempo y quedarse flotando allí por un tiempo indeterminado.

 

Volvimos a nuestro hostel para ver que podíamos hacer esa noche allí. La chica que atendía el mismo fue siempre de gran ayuda para nosotros en Estambul, por lo que acudimos a ella en busca de información nocturna útil para nuestras pretensiones. Luego de una larga lista de puntos a visitar, partimos con destino a una cueva local en donde supuestamente tocaban música en vivo y las charlas parecían prolongarse hasta altas horas en su interior. Nosotros probablemente no llegamos ni en el día, ni en el horario indicado, por lo que nos tomamos unas cervezas junto a Ceci, Vale y Siraco y retornamos a dormir sin haber podido caer en los encantos del lugar en cuestión. El callejón quedará para otra oportunidad.

El tercer día en Estambul fuimos a conocer la parte del país que se encuentra en continente asiático. Luego de bajar unas largas y empinadas escalinatas, tomamos un ferry para llegar allí e intentar ver las diferencias entre una zona y otra.

El cambio se observa. Un lugar más humilde se aloja en Asia, sin llegar igualmente a ser algo extremadamente diferente, además de que los precios bajan algunos escalones en las cosas que vamos preguntando en la recorrida. Un gran número de pescadores había instalados con sus cañas a orillas del Bósforo, niños jugando en el muelle y un aire fresco que se respiraba en la zona. Caminamos unas cuadras por sus ascendentes calles y compramos unas latas de cerveza que nos llevaron a instalarnos en el verde paso de una plaza para contemplar el soleado día desde allí.

El retorno fue más complicado. Las empinadas escaleras ya no eran de descenso sino lo opuesto, por lo que los deseos de teletransportación se hacían sentir entre escalón y escalón que íbamos subiendo. Considerablemente cansados llegamos a nuestro hospedaje, disfrutamos una picada en la azotea del mismo, y finalmente tomamos nuestras valijas para seguir camino a la enigmática Capadocia.


Estambul resultó una ciudad cautivante, que contiene un aire inspirador y una movida cultural digna de ser conocida. Las ganas de pasar más tiempo aquí estuvieron latentes hasta el último momento en que tuvimos que despedirnos; el deseo de volver quedó latente en todos. Hay lugares que tienen una magia propia, una mística que solamente se percibe estando allí. Me llevo su aroma, su música, su aire lleno de vida que se impregna en los sueños de los viajeros como nosotros.

Hasta la vuelta, Turquía.

lunes, 23 de julio de 2012

Décimoquinto destino - Aswan, Luxor y Sharm El Sheik, Egipto

La llegada a Awsan fue mediante un vuelo interno y de escasos minutos. Las condiciones de seguridad para hacerlo por tierra, como era costumbre en el Grupo de Viaje, se entendía no estaban dadas en este momento por lo que se suprimió realizar este tramo en tren. Si bien en nuestra estadía en Egipto no hemos presenciado ningún suceso que nos hiciera temer por nuestra integridad, el hecho de viajar permanentemente custodiados por gente armada, hacía que tomáramos cierta conciencia de que el lugar no daba para estarse regalando y que las precausiones nunca estaban de más.

Lo primero que conocimos en esta ciudad fue la “Represa de Aswan”, la cual fue construida para evitar que las aguas procedentes de Uganda y Sudán llevaran al desborde del río y generar una gran cantidad de pérdidas en las cosechas, templos, como demás aspectos de la zona. Esta represa permite además proveer de energía la zona, así como también administrar el caudal de agua para afrontar los meses de sequía que generalmente afectan a la región. La misma no logró generar en mi un atractivo particular, más allá de que la vista que ofrecía por encontrarse entre el Río Nilo y el Lago Naser ameritaba algún elogio por el contexto en que se encuentra ubicada.

 


A unos pocos kilómetros de allí se ubica el “Templo de Philae”, el cual tiene la particularidad de encontrarse en medio de una isla, a la cual que sólo puede accederse a través de un bote luego de un corto recorrido. Este templo fue construido en honor a la "Diosa Isis", diosa de la magia y símbolo tanto de la fertilidad como de la vida. El mismo supo estar sumergido en gran parte por las aguas que lo rodean, notandose en algunas partes el deterioro que ha sufrido por esta causa. La mezcla de estilo griego y romano se aprecia en las construcciones del templo, las marcas de las inundaciones que tiñen de negro sus columnas también.
 


Más tarde hicimos también el paseo probablemente más “de relleno” de lo que va del viaje, visitar el monumento denominado “Obelisco Inacabado”. Básicamente era una roca en medio de una cantera de granito, que si uno se esforzaba mucho (o consumía algún tipo de sustancia previamente) podía llegar a entender el fundamento de nuestra visita. Sólo daba para tirar algún chiste previsible y disfrutar de sobremanera el aire acondicionado del ómnibus que nos trasladaba de un destino a otro, dados los cerca de cuarenta grados de temperatura que había en esos momentos.

Uno de los momentos más esperados nos esperaba poco tiempo después: abordar un Crucero a través del cual durante cuatro días recorreríamos parte del país por las aguas del Nilo. Dada la gran cantidad de gente que somos en esta etapa del viaje, cerca de trescientos cincuenta, nos dividieron en dos grupos diferentes para estos días. Nos tocó el crucero de mayor dimensión, de nombre “Tuya”, que era sumamente completo y lujoso para nuestras pretensiones. Camarotes espaciosos para dos, restaurante, terraza, piscina, pub, sala de masajes, tiendas de venta de ropa, y algún servicio más que se me escapa, se encontraban desperdigados a lo largo de los tres pisos del mismo. También había allí un hermoso piano en el hall de entrada, el cual supimos disfrutar haciendo algo de música en horas de la siesta egipcia. Con el Mago al piano, Claudita en sus habituales coros y mi rascada de viola habitual, interpretamos unos cuantos temas diversos, variados y en algunos casos bizarros como de costumbre.



Luego de reconocer la cancha devenida en barco, hicimos un paseo opcional que consistía en una recorrida a bordo de un velero por las aguas del Nilo hasta la ciudad en donde habita una especie de “tribu” local denominados “Nubios”. Realizamos un baño refrescantemente disfrutable en las frías aguas del río, algunos optaron por realizar un paseo en camello por la zona, vimos un criadero de cocodrilos y finalmente tomamos una copa de bienvenida con una vista espectacular a nuestras espaldas.


De retorno en nuestro pequeño barco, mientras navegabamos decidimos con unos pocos compañeros subir a la azotea del mismo para ver el inminente atardecer que lentamente se imponía desde allí. El desierto del Sahara asomaba a uno de nuestros costados, la magia que el lugar regalaba en cada metro que íbamos avanzando era impagable. Dada la presencia en el lugar de nuestro guía egipcio, Mustafá, arovechamos el momento para informarnos y aprender más sobre la situación actual en la que se encuentra Egipto en estos momentos. Una charla sumamente enriquecedora, cargada de información desconocida, vista desde una óptica diferente y alejada de los intereses que los medios de comunicación manejan. Una tarde simple, pero sumamente bella y de una necesaria tranquilidad que imponía el propio lugar.



El día siguiente empezó a las tres de la mañana, vianda en mano partimos a conocer los templos "Abu Simbel" en un viaje en ómnibus de unas cuatro horas. Tuvimos que salir en una especie de caravana, dado que para este trayecto se recomienda a los turistas hacerlo con custodia policial para evitar así posibles contratiempos en la ruta. Se vió todo muy tranquilo, mucha arena de camino y nada que presumiera algo extraño.


En "Abu Simbel" se encuentran dos majestuosos templos, uno en honor de Ramsés II y otro más pequeño en honor a su esposa favorita Nefertari. Estos inmensos e impresionantes templos debieron ser desplazados años atrás por unos cuantos metros sobre montañas artificiales, debido a que las crecientes en las aguas hacían que los mismos corrieran riesgo de destruirse o deteriorarse por este motivo. Para hacer esto, que parece prácticamente imposible dado el tamaño de los mismos, fue necesaria la ayuda de la UNESCO quien aportó gran parte del dinero necesario para realizar esta tarea sumamente compleja que no evidencia ninguna secuela alguna de este traslado.


El templo de Ramsés II cuenta con cuatro grandes estatuas en su puerta, las cuales simbolizan las distintas etapas atravezadas a lo largo de su vida. Salvo una de ellas, que ha sufrido una rotura a causa de un terremoto, el resto se encuentra en un increíble perfecto estado. En su interior hay más de estas, aunque más pequeñas, además de una gran cantidad de pinturas sobre las piedras que adquieren diversos significados para esta cultura milenaria.


El contexto en el que se encontraban ambos templos, con un radiante Lago Naser a sus espaldas, hacían de esta visita una de las más impactantes de Egipto y probablemente del viaje. Contemplé el lugar desde lo lejos, desde cerca. A veces parece mentira que uno realmente esté frente a este tipo de maravillas que el mundo ofrece.

Volvimos al hotel sumamente cansados por las pocas horas de sueño conciliadas en los últimos días, sumados al trajín que el lugar impone y las altas temperaturas reinantes. Luego de una buena siesta, realizamos una larga jornada de bebidas y relax en la piscina de la parte superior del crucero que permitieron dejar por un tiempo atrás las recorridas de templos y similares, el andar incansable, el conocer constante que por momentos abruma ante la falta de tiempo de proceso de las cosas que se viven de manera constante.



A la noche fue turno de disfrutar de una fiesta de disfraces en el restaurate ubicado en el interior del crucero, la cual había sido organizada por el grupo para esa noche de viaje. Adquirí un atuendo árabe fusionado con elementos que iba consiguiendo de camino, como una bata, unas pantuflas, lentes "Ray ban", o un vaso retacón de whisky, que poco tenían que ver con la idea primaria. La fiesta estuvo sumamente divertida, bailamos la música de siempre, baño en la piscina y vimos como las amenazas de baño al Nilo se fueron diluyendo junto con la noche.

 

Al día siguiente en la mañana había un paseo que no recuerdo, ya que era sumamente inviable que pudiera moverme y reaccionar a tan tempranas horas de haberme acostado semi maltrecho. Los pocos que fueron poco acotaron al respecto, por lo que estimo tomé una buena decisión al no ir a ver como el sol se burlaba de mi con sus más de cuarenta grados a cuestas.

A la noche, ya amarrados en la ciudad de Edfu, tomamos un ómnibus que nos llevaría hasta el “Templo de Karnak” en donde disfrutaríamos de un espectáculo de luces y sonido. Este es un complejo de tres templos, que lo convierten en el mayor en Egipto. El mismo fue enviado a construír por el Rey Amenhotep, aunque fue finalizado y ampliado por otros faraones posteriores.

A nuestra llegada se encontraba en penumbras, practicamente no se podía divisar lo que nos esperaba conocer minutos más tarde. Unas potentes voces en castellano comenzaron a hablarnos desde los parlantes del interior, las luces comenzaron a encenderse tenuemente y las inmensas puertas se abrieron de par en par invitandonos a adentraramos en el lugar.

Las historias eran un poco confusas, aunque el lugar era sumamente cautivante por donde se lo mirara. Jeroglificos en las paredes, estatuas, un lago que generaba reflejos increíbles con los juegos de luces que se iban encendiendo a medida que las historias se iban sucediendo.

Un momento gratificante, digno de una película de misterio, que hizo que el sueño se prorrogara gustoso frente a un espectáculo de perfecta sincronización y desarrollo.

El cuarto día de crucero en Egipto implicaba trasladarnos hasta Luxor, en donde a primero hora del día visitaríamos la necrópolis de Tebas. Allí conocimos en primer lugar el “Valle de los Reyes”, lugar en donde hicieron las tumbas faraones de varias dinastías. Tuvimos la oportunidad de ingresar a varias de ellas, en las que sobresalen la gran cantidad de pinturas en sus paredes. Llama la atención como las mismas conservan el color, aunque tiempo después descubrimos que muchas de ellas han sido retocadas para que no se pierdan tras los ladrillos que las alojan. La más conocida de la zona es la de Tumba de Tutancamón, para la cual es necesario pagar algo extra para su ingreso, aunque al igual que el resto se encuentran despojadas de la gran cantidad de tesoros que originalmente albergaban.

Ese día también visitamos el “Valle de las Reinas”, con aspectos similares al de los Reyes, además del Templo de Hatchpsut construido en honor a la primer mujer que gobernó este país durante más de veinte años.

El resto del día siguió de descanso, ya que la tónica de estos días en Egipto han sido la de levantarnos sumamente temprano prácticamente todos los días, lo que sumado al intenso y sofocante calor hacían difícil poder sumar más recorridas en nuestro itinerario.

A la noche organizamos otra jornada de encuentro bebible bailable para despedir a varios amigos que ya se bajaban del Grupo de Viaje. En horas de la madrugada partimos hacia El Cairo para enganchar el vuelo hacia Sharm El Sheik en donde tomaríamos unos cuantos días de relax y despedirnos de esta etapa grupal que tanto hemos disfrutado.

La estadía en El Sharm se resume a cinco días de descanso en un lujoso resort que cuenta con inmensas piscinas, toboganes de agua, deportes acuáticos, y posibilidad de realizar saltos desde un muelle directo al azul Mar Rojo. Visitas al centro de la ciudad en busca de víveres y cena diaria. Un controvertido evento que organizamos con la colaboración de otros compañeros que desembocó en una cuenta de mil doscientos dolares por daños diversos y posterior asamblea. Reencuentro con muchos amigos, desencuentro con otros. Desayunos abundantemente interminables, charlas, más piscinas, partidos de fútbol cinco. Despedidas afectuosas, cariños intactos y deseos de lo mejor para lo que se viene, acá y en Uruguay.



Un párrafo aparte para la despedida de dos grandes amigos que me ha dejado este viaje: beto y mago. Parte de la “familia de viaje” se ha separado momentaneamente, al menos en mi caso hasta la vuelta a Montevideo. Más de tres meses juntos, con innumerables historias compartidas y momentos que van a quedar guardados en el mejor de mis recuerdos. Los toques, las imitaciones, las risas, las conversaciones, los whiskys sólos y cortados con coca. El Flaco Spinetta, Charly, “Cecilia”, Cabrera y “la radio en la rambla”. Espero que estas sean sólo las primeras hojas a escribir. Simple y complejamente: gracias por tanta vida amigos.